«Sueño cumplido con sabor a fresa y nata»

Jugar con las fresas y nata

La cena, como cada vez que el grupo se reunía, era la algarabía que todos esperaban. Entre risas y bromas, gritos y retos, terminaron jugando con las fresas y la nata que acompañaban, a modo de decoración, los platos de los postres, activando ciertos sentimientos y miradas ya casi olvidadas. Fuera llovía. Lo hacía con ganas, así que la ronda de chupitos, que suavizaba la llegada de la cuenta, se convirtió en algo más larga de lo esperado. Uno, dos, tres…

Alguno de los asistentes, los que tenían familia en casa esperando, o el coche más cerca, se despidieron con cierta desazón, todo aparentaba que la cosa no iba a terminar ahí. Quedó la cuadrilla de siempre.

Alguien propuso ir a tomar copas a una cafetería cercana, aunque con el palo de agua que caía, era obligatorio ir en los coches. Ellos dos decidieron ir juntos. Él no había bebido casi nada y ella, según sus propias palabras, necesitaba un poco de aire. El alcohol se le había subido, un poco, a la cabeza.

A mitad del camino una llamada alertaba de que la otra mitad de los que quedaban, habían decidido retirarse. Quedaron los dos solos.

—¿Qué hacemos?, ¿dónde vamos? —consultó él.

—A mí así no me dejas. No puedo coger el coche. Necesito que se me pase un poco. Vamos donde tú quieras.

Sin tener muy claro adónde ir, giró el volante para internarse en las calles de la urbanización. A lo lejos había un descampado desde el que se divisa el paisaje, ahora velado por la constante cortina de agua. La música que sonaba en la radio parecía ir acorde al ritmo que la lluvia marcaba.

Nada más parar el motor del coche, ella, sin mediar palabra, lo aferró del cuello, atrayéndole hasta sus labios y su cuerpo. No podía contar las veces que habían soñado con aquella situación.

Gracias por leerme.

«Yo soy yo y mis circunstancias»

Ya lo decía Ortega y Gasset, que de esto sabía mucho, «Yo soy yo y mis circunstancias». Según su frase más celebre, o al menos la que a mí me ha quedado grabada, las personas no solo somos lo que mostramos, sentimos, demostramos… sino que tenemos un componente externo que nos influye y condiciona. En la medida en que queramos ser nosotros debemos dominar/aceptar esas circunstancias que nos rodean y que no siempre podemos controlar.

En el momento actual mis circunstancias se apelotonan a mi alrededor y aquí estoy, intentando poner orden en aquellas en las que puedo intentar organizar, aunque no siempre lo consiga.

Entre manos tengo el cumplimiento de otro de los deseos que pedía en mi «Carta a los reyes magos y a tí» ¿te acuerdas? Pues bien, ahí vamos, lanzados de cabeza pero con la salvaguarda del buen trabajo realizado por Diego Pun Ediciones, a la batuta, y Nareme Melián Mahugo, a las ilustraciones. Espero verte por allí. Adjunto la invitación por si aún no la has visto.

Esto lleva aparejado otro listado de eventos, que te comento por si te vienen mejor , y de las que te iré informando, a modo de recordatorio, por si te vienen mejor: 24, 28 de marzo; 2 y 29 de abril; 23 y 30 de mayo

Además ando metido en otro proyecto, una revista de educación —que si te digo la verdad me está quitando más tiempo del que esperaba—, que me trae por el camino de la amargura, ya que es aquí donde veo que se están dando muchas «circunstancias» no controlables que afectan, de manera clara, poder cumplir el objetivo. en fin, intentaremos ir dando pasos cortos.

Mi nuevo libro. Sí, ¿ese que llevo por el capítulo seis, desde hace unos meses?. Bien gracias, ¿y usted? Pues nada, que más parado que en la cola de el paro. No he logrado sacar tiempo, ni fuerzas, para ocuparme de él. Pero lo tengo en la lista de buenas intenciones, apartado: muy importante. Así que espero que, como tarde, a mediados de abril, pueda retomarlo con fuerza.

Además de todo lo anterior, por supuesto, están las cosas más importantes: la familia, los amigos, el deporte… ¿Y el trabajo?, bueno ese también, pero para esta reflexión ese no cuenta ya que tiene su espacio y momento definido y no hay nada que lo perturbe, mas que el mismo, claro.

Sé que tu pregunta es, ya que yo mismo me la hago muchas veces, ¿cómo tienes tiempo para todo? Pues la respuesta creo que la tiene el propio Ortega y Gasset. mis circunstancias son mías y yo las he aceptado así que, me organizo como puedo, intentando hacer siempre primero lo importante, de esta manera pocas cosas se convierten en urgentes. Como no puedo separarme de mis circunstancias, de lo que me rodea, apechugo con humor y buen rollito.

Por favor, no me propongas nada más, que ya tengo bastante, que en un momentito me vengo arriba y me dejo liar. Aunque pensándolo bien: ¿Tienes alguna propuesta interesante que hacerme?

Gracias por leerme.

«El coñazo de los replicantes»

Replicantes

Lo siento pero son una verdadera lata. Los replicantes son aquellos «escritores/as» que, a fin de estar presentes, a toda costa, en las redes sociales, repiten una y otra vez contenidos suyos y, en muchos casos, de otros.

Como sé que no me entiendes, me explico.

Llegué a esta esquina de casualidad, con las mismas pretensiones que tengo ahora, escribir, más mal que bien, pero escribir. Porque me divierte y relaja.

Con el tiempo de presencia que llevo acumulado en las redes sociales todos los días aprendo cosas y «siguiendo» a otras personas, que según parece saben mucho sobre todo esto de la SEO, el marketing, la visibilidad…, sigo aprendiendo muchas más. Lástima que muchas de ellas son auténticas ¡FANTOCHADAS!

Según estos «escritores/as» este mundo virtual se mueve a base de tuits y retuits. Lo importante es estar siempre presente para que otros te vean, te sigan, te retuiteen…, para que así puedas hacerte algo más famoso y vender un par de libros más.

Lo cierto, por lo que he visto, es que consiguen estar presentes pero no por sus relatos, que es lo que se espera de alguien que pretende ser escritor/a, sino porque para poder hacerlo, se dedican a replicar/discutir/opinar artículos de ellos mismos o de otros.

Las técnicas que usan son varias:

  1. El truco más usado es el de repetir sus artículos, con la excusa de que aún son válidos, una y otra vez. Esto lo hacen gracias al uso de una aplicación que los escoge al azar y los vuelve a lanzar a las redes de manera automática. Ni siquiera se preocupan de elegirlos.
  2. Siguen a mucha gente y gracias a ello son seguidos. Pero no saben ni quiénes son, ni qué hacen. No nos engañemos, tampoco les importa. Aquí lo importante es que los sigan a ellos. Acumular seguidores, me gusta y retuits… para intentar vender.
  3. La envidia les corroe por dentro. Si @menganita propone un juego, o un concurso, o un grupo de Facebook, @fulano lo hace también. Que @ciclanito regala un libro,@marujo una foto; que escribiremos 300 palabras a la semana, pues conmigo escribirás durante 30 minutos…
  4. Son tan buenos escritores que se dedican a dar consejos sobre qué, cómo, cuándo… escribir. Pero no creas que saben tanto. Igual que antes se copian unos a otros. Que @pepinillo habla de los personajes principales pues @lechuguina versará sobre los secundarios…
  5. Cuando no saben qué hacer retuitean las artículos de sus allegados, se nombran y se dan palmaditas en la espalda unos a otros, se felicitan…
  6. Defienden la autopublicación. Es decir ponen la pasta para publicar y van a una imprenta, porque no han conseguido que ninguna editorial les publique. Muy bien, sin duda es una opción.
  7. Aprovechan el entusiasmo de las personas que quieren empezar a escribir, para venderles conocimientos en formas de píldoras informativas, pequeños tutoriales, cursos… Pero lo único que quieren es cobrar y parecer grandes personajillos de la farándula de las letras y los teclados.

Y a todas estás ¿qué escriben? ¿Cuentos? ¿Terror? ¿Novela histórica, erótica de aventuras,…? ellos y ellas se reconocen como de un género o de otro, pero lo cierto es que no muestran nada.

Como verás, el caso es estar presente de cualquier modo en las redes sociales. Muchos dicen que son escritores, pues me alegro, oiga.
Lo siento pero lo voy a decir claro: ESTA GENTE ME CANSA. Son un coñazo.

Entro en mis redes (Twiter, Facebook, Instagram…) y veo lo mismo una y otra vez. Así que he decidido dejar de seguirles, sobre todo porque hacen mucho ruido y tengo la sensación de que, entre sus tuits, retuits y fantochadas, me estoy perdiendo lo importante.

Un consejo: si quieres escribir, ESCRIBE Y LEE, pero sigas a esta panda de replantes o perderás el tiempo.

Gracias por leerme.

«El hombre de las nieves»

Entre los misterios y leyendas que se oyen en las montañas, es sabida la que narra la existencia de un bípedo gigante conocido, entre otros nombres, por el de «El hombre de las nieves».

Según viajes a un sitio u a otro, el misterioso ser recibe diferentes denominaciones: Yeti, Bigfoot, abominable hombre de las nieves…

Como bien sabes —y si no lo haces ahora— estos pasados carnavales los pasé, como suelo hacer en los últimos diecitantos años, en la nieve.

El otro día, perdido por esas montañas penínsulares, estaba esperando en el punto de reunión, a que llegara la monitora de la pequeña de la casa cuando mi hija me hace fijarme en el ser que se aproximaba hacia nosotros. Me llamó mucho la atención. Su presencia me hizo asemejarlo a ese extraño personaje.

El que yo he encontrado por esos lares, no tiene mucho que ver con los otros bípedos que he comentado, salvo por la cantidad de nieve que, a modo de experiencia, tiene acumuladas entre los pliegues de las arrugas, este, sin duda, es humano.

Por lo que me pude imaginar era un señor que debía acosar los ochenta inviernos. Con pelos y arrugas del mismo color del manto que tenemos bajo nuestros pies.
Iba todo vestido de negro, con botas impermeables de alta gama, abrigo, gorro de montañero, mochila a la espalda y dos bastones sobre los que sostenerse.

Su paso lento, muy lento. Parece que luchaba contra una ventisca inexistente, más que en su propio cuerpo, que no le deja avanzar más rápido. Pero ahí va, paso a paso sobre la nieve, seguro.

Lo vemos acercarse poco a poco, casi en cámara lenta, pero de una manera decidida y sin levantar los ojos del suelo. Sin duda disfruta del paseo, de ver a la juventud, de la nieve, del momento… Mi hija aprieta mi mano.

Los esquiadores pasan por su lado a toda velocidad, lo rodean, él no les hace caso y sigue en su avance sin importarle nada.

Al llegar a nuestro lado Sara dice que le da pena verlo así. Él, como si la hubiera oído, gira la cabeza para sonreírle. No se para, sigue caminando. Pero yo, lo tengo decidido, cuando sea mayor quiero ser como él. Quiero convertirme en un hombre de las nieves.

Gracias por leerme

«Telepatía mientras escribo»

Telepatía

Hace unos días, por pura casualidad o por una fuerza superior, en forma de tuit, descubrí un libro, del que jamás había oído hablar, «Mientras escribo», del gran maestro del suspense Stephen King. Lo devoré en un par de días. Solo comentarte de que, fuera de la temática de misterio o terror a la que nos tiene acostumbrado, éste es un relato biográfico en el que nos cuenta su proceso escritor. Aprendí muchísimo.

Una de las ideas que define con mucha claridad es la relación existente entre el escritor y el lector. Para él, ese vínculo, se basa en la telepatía, ya que, lo que escribo eres capaz de verlo en tu cabeza, mientras lo lees.

De esta manera, para que te hagas una idea aproximada de cuál es mi situación actual, bastará con contarte que, mientras el resto de la casa ya está en silencio, yo estoy encerrado en el cuarto en el que escribo. Todas las luces están encendidas, pero las que de verdad alumbran este momento están conectadas en mi cabeza ordenando rápidos movimientos a unos torpes dedos, que se equivocan con cierta frecuencia, en el traqueteo sobre los blancos botones de mi teclado. Ya con el pijama puesto y sentado frente a la pantalla de mi ordenador, transcribo este momento para que tú, que estás al otro lado, recibas este mensaje y dibujes en tu mente, gracias a esa telepatía que decía Stephen King, mi situación.

Pero creo que el gran autor, pese a tener toda la razón, en el momento en el que escribió el libro, desconocía la capacidad actual que tenemos los que escribimos —iba a decir escritores, pero se me hace grande— de estar en dos sitios a la vez.

Sí, además de la telepatía, tenemos el poder de la bilocación, que como sabes es la capacidad para estar en dos sitios a la vez. ¿Me imaginaste escribiendo este post? Pues si me conoces sabrás donde me encuentro estos días y te confieso que, gracias a la tecnología, puedo jugar contigo, con mis escritos y teletransportarme a otro lugar algo más frío y blanco que mi teclado. Lastima que no estés aquí.

Gracias por leerme