El día uno de septiembre se acerca. Los maestros/as se incorporan a sus puestos de trabajo (¡ya era hora que tienen tres meses de vacaciones y….! ─perdón ese fue el duende que hay veces que se disparata─). Lo cierto es que dicho así parece una peli de esas en las que un fiero tiburón-cocodrilo-serpiente o monstruo horripilante se acerca para devorarnos y no creo que sea para tanto.
─Pues si te digo la verdad yo ya tengo ganas de empezar.
─Me alegro ─le contesté animado─ hay que estar con el espíritu en alto, las pilas cargadas y el entusiasmo a flor de piel que el curso es muy largo.
─Bueno, ─dijo sin mucho afán─ tú siempre tan optimista.
─Jajaja, como siempre. ¿Qué es lo que más te apetece según llegues? ─le pregunté esperando escuchar ese clásico de reencontrarme con las caras de «mis niños» o ver a los compañeros.
─Pues espero que el dire ya tenga las fechas de los puentes y las vacaciones.
¡Ups!, todavía tengo mucho que aprender.
