«Una tarde de gimnasio»

Hay historias de gimnasio.

Al gimnasio se va a sudar, pero hay tardes en las que, además del ejercicio esperado, se descubren otros que se guardan en el más absoluto de los secretos. 

Las chicas siempre acuden con sus mallas apretadas y sus escotes. Esto hace que siempre haya una mirada que cruza el camino del deseo, y un comentario que anima a que el ambiente se caldee un poco más. Esto se hace más entre ellas, los chicos solo miran y callan, pero ellas, a viva voz: comparan la forma de sus nalgas, o el tamaño de sus pechos, o la marca que deja sus pequeñas bragas en los apretados pantalones de entreno. 

El calor, tras la realización de los distintos ejercicios, hace que sus cuerpos sudorosos comiencen a relajarse permitiendo posturas y situaciones que el entrenador disfruta desde todas las posiciones. Desde mi ubicación asisto como espectador de lo que allí ocurre. Veo como hay manos que agarran cinturas, para corregir una posición incorrecta, mejorar un movimiento… Ellas se dejan hacer, él sonríe. Yo sufro la actividad. 

Tras los tiempos estipulados entre ejercicio y ejercicio se puede observar cómo los deseos van en aumento. Los pezones toman forma, fruto del aumento de la temperatura. Las palabras del grupo giran en torno a retorcidos deseos de encontrar cuerpos como aquellos que den calor y vigor a sus miembros. Las alusiones a los culos duros también son una constante, como las marcadas abdominales o la falta de ellas en cuerpos que, aún así, son apetecibles.

Llega el momento en que las miradas se cruzan y una pequeña señal, imperceptible para quien no mira, es emitida. Giro rápidamente mi mirada y disimulo. Sé que el no llevar mis gafas puestas me da garantías, todas saben que sin ellas no veo. Pero la señal está hecha y, si no me equivoco, la aceptación de la misma también. 

Cuando la clase termina hay quién se queda un rato más, quién sale a correr, quién comienza empata otra clase y quien, intentando escabullirse sin que nadie más se de cuenta, se escapa a los vestuarios. A esa hora pocos, o casi nadie, los utiliza. 

Sospechando lo que ocurre, sobre todo tras ver cómo una de las chicas desaparece, sin tener en cuenta que las ventanas devuelven el detalle de su reflejo quién lo observa, entro con sigilo. El agua corre en una de las duchas y dos personas, ella es una, disfruta de un momento de ejercicio extra. 

Gracias por leerme.

«Como el Conejo Blanco de Alicia»

Me parece absolutamente formidable el Conejo Blanco de “Alicia en el País de las Maravillas”. Creo que es un personaje sorprendente y muy bien definido que durante toda la obra transmite una importante dosis de ansiedad, paranoia y desorden que desborda al lector haciéndome sentir muy nervioso.

Durante estos días, un par de semanas ya, que hace que no me paso por esta esquina, he estado así, como el conejo apresurado diciendo “¡Dios mío, Dios mío, voy a llegar tarde, que voy a llegar tarde!”… Y, claro, al final no he llegado. 

Muchas cosas son las que han desestabilizado este momento de locura pero sobre todo una me apartó una dosis importante de estrés extra que ahora me veo en la obligación –o quizás sea más bien necesidad– de compartir contigo, ya que, de una u otra manera, te puede afectar. 

Un elemento –ya que no se si es persona humana o troll– me ha jaqueado mi cuenta de Facebook. ¡Así estamos!, a la desbandada. Al parecer es un ser que, en principio, puesto esto no se sabe con exactitud, habita en algún lugar de Indonesia –que suerte que tiene el “jodio”– y pretende que le pague en criptomoneda la cantidad de cuatrocientos dólares para devolvérmela. ¡¡¡Pues si le gusta, que se la quede!!! Es solo una página de facebook, aunque es una ventana maravillosa para poder reunirnos. Por supuesto ya está denunciado y a la espera de solución, pero sin muchas esperanzas.

Le tenía mucho cariño a esa red social. Son muchos años ya de existencia, en la que he compartido muchos y buenos momentos con todos ustedes y con otras personas que, en algún momento, han formado parte de mi vida. Son también muchas historias, todas las que he ido colgando en esta esquina, en las que ibas dejando tus huellas, comentarios, agradecimientos, improperios… Ahora los he perdido para siempre.

Pero como de todo se aprende, y las piedras del camino también sirven para caminar, hoy me asomo de nuevo por aquí, como el Conejo Blanco, desorientado y correteando de un lado para otro, intentando encontrar el tiempo y reorganizando esta pequeña incidencia. 

Espero que sigamos viéndonos y que podamos compartir este y otros muchos escritos y novedades que pronto llegarán. 

Gracias por leerme.  

«¡Oscar al mejor…, para…!»

Sin duda se merece un Oscar. Después de tanto esfuerzo…

Mucho ha llovido desde que en el año 1999 Penélope Cruz gritó aquel famoso ¡Pedroooooo!, con el que anunciaba el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, para Pedro Almodovar, por su película «Todo sobre mi madre». 

Ganar un Oscar, o un Goya, o un premio en general, de la categoría o especialidad que sea, no es tarea fácil. Si nos centramos en el mundo del cine, por seguir con el ejemplo con el que he empezado, son muchos los factores que hay que tener en cuenta: los diálogos, la escenografía, el vestuario… Seguro que de todo esto sabes más que yo.

Lo que me llama la atención es el desarrollo del guión. Vale que escribo y, que algunas veces, logro dar un giro al texto que estoy trabajando para intentar sorprenderte. Bien es cierto que muchas veces, la mayoría, puedes considerar que no lo consigo, pero estarás conmigo que una buena película es como la vida real, mejor que la vida real. Así, al menos lo pensaba yo. 

Estamos viviendo unos momentos tan convulsos, tan fuera de toda lógica, con tanto desastre a nuestro alrededor,  que me cuesta imaginar que todo esto no es parte de una película de esas de Oscar. 

La pandemia nos tocó fuerte, luego vino el volcán, ahora la puñetera guerra de Putin. ya te aviso de que hay cálculos de que un asteroide podría impactar contra la tierra, nada más y nada menos que el 6 de mayo –¿No lo sabías? Siento ser yo el que te lo diga. Aquí tienes la noticia–. ¿Qué más nos espera? ¿Será verdad lo del ataque zombi o la amenaza alienígena? No sé, imagina que ya puestos…

Por todo lo anterior, y a modo de conclusión, creo que debemos entregar el ¡¡¡Oscar al mejor guión!!!…, para…, ¡el desarrollo de estos dos años!, por su gran esfuerzo creativo y remover nuestras vidas de una manera jamás imaginada. ¡Al Putin que le den!, por cierto.

Gracias por leerme.

P.D.: ¡¡¡NO A LA GUERRA!!!