Más o menos la cosa empieza así: Recibo un email de un tal Fulanito que quiere ser mi amigo. Extrañado y antes de aceptar, por aquello de que uno es algo precavido o entrometido, entro en el perfil de esa persona para poder ver quién demonios es la verdad es que su nombre no me suena de nada.
Tras un rato investigando en su perfil, resulta que el tal señor fue un compañero de instituto. Se sentaba dos asientos más adelante. Apenas si hablábamos en los recreos pero…, que le vamos a hacer, le acepto. ¡Bien ya tengo sesenta y un amigos!
La historia se va repitiendo una y otra vez parece que el que más tiene más vale, sesenta y dos, sesenta y tres…
Esta es una de esas cosas que consigue el «Facebook», he logrado una cantidad de «amigos» impresionante en la actualidad tengo 147 y total «pá qué» apenas me hablo con ninguno de ellos.
