En un intento por comprender el funcionamiento de nuestro planeta, una maestra extraterrestre, acercó a su alumnado ─pequeños seres verdes, con antenas, un solo ojo…─ al “megatelescopio interplanetario” que tenían instalado en su colegio.
Con la primera mirada les enseñó a Carlos, un niño boliviano que trabaja entre las basuras; y les dijo: ─Según cuentan, tienen derecho a ser protegidos contra el trabajo y la explotación infantil.
Giraron el aparato y se fijaron en Bahar, una niña afgana que no podía ir al cole por ser niña; y la profe les dijo: ─Según cuentan, tienen derecho a la educación.
Rodó el anteojo y pudieron ver a Yumma, una niña congoleña que caminaba sobre sus dos bastones al faltarle una pierna; y la seño les dijo: ─Según cuentan, tienen derecho a ser protegidos de la guerra y las minas terrestres.
Desde las alturas les enseñó Haití y descubrieron un país roto por un terremoto y abatido por el cólera. En una esquina, tirado en el suelo, estaba el cuerpo inerte y abandonado de Emilio. Todos callaron.
Siguieron un buen rato, de niña en niño y viceversa, hasta que llegaron a nosotros. Uno de aquellos pequeños marcianitos levantó la mano y dijo:
─No entiendo por qué unos viven tan bien y otros tan mal.
La seño no pudo por más que contestar:
─Ellos tampoco lo saben.
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