Ahora sí que estoy tranquilo y relajado. Puedo sentir como el agua me rodea, como lo ocupa todo. Floto ─será por aquello grabado en la mente de muchos de que: Todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un…¡Uf!, paso. Vuelvo a mi momento─ Si sumerjo mi cabeza, un fino ruido ambiental llega a mi interior. Contengo la respiración. El latido de mi corazón y yo, todo uno. Sin ideas. No pienso, pero existo ─lo siento por Descartes─. Respiro, cual cetáceo ─es que asfixiaba─. Despejo mi cara de gotas incómodas y pelos revoltosos. Me recuesto. Hay a quién, en estos momentos, le gustaría sentir la arena cálida de la playa bajo sus pies, no se bien si para recordar el verano o por simple vicio, pero yo, ahora, no necesito más. La bañera es un lugar fantástico para desconectar y olvidar. La próxima vez que me haga una casa pondré una.
«Mi momento»
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