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| Extraída, sin permiso, de San Google |
Vamos a jugar. Te propongo un juego en el que quiero que pongas a prueba tu imaginación, como si fueras escribiente de un blog de poca monta como este, e incorpores un final o motivo original por el que el protagonista del caso que nos ocupa ha hecho lo que te cuento a continuación.
Estás en el coche esperando que salga tu hija de su actividad extraescolar. Con la mirada perdida afinas las pupilas en lo que hace un señor, parado en mitad de la acera, y que apenas está a veinte metros de ti. Él no te mira, pero tu lo estudias con detenimiento.
De su hombro derecho cuelga un bolso marrón, parece que de cuero y de tamaño medio. En su mano lleva una bolsa verde de plástico, probablemente de un supermercado. Llegas a esa conclusión cuando ves que de ella saca un «pack» de seis latas de cervezas. Sin duda en el interior de la bolsa quedan mas cosas. Quiere liberar sus dos manos para poder asirlas correctamente así que, con cierto esmero, probablemente para no romper su contenido, pone la bolsa en el suelo.
Como puede, mientras mantiene entre sus manos el paquete con las seis cervezas, abre el bolso marrón. Intenta meterlas como están, agarradas y rodeadas de ese plástico blanco con forma de argolla, tan criticado por ser asesino de tortugas y otros animales marinos. Le cuesta trabajo pero al fin lo consigue. Cierra el bolso y vuelve a coger la bolsa para reanudar su marcha en mi dirección. Ya las tiene ocultas.
Al caminar por mi lado cruzamos las miradas. Me parece intuir cierto rubor en sus mejillas, como cuando pillas a un niño en una travesura. Él desvía la vista. De manera fugaz analizo la bolsa: no está llena, no está rota, no tiene desperfectos, no pesa.
¿Porqué lo ha hecho?
(No vale lo fácil: quiere esconderlas porque su pareja no le deja beber)
