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| Extraída, sin permiso, de San Google |
Lo apodaban “San
Pedro”. El motivo resultaba evidente: siempre llevaba consigo un manojo de
llaves.
Pedro”. El motivo resultaba evidente: siempre llevaba consigo un manojo de
llaves.
Era costumbre verlo pasear, y hasta jugar, con aquel ramillete metálico, tintineando
entre sus manos a la hora de elegir una de ellas.
entre sus manos a la hora de elegir una de ellas.
Las había de todos los colores, tamaños y formas posibles, por lo que, a
veces, le costaba encontrar la que buscaba. Hoy era un día de esos.
veces, le costaba encontrar la que buscaba. Hoy era un día de esos.
Andaba un poco despistado así que, parado frente a la puerta de su casa,
se puso a rebuscar la llave que necesitaba.
se puso a rebuscar la llave que necesitaba.
Una llamó poderosamente su atención. Sabía qué abría cada una, pero
aquella, pequeña y casi rumbrienta, no recordaba haberla visto. Sin duda alguna
era la más débil, por lo que pasaba desapercibida entre sus compañeras más
grandes, lustrosas y dentadas.
aquella, pequeña y casi rumbrienta, no recordaba haberla visto. Sin duda alguna
era la más débil, por lo que pasaba desapercibida entre sus compañeras más
grandes, lustrosas y dentadas.
Tras un rato contemplándola llegó a su memoria un vago recuerdo. Era la
que abría su corazón, ¿cuánto hacía que no la usaba?
que abría su corazón, ¿cuánto hacía que no la usaba?


