«Pelayo»

¿Los héroes nacen o se hacen? Es la típica pregunta, como tantas otras que llevan, en todo lugar en el que se lance, que lleva a singular debate. Sabemos que toda región, país o lugar que se precie tiene el suyo propio: Inglaterra al Rey Ricardo, Corazón de León, Francia a Napoleón, la antigua Roma a… España tiene muchos, pero hoy me quedo con Don Pelayo. Para aquellas almas cuyos recuerdos de la Historia estudiada en la E.G.B. o la Secundaria, recordar brevemente que este personaje derrotó a las huestes musulmanas, allá por el año 737 d.c., en la famosa Batalla de Covadonga, reconociéndose este acontecimiento, como el inicio de la llamada «reconquista» —termino que ya si eso, otro día, podemos discutir.
¿A qué viene todo este royo? Pues contarte que el pasado lunes, nació —y ya nos encargaremos nosotros de convertirlo en héroe— nuestro particular Pelayo. Hermosa criatura de casi 3.900 gr., hijo de mi hermana, la pequeña, y de mi «cuñaoooooo», el gochu asturiano —de ahí el nombre, que sabemos que no es muy normal por estos pagos.
Como no podía ser de otra manera solo quería desearle lo mejor de la vida, porque antes de tenerlo ya lo estábamos queriendo. ¡¡Así que imagínate ahora!!

Gracias por leerme.

«On/Off»

«El masajista no tardó en reconocer aquel lunar bajo la nuca. Tenía la misma forma y color que los otros de su especie. Por seguridad calló. Prefirió no decir nada, continuar con su trabajo y esperar hasta que el paciente estuviera más relajado. Así lo cogería desprevenido. 
Tras treinta minutos de manoseo, y una vez comprobada que la respiración del susodicho se había ralentizado, fruto de su labor, decidió actuar. Pasó sus hábiles dedos sobre la mancha hasta descubrir la rugosidad característica. La apretó con seguridad y sin dilación se apartó. Tras un leve gemido el ser se apagó y las pequeñas compuertas que escondía en la espalda se abrieron, dejando el interior al descubierto»
Imagina que la estúpida historia anterior es cierta. ¿Qué nos encontraríamos? Premiaré la originalidad o la mayor estupidez.
Gracias por leerme.

«El fin de la egocéntrica»

Imagino que lo hace sin querer, sin darse cuenta, pero desde luego lleva tiempo haciéndolo y ahora, con la edad, parece que esa tendencia suya, de intentar convertirse en el centro del mundo, se está intensificando.
Cada vez que nos reunimos intenta, por todos los medios, convertirse en la protagonista de todo aquello que acontece. Si alguien cuenta un viaje, el de ella es mejor, si alguno tiene una azaña divertida que compartir, la de ella lo es más… Y así con todo.
Los demás empiezan a darse cuenta. Yo llevo tiempo observándolo pero, para no reforzar su ego y para mantener la fiesta en paz, prefiero no comentar nada. 
Quiere ser el centro de todo: en una boda la novia, en un bautizo el bebé y en un entierro la difunda. Pero lo siento, no hay tiempo para más. A llegado la hora de cambiar de actores, escenarios, historia…

Gracias por leerme.

«COMIENZO DE CURSO»

Hoy costó mucho despertar a Pablito. Los que saben de esto aconsejan recuperar las rutinas y horarios poco a poco, antes del comienzo del curso escolar, y así, con la suficiente antelación, cuando llega el día todo es mucho más fácil volver a coger el ritmo.
—Arriba cariño, despierta —le dijo la madre mientras le abría las cortinas para permitir que  la luz entrara de golpe inundándolo todo. Él, tapándose con la almohada, se revolvía en contra de la voluntad de su dedicada madre.
—Venga anda —volvió a indicarle con cariño— que se te hace tarde. 
Ella se sentó a los pies de la cama y acariciándole la pierna que se encontraba por fuera de la sábana continuó la conversación. 
—Te he preparado un bocata para media mañana, y en la mochila ya te he metido el Ipad, el estuche y ese gran cartapacio con tanto papelote que anoche dejaste tirados en la mesa del comedor.
—¡Pero mamá! —continuó el protestando—, que no, que…
—¡Que no! ni que niño muerto —dijo ahora cambiando el tono de voz a otro algo más duro e inquisitivo—, ¡levántate ya!, que se te enfría el café con leche y las tostadas y…
Pablito tuvo que incorporarse para así poder interrumpir la perorata de su madre
—¡Mamá!, soy profe de secundaria este curso tengo turno de tarde.
—¡Ay cariño! es verdad. Me lo habías dicho. Pero te miro y sigo viendo al menudo que había que levantar para ir al cole. Y ya que estás despierto porque no…

Gracias por leerme y FELIZ CURSO ESCOLAR.

«Mucho ruido, pocas nueces»

El
verano terminó así que toca volver al tajo. Hay a quien, en esto de
las redes sociales y la escritura, le gusta hacerlo por todo lo alto,
con mucho ruido, regalando ejemplares, organizando concursos,
intentando impulsar su imagen… Yo prefiero comenzar más
tranquilamente, así que poco a poco iré desvelando las nuevas ideas
y concluyendo los viejos proyectos. Recuerda que en este post,
escrito a la vuelta de las Navidades, te anunciaba que esperaba
sacarme, a lo largo de este año, una vieja espina clavada. Pues la
cosa marcha, ya queda muy poquito para poder compartirlo.
Como
resumen del verano, sin duda, hubo un momento en estas vacaciones que
lo han marcado de manera notable en el que, y en contra de cómo
empezaba el presente, sí que hice mucho ruido, o más bien lo
hicieron ustedes en las redes sociales al enterarse de mi salto en
parapente. ¡Qué espectacular!, ¡que experiencia más increíble!
Ella sola se merecerá un post, como también se lo merece el viaje a
Fuerteventura –recordatorio de una historia pasada-; o la clase de
surf –inicio de un deseo pendiente-; o los pequeños hechos y
grandes sentimientos vividos, que hacen despertar mi imaginación
para empezar a unir palabras –primeros borradores de posibles
textos-…

Mi
cabeza vuelve a activarse, esta esquina vuelve a tener gente paseando
por ella, así que espero tenerte como compañía, que te pares para
saludarme, para intercambiar un comentario y que me ayudes a
conseguir esas pocas nueces que tanto ruido hacen. 
Gracias por
leerme.