«La procesión va por dentro»

«La procesión va por dentro»

Son días de recogimiento. Cada año, durante la Semana Santa, el pueblo se sumerge en la solemnidad y la devoción. Las procesiones llenan las calles con el sonido de los tambores y cantos religiosos, mientras que las figuras de los pasos de Semana Santa siguen su lento y solemne camino. Para muchos, es un momento de reflexión y de comunión con la fe. Para Victor, es un recordatorio de su propio vía crucis personal, un peso que carga en silencio.

En su mente, Victor compara cada estación del vía crucis con los desafíos que enfrenta en su vida, pues imagina que cada estación de ese camino sagrado parece reflejar momentos cruciales de sus propias luchas y tribulaciones.

Victor, como si en una primera estación estuviese, recuerda los momentos en los que siente que la vida le condena con desafíos insuperables. Expectante no puede evitar relacionar la carga de la cruz con el peso de sus propios problemas. 

Para él, la primera caída, es sinónimo de esos momentos en los que tropezó y se  encuentra en el suelo, agotado y desanimado, preguntándose si podrá volver a levantarse.

También se da cuenta de que tiene la fortuna de contar con amigos, familiares y seres queridos que le brindan apoyo incondicional en los momentos más difíciles, que le  ayudan, a veces sin saberlo, que comparten su carga y le recuerdan que no está solo.

Pero hay algo diferente en esta Semana Santa. Al final la esperanza y la creencia en la resurrección es lo que prima. En este sentido Victor recuerda aquella mirada cálida, esa preciosa y gentil sonrisa, ese abrazo que echa en falta, esa paz que se consigue tras un minuto de estar juntos, esa paz que Victor anhela, no se encuentra al son de bandas de cornetas y tambores.

Esa calma, esa paz que muchos intentan demostrar en las calles, falseando y actuando frente a los demás en cada procesión o en las estaciones del via crucis, esa es la que Victor lleva por dentro, la que no enseña más que a ella, pues no es sino en el amor, la confianza y la comprensión, personal primero y de aquellos que lo rodean después, donde Victor, y cada uno de nosotros, puede liberarse o sustentar la carga que llevamos dentro.

Gracias por leerme.

«Una tarde de compras»

«Una tarde de compras»

Hoy es una tarde fría de invierno donde el aire se llena del susurro del viento, el petricor domina el ambiente y el crujir de las hojas secas caídas bajo los pies hace un curioso efecto musical. 

En el bullicioso supermercado, entre pasillos llenos de productos y carritos de compra, dos almas destinadas a encontrarse están a punto de tener un encuentro fortuito. 

Lucas, un joven de cabello oscuro y ojos avellana, está en busca de algo para cenar esta noche. Camina por los pasillos, observando las estanterías con atención, cuando sus ojos se posan en los congelados. Mientras se acerca, nota que una chica de cabello rizado y una sonrisa encantadora estaba examinando las opciones de pizzas congeladas.

Sin saber por qué, Lucas se encontró caminando hacia ella. Cuando estaba a punto de alcanzarla, tal y como ocurre en alguna película, ambos extendieron la mano para tomar una de las mismas pizzas, rozando sus dedos en el proceso. Un ligero escalofrío recorrió sus cuerpos, y sus miradas se encontraron en un instante de conexión fugaz pero palpable.

—¡Vaya! Parece que tenemos los mismos gustos —dijo Lucas con una sonrisa nerviosa.

La chica rió suavemente y asintió. —Parece que sí. Supongo que eso significa que tenemos buen gusto.

Se presentaron. A partir de ese momento, la conversación fluyó con naturalidad,a compañándose en la compra, mientras comparaban los alimentos que escogían, intercambiando recomendaciones y anécdotas de sus vidas. Descubrieron que tenían mucho en común, desde sus gustos culinarios hasta sus pasatiempos.

El tiempo se detuvo mientras compartían risas y confidencias en medio del pasillo de congelados. No importaba el frío que los rodeaba, porque entre ellos había una calidez reconfortante que los envolvía. Se sentían cómodos el uno con el otro, como si se conocieran desde hace mucho tiempo.

Cuando finalmente se dirigieron juntos hacia la caja registradora, continuando su conversación animada. Intercambiaron números de teléfono con la promesa de volver a encontrarse pronto y acompañarse cada vez que les fuera posible.

Mientras salían del supermercado, Lucas y Sofía se despidieron con una sonrisa. Ninguno de los dos quería marcharse, ninguno de los dos quería que el otro se marchara. Aunque habían entrado en el supermercado como extraños, salían de él con la certeza de que habían encontrado algo especial el uno en el otro. 

Y así, entre los pasillos congelados de un supermercado, comenzó una historia de amor que prometía llenar sus vidas de calidez y felicidad.

Gracias por leerme.

«Yo te quiero con limón y sal»

«Yo te quiero con limón y sal»

Lo más bonito de las ciudades costeras como la mía es que allá donde vayas el sol acaricia las olas y el aroma a sal impregna el aire. Dicen que las personas que viven junto al mar son especiales, quizás por eso, Marta y Juanjo, dos almas aparentemente opuestas, se atraen como lo hacen el limón y la sal, cuando acompañan al paladar a un buen tequila.

Juanjo, es un artista, un soñador de las palabras. Llena de sentimientos y pasión escritos que dedica no se sabe muy bien a quién. En sus momentos de trabajo encuentra la  inspiración en cada rincón, en cada comentario, en sus observaciones o en sus ensoñaciones, grabando a mitad de la noche sus ideas en el teléfono móvil. 

Por otro lado, Marta, es una profesional que dedica su tiempo a entender y descifrar los misterios del universo, halla su fascinación en los números, tablas, pruebas, análisis y ecuaciones.

Sus mundos son distantes, pero ahora que estoy sentado tomando un café, puedo ver que el destino tiene un plan que incluso ellos desconocen.

Un día, durante una mesa redonda, en una pequeña librería, Juanjo presentó la obra titulada «Universo de Amor», mientras que Marta asistía a ella para relajarse después de horas de trabajo. 

El texto de Juanjo irradiaba colores vibrantes y frases, pero en su núcleo, había una conexión profunda con los sentimientos y emociones que a Marta tanto le gustaban. Fascinada por la obra, se acercó a Juanjo para expresar su admiración por la forma en que representaba la complejidad del amor en el universo.

A medida que compartían sus experiencias y perspectivas, descubrieron que, aunque sus enfoques eran diferentes, sus corazones latían al mismo ritmo. Juanjo veía la magia en los pequeños detalles, mientras que Marta encontraba la poesía en las ecuaciones que explicaban el funcionamiento del universo, de las personas.

En una tarde soleada, mientras paseaban por la playa, Marta sorprendió a Juanjo con una bebida especial, a base de limón y sal. Al ofrecérsela, pronunció las palabras que sellarían su unión: «Yo te quiero con limón y sal». Aquella mezcla de sabores tan distintos, pero que se complementaban a la perfección, simbolizaba la armonía que habían encontrado en su relación.

El amor entre Juanjo y Marta demostró ser tan vasto y complejo como el universo. Se dieron cuenta de que, al igual que las estrellas y los planetas siguen órbitas precisas, ellos también seguían un camino único que los conducía el uno al otro.

Con el tiempo, la frase resonaba en sus corazones: «Todo el universo obedece al amor». Descubrieron que, en su unión, encontraban la fuerza para enfrentar los desafíos y la belleza en cada experiencia compartida. 

Dos almas aparentemente opuestas se habían convertido en un universo en sí mismo, donde la diversidad y la armonía coexistían en perfecta sincronía.

Gracias por leerme.

«A kilómetros de tí»

«A kilómetros de tí»

Aunque aparenta ser una persona segura de sí misma, en realidad Ricardo lidia cada día con problemas internos que lo atormentan. 

Ayer mismo, tras una serie de eventos que empeoraron su estado de ánimo, decidió sentarse al volante de su coche y dedicarse kilómetros para, a la vez que hacía un cambio de aires, ir en busca de respuestas que le permitieran encajar y encontrar consuelo. Difícil. Su paz la tiene en otro lado. Ricardo sabía que la respuesta a sus problemas no estaba en la carretera, que estaba con ella, pero necesitaba despejar su mente. 

Se dirigió a la montaña, sintiendo la brisa fresca, con las ventanillas bajadas, mientras conducía. Sin embargo, en lo más profundo de su corazón, lo que realmente anhelaba era estar en los brazos de aquella persona a la que tanto echaba en falta.

En un acto impulsivo, Ricardo quiso llamarla  mientras conducía, esperando encontrar consuelo en su voz. Sin embargo, decidió calmarse y no agobiarla con sus preocupaciones. En ese momento prefirió dejar en su lugar la risa y el cariño que le esperaba cuando la viera, pues siempre era así, dejando para sí mismo el tono preocupado en su voz que ahora mismo tenía.

Aunque Ricardo deseaba estar con ella, comprendió que necesitaba su propio espacio, por lo que, en vez de dirigirse hacia la casa tomó la decisión de seguir su propio camino. Mientras conducía, la ansiedad se apoderaba de él, preguntándose cómo solucionaría sus problemas, sólo, en ella, sin su paz.

Tras varias horas de soledad, en la que recorrió lugares y miradores por los que hacía tiempo que no pasaba, con las ideas medianamente ordenadas y el corazón calmado regresó a casa. 

Ese día, Ricardo logró equilibrar sus propias necesidades, recordando que no solo podía encontrar consuelo en los brazos de la que era su refugio emocional y apoyo mutuo en los momentos difíciles, sino que también podía hacerlo en sí mismo, pues en él también habitaba una fuente llena de fuerza que le aportaba el colchón suficiente para superar estos inconvenientes del día. Aunque nada como combinarlo con ese abrazo tan deseado. 

Gracias por leerme.