Siento tu cuerpo pegado al mío. Parece mucho, pero tres días enlazados en un continuo abrazo es reconfortante y la sensación de unidad perdura en el tiempo. La hora de la separación ha llegado y nuestros huesos se quejan y protestan por la tan temida hora. Ya sabíamos que nuestra relación iba a ser corta, sin ataduras, sin compromisos. Ese fue el trato, eso fue lo que dijimos desde el mismo momento en el que nuestras pieles se rozaron por primera vez, pero llegado este momento, las palabras se alían en nuestra contra y reaccionan enfrentándose a nuestros sentimientos que, sin duda, desearían continuar en ese abrazo constante.
![]() |
| EXTRAÍDA DE SAN GOOGLE |
Una última caricia de nuestras manos, un último roce de nuestros dedos, como esos que se dan en las películas antiguas en los que uno de los protagonistas se aleja en el tren mientras el otro, desconsolado permanece estático sobre la plataforma de la estación. Así te veo mientras me alejo. Tú te quedas ahí, inerte, esperando la llegada de otro transeúnte que no tardará en apoderarse de tu cuerpo, aunque aún te invada el calor desprendido por mi.
Mi última mirada es para desearte buena suerte, para recordarte blanca como eres, caliente por los rayos del sol o agradable lugar donde cabecear mientras las sombras nos protegen susurrándonos al oído el suave sonido de la brisa.
Aunque sólo sea en mis ensoñaciones espero que podamos volver a pasar una temporada juntos. Tengo mi cuerpo amoldado a ti y tú supiste fundirte con el mío. Sin duda eres mi hamaca favorita.
