«Un vago recuerdo»

Extraída, sin permiso, de San Google
Lo apodaban “San
Pedro”. El motivo resultaba evidente: siempre llevaba consigo un manojo de
llaves.
Era costumbre verlo pasear, y hasta jugar, con aquel ramillete metálico, tintineando
entre sus manos a la hora de elegir una de ellas.
Las había de todos los colores, tamaños y formas posibles, por lo que, a
veces, le costaba encontrar la que buscaba. Hoy era un día de esos.
Andaba un poco despistado así que, parado frente a la puerta de su casa,
se puso a rebuscar la llave que necesitaba.
Una llamó poderosamente su atención. Sabía qué abría cada una, pero
aquella, pequeña y casi rumbrienta, no recordaba haberla visto. Sin duda alguna
era la más débil, por lo que pasaba desapercibida entre sus compañeras más
grandes, lustrosas y dentadas.

Tras un rato contemplándola llegó a su memoria un vago recuerdo. Era la
que abría su corazón, ¿cuánto hacía que no la usaba?

«Entre giros anda la cosa»

La vida da
vueltas y giros, a veces de manera inesperada. 

En el anterior post, le daba molinete
a la organización familiar, en relación con las actividades extraescolares de
los niños. En ese tira y afloja, de horas y actividades, una de las que hubo
que sacrificar, en post de las de los churumbeles, fue mi hora de gimnasio.
Vale que no se me nota mucho, pero te aseguro que iba, y además muy
disciplinado.

            
Como no me podía quedar así, parado,
ya conoces de mi hiperactividad, he decidido buscar una alternativa que pueda
cuadrar con los milimetrados horarios. ¿Te acuerdas cuando fui a probar el «spinning»? Pues ahí que vuelvo, además
de cornudo apaleado, con mis pantaloncitos prietos con pañal incorporado ―por aquello del roce entre las partes nobles y las
durezas del sillín―, molesto con la música estridente que coloca el monitor ―al
que, por cierto, tampoco se le nota mucho que va al gimnasio― y con la falta de
costumbre de ir a un sitio tan cerrado y con tanta gente, pero animado. 
Así que,
ahora toca seguir girando, como las ruedas de mi bici.

«Encaje de bolillos»

Extraída, sin permiso, de San Google
Cuando escuchamos la expresión que hoy utilizo de título, pocas personas saben que  el  encaje de bolillos es un proceso textil que, tal y como dice la Wikipedia: «…consiste en entretejer hilos que inicialmente están enrollados en bobinas, llamadas bolillos, para manejarlos mejor. A medida que progresa el trabajo, el tejido se sujeta mediante alfileres clavados en una almohadilla, que…».
Como expresión se utiliza para afirmar que algo, una acción, es muy complicada y necesita de mucho trabajo.
Con la llegada del mes de septiembre llega la buena noticia, al menos para los padres, del comienzo de las clases y, por ende la, ya no tan alegre, organización de los horarios de las actividades extraescolares.
El asunto se complica cuando toda la familia es lo suficientemente novelera como para querer tener dos o tres actividades por barba. ¿A quién habremos salido?, y lo que es peor: con esta multiactividad, ya sé a quienes salieron estos niños. No nos pribamos de casi nada: tenis, padel, gimnasio, pilates, natación, kárate, piano, flauta, sin dejar de lado, el cine, la lectura, pasear, el senderismo, las bicis, las fiestas… Y un largo etcétera que ya iremos cuadrando como podamos.
En nuestro caso, hemos necesitado de la creación de una tabla de doble entrada y, un año más, el equilibrio entre las actividades de unos y otros, han cuadrado, como lo hacen los distintos puntos y alfileres de la famosa técnica textil. Ya veremos si logramos que no se deshilache.