«Mis pelotas sufrieron un Wikileaks»

Hay una maestra en mi cole que afirma no conocer a otro maestro con más pelotas que yo.

Lo dice por mi clase. Lo mejor de todo es que, al parecer sí que los hay, los que se apoderan del trabajo de otros sin decirlo. Aunque para ser justos he de decir que el susodicho ya se ha disculpado y retirado la publicación de la página en la que me hizo un «Wikileaks» con mis fotos de mi clase y mis pelotas. Seguro que él, al menos, no lo volverá a hacer.

Yo he aceptado sus disculpas y eso me ha dado cancha para poner en juego esas pelotas y comentar lo sucedido. Ya había adelantado, en este post, que algún día hablaría de ellas. 

Todo se ha precipitado y hoy es el día.

El curso pasado, fue invitado al CEIP Miguel Pintor González, a fin de tener un encuentro con el alumnado, que había leído «Ancor»

Entre las cosas que me llevé en mi memoria, fue recuperar la imagen, que ya había visto en una revista de educación, de la clase de mi amiga Jessica llena de pelotas de tenis para amortiguar el ruido. Mi despedida fue: «Qué sepas que te copiaré la idea».

Así fue. Sabiendo de que me reincorporaba a mi cole, durante todo el verano estuve recopilando pelotas —muchas gracias a Jesús, Evaristo, Fran, Oscar, Manu y OTC. Cómplices necesarios—, hasta conseguir las doscientas bolas que me hacían falta para silenciar mesas y sillas.

¿Porqué haces eso? Era la ineludible pregunta que todos me hacían. Razones varias: 

1.-Tolero muy mal el ruido. Imagino que me estoy haciendo viejo y las manías empiezan a aflorar.

2.-Me gusta trabajar en el aula con distintos tipos de agrupamientos. Esto hace que estemos rodando y cambiando los sitios de aquí para allá. Las pelotas ayudan a cumplir el punto 1.

3.-Creo que hay objetos a los que les podemos dar una segunda vida. las sillas y mesas de las clases de los colegios sufren mucho por lo que, con esta pequeña ayuda, todos ganamos en salud. Las pelotas ayudan a cumplir el punto 1.

La cosa es que, en un periquete, el primer día de clase, hicimos una serie de dinámicas en las que el propio alumnado, sin querer, llegó a la conclusión, ellos solitos —jejeje bendita mano izquierda que tiene uno—, que no se podía trabajar con tanto ruido.

Estudiando las distintas opciones, llegaron a la conclusión —jejeje ellos solitos…— de que había que silenciar el lugar y «vualá» llegaron a la conclusión —jejeje…— de que podíamos poner pelotas bajo las patas.

Las risas, y por supuesto un gran ruido, lo inundó todo cuando descubrieron que habían pelotas para todos.

A partir de ese momento en mi clase se puede trabajar con un poco más de tranquilidad y pasé a convertirme en «el maestro con más pelotas del cole». Hoy mismo así me han presentado a un sustituto que empezó a trabajar con nosotros.

¿Qué pasó con el «wikileaks»? Como bien sabes, las filtraciones de información están a la orden del día. Este pasado lunes alguien vio, en un foro profesional, unas fotos de mi clase y, sin pedir permiso para usarlas, ni notificar la autoría de las mismas, decidió —entiendo que sin mala fe, sino porque la idea le había gustado—, publicarlas como propias. ¿La verdad? me molestó mucho. Llamé a la compañera que me las había pedido –gracias Sonia– y se lo notifiqué. Ella se encargó de mover cielo y tierra hasta que «el error» fue resuelto y la publicación borrada.

Yo me enteré de casualidad, y hasta un par de amigas le habían dado a «me gusta», unas acordándose de mi clase y otras sin saber que eran mías.

Como dije al principio, la publicación se retiró y recibí las disculpas oportunas. Ahora todo está, otra vez, en su sitio, incluidas mis pelotas.

Solo recuerdo que las buenas ideas están para ser copiadas, pero al menos pidamos permiso para usar lo que no es nuestro, demos las gracias, mimemos la autoría…

¿Qué te parece la idea? ¿Te han plagiado o copiado alguna vez? ¿Eres mujer u hombre de pelotas?

Gracias por leerme

«Una vida encajada»

ENCAJAR NUESTRA VIDA ES ALGO QUE PUEDE COMPLICARSE

Ya te había avisado en este post que la temporada de vacaciones de esta esquina me había servido para muchas cosas. Una de ellas era organizar algo más esta esquina, por la que nos vemos todos los jueves, y otra hacer la mudanza de casa y, por lo tanto, encajar mi vida.

Por lo que he leído por ahí, a muchas personas mudarse les causa estrés. Estoy totalmente de acuerdo. Meter tu vida en cajas es realmente un proceso complicado. Es más, añadiría que es un verdadero coñazo. Por suerte, tal y como ya te he contado en otras ocasiones, con este blog yo me ahorro una pasta en psicoanálisis, así que el estrés me lo paso por el arco del triunfo y el coñazo te lo doy a ti que te atreves a leerme.

En referencia a los sentimientos y cosas a tener en cuenta para una mudanza creo que destacaría los siguientes:

1.-Emoción vs tristeza: No cabe duda que empezar en una nueva casa trae consigo muchas ganas por decorarla, pintarla, amueblarla… —ganas y gastos—. Por algún motivo te mudas y, a no ser que sea porque te enchironan, a todos nos apetece mucho dejar las cosas viejas atrás y comprar nuevas. Por cierto ya te comentaré cosas de esa tienda de muebles nórdica tan divertida.

La tristeza también es evidente ya que en la casa vieja has vivido momentos y situaciones de todo tipo y en cada esquina hay un recuerdo que te de pena dejar.

2.-Dudas: No hay nada mejor que pisar la casa nueva y empezar a desear moverte por el barrio. Aquí empiezan los titubeos ya que el supermercado cercano no es al que sueles ir y claro, los productos…; el de la cafetería vieja ya me conoce, ya sabe lo que tomo, explicarle ahora a este señor mi café…; los niños estaban acostumbrados a entrar y salir, hacían solos pequeños recados, iban y venían de las extraescolares, de la casa de los vecinos, sus hijo venían a la mía —bueno esto es un alivio que ya no pase más—…

3.-¿Cómo la hago? Ya he hecho varias. En esta ocasión, y muy probablemente porque uno va tiende una edad, contratamos una empresa de mudanza. Que quieres que te diga, es lo mejor. ¿Tú sabes lo que es cargar la nevera, el congelador, el sofá, la cama de la niña que además tiene un arcón… Ahora, eso sí, yo lo de encajar mi vida, meterla en cajas, de eso nos encargamos nosotros, por aquello de que no estén manoseando tus cosas o viendo los juguetes que guardas en la mesita de noche…

4.-Momento cajas: Sin duda es la bomba. ¿Cómo es posible que guardemos tantas cosas? Pues sí, lo es. Las cajas es el cuento de nunca acabar. Pero no pienses que hacerlas es malo, deshacerlas es peor. y hay algunas que así quedarán. Lo mejor es señalar bien lo que contienen. Igual así tardas menos en abrirlas.

5.-Kit primera noche: Esto es super importante. En el tendrás que guardar el cepillo de dientes, el pijama, las sábanas, la ropa del siguiente día… Debes tener en cuenta de que cuando llegas a la casa nueva, todo estará patas arriba. La empresa de mudanza irá dejando las cajas donde tú les digas y estás comenzarán a apilarse de manera asombrosa, así que será difícil encontrar las cosas. Yo tardé tres días en encontrar este kit de la primera noche, Igual en otra entrada te cuento cómo superé el trance.

Comenzar en una casa nueva es algo fantástico. Es encajar todo de nuevo, como un puzle. Sin duda es renovar el espacio en el que vives y quedarte con las cosas necesarias, o al menos intentarlo, haciendo limpia de todo aquello que ya no te satisface, no te sirve, no te hace feliz…

¿Te has mudado muchas veces de casa? ¿Qué consejo darías a alguien que estuviera a punto de hacerlo? ¿Qué cosas simpáticas te pasaron en tu mudanza? ¡VENGAAAAA! cuenta algo.

Gracias por leerme.

«El que avisa no es traidor. Calentando motores»

Un traidor no avisa del encendido de la máquina.

Ya lo sé. Muchas de las personas que se pasean de manera habitual por esta esquina me han dicho algo parecido a lo que ahora estás pensando: «Te fuiste y nos dejaste tirados!, «Pero chico, ¿qué te pasó?», «¡Ñosssss!, te largaste a la francesa»… Todas esas personas, y tú más, tienen razón.  Dejé mi cita de los jueves contigo, sin previo aviso, pero como tengo una explicación. ¿Recuerdas cuando en el telediario avisan de que va a venir una lluvia y, de repente, cae una tormenta? Pues pasó más o menos eso. Si me das una oportunidad, en las próximas semanas te iré contando todo lo vivido en detalle. Hoy vengo a pedirte disculpas y a comprobar el engranaje de la máquina.

Para ir abriendo boca, y así poder cumplir con el título de este post, aunque como ya he dicho te iré contando con detalle todas mis venturas, decirte que durante este verano han pasado muchas cosas y casi todas de calado. Por enumerar algunos ejemplos:

1.- Por el mes de mayo decidí volver a mi aula. Esto puede que ya lo sepas. Lo cierto es que lo he ido pregonando a los cuatro vientos de lo contento y motivado que estoy. Así que la semana que viene me vuelvo a vestir con mi traje de… ¿maestro loco? ¡Uf!, que nervios.

2.- Nos hemos mudado. Seguro que también lo sabías. Después de casi un año de obras ya estamos en la casa nueva, llenos de cajas y cosas por colocar. Supermegachuli.

3.- La pequeña de la casa es una aventurera. Fue capaz de ir, y sobre todo volver de una pieza, de Irlanda. ¡Y ella solita!, que para eso se está haciendo una mujer superfuerte e inteligente.

4.- He viajado a Finlandia. Tras muchos artículos, programas de televisión, charlas de cafetería y bares…, surgió la oportunidad de ver, en vivo y en directo, como funciona el «Sistema educativo finlandés». Un curso genial, una experiencia de crecimiento personal increíble y unos  compañeros maravillosos. De todo ello te hablaré con detalle.

Como verás este verano no he saltado en parapente, como en aquella ocasión, pero sí he llenado las pilas para contarte un montón de cosas. Así que, si te apetece, paso a desempolvar esta esquina y nos vemos el jueves que viene. Como ya te dije al principio este pequeño escrito de hoy, «sin chicha ni limoná» era solo para ir abriendo boca, avisarte de que estoy de vuelta y recuperar el engranaje del teclado.

Gracias por leerme.

«A por mi equipo de nadador»

Buenos, está bien, no soy yo. Pero casi.

Ya hace un par de meses que compartía contigo, en este enlace, mi nueva experiencia como aprendiz de nadador. Según parece, y por lo que me dicen mis monitores, voy mejorando. A las pruebas me remito. En aquella ocasión salía del agua, colorado, asfixiado y reventado. Ahora solo salgo del agua, colorado, asfixiado y reventado. ¡Ups!, parece que no hay muchos cambios. La explicación es simple, de los mil metros por sesión que por aquel entonces presumía, he pasado a rozar los dos mil. Así que estoy más feliz que unas castañuelas.

Con ese afán de seguir mejorando, por insistencia de mi torturador, he ido a comprarme los artilugios que pueden ayudarme en el avance: aletas y palas. La conversación con el dependiente fue más o menos así:

—¿Aletas? Sí claro, allí —indicó con el dedo a un lugar impresiso del fondo del establecimiento.

—¿Allí o allí? —dije señalando de igual manera, hacía dos lugares indeterminados en la misma dirección.

En el fondo, el chico, no parecía tonto. Entendió mi sarcasmo.

—Acompáñeme —dijo refunfuñando y de manera apática.

Tras recorrer un par de pasillos, y rebuscar en las estanterías, llegamos allí. Con algo de desprecio me brindó unas cosas color coral, que colocó en mis manos, con mucho parecudo a las extremidades de un ornitorrinco. ¿Cuántos de esos bichos habré visto en mi vida? Creo que uno, en un documental de la 2, mientras hacía la siesta. Pero no tenía dudas.

—Estas son las de Michael Phelps —estoy seguro que mi estupor quedó más que patente por el gesto de mi cara, pues nada más mirarlo, el chico intentó arreglarlo—. Es lo mejor del mercado —para más info.pincha aquí.

Lo siento por él, pero mi respuesta fue cortante. No entiendo que intenten colocar a diestro y siniestro cualquier cosa.

—¿Tú me ves pinta de hombre anfibio, sirena o nadador de élite? ¿Tu sabes quien fue Johnny Weissmüller? Pues casi familia que somos. ¿Aletas normales tienes?

Ante la negativa del dependiente y tras recorrer sin éxito cuatro establecimientos, de esos que llaman «pequeños comerciantes», terminé en la superficie de material deportivo más grande del mercado. Por fin aletas normales y la sonrisa de una encantadora joven dispuesta a ayudarme, imagino que para no perder su trabajo, aunque por un momento pensé que…

Gracias por leerme.

«Una piedra ideal para un cuento de princesas»

¡¡¡Pedazo anillote!!!

Esto de los cuentos de princesas, que encuentran a su príncipe azul, nos está haciendo mucho daño. A alguna conozco que, rozando la cuarentena, sigue asomada en su balcón, con la vista clavada en la línea del horizonte, esperando ver la nube de polvo que indica el galope del caballo blanco con la que su “salvador” acude a su encuentro.

Recientemente hemos asistido, no nos quedaba de otra, al verse en todos los medios, a una de esas aparentes historias de cuentos de hadas. Las malas lenguas dicen que es más la historia de una trepadora que de una princesa, pero como es una de las protagonista de mis series favoritas, la traigo a colación.

¿Cómo se le pide matrimonio a una mujer así? Imagino que como en todas las películas de esta naturaleza, mostrando un gran pedrusco y poniéndose uno de rodillas. ¡Y ahí quería llegar!

Imagino que los pedruscos deben ser únicos, originales, auténticos, irrepetibles… pues nada más fácil que uno de éstos.

ESto sí que es una piedra

Si la cosa va bien, te pondrás de rodilla en un momentito; las lágrimas de la emoción brotarán sin parar; los aullidos no pasarán desapercibidos, aunque sí confundidos…, hasta que, al final, parirás una piedra que será única. Solo queda ensartarla en su arete de oro. ¿no me dirás que es una buena manera de sorprender a una de esas princesas? Al final va a resultar que soy un romántico, eso o un gran reciclador concienciado con el medio ambiente…

Pero bueno, que cada una piense y espere a quién le apetezca, que nunca se sabe y esto de las princesas y los pedrolos de pedidas de manos, pueden ser como las meigas, «que haberlas hailas».

Por suerte, ese hermoso cálculo renal no es mio, aunque sí he pasado por esa noble experiencia de arrodillarme por su motivo: ¿has sufrido algún cólico nefrítico?, ¿qué tal la experiencia?, ¿conservas la piedra?…

Gracias por leerme.

«La vieja flipada del garaje»

Imagina un garaje tenebroso y una voz que…

Es increíble descubrir como, hasta en un simple garaje, habitan seres del inframundo dignos de ser mencionados en unas pocas líneas. Porque gente rara habemos, yo el primero, pero hay otros que…

Imagina recibir una llamada de la presidenta de tu comunidad de vecinos: «¿Fulano?, que sepas que Mengana te quiere llamar para hablar algo contigo del garaje. ¿Le puedo dar tu número?». Uno, como es muy educado y curioso, no pone impedimentos, alabando incluso la seriedad demostrada, en cuanto al cumplimiento de la Ley de Protección de Datos, por la señora presidenta. No pasan dos minutos y Mengana llama.

—Buenas tardes, ¿usted es Fulano? —El tono ya denota cierto estado de posesión infernal.

—Sí señora, ¿qué necesita?

—¡Mira bonito! Tú a mí no me conoces —las orejas empiezan a tornarse de un rojo pasión nada despreciable, a la vez que el tono de Mengana se vuelve agrio y amenazante—, pero que sepas que tengo alquilada la plaza número 6 y no estoy nada de acuerdo con que tú tengas la 1.

—Bueno señora, yo lo lamento. Es la que el antiguo propietario me ofreció y es la que compré.

— Sí, pero es que yo no puedo maniobrar, y tu coche es muy grande; y además soy viuda; y tengo fibromialgia; y la rampa de salida…; y la curva es muy estrecha…; y…

—Perdone, perdone —interrumpo para intentar encauzar la charla— ¿me está diciendo que le molesta mi coche? 

—¡Claro mi niño! ¡Pareces guanajo! Hasta que tu compraste la plaza de garaje ese sitio estaba libre y me servía para maniobrar, que estoy enferma, y soy viuda, y…, y claro, ahora no puedo, y…

—Perdone que le vuelva a interrumpir Doña Mengana, ¿qué quiere que yo haga?

—Pues hombre está claro, antes de comprar la plaza de garaje tenías que haber informado del coche que tenias, y…

—¿Pero mi coche se sale de la plaza?

—No, pero no puedo maniobrar en este estrecho garaje, que estoy enferma, y soy viuda, y…, y claro, ahora no puedo, y…; tienes que buscarme una solución. Te doy hasta final de mes —la señora acaba de colgar el teléfono.

Fulano, según me cuenta, se quedó mirando el auricular del todo estupefacto. Inmediatamente manda mensaje al «guasap» familiar y ¡hala! comienza el pitorreo.

Buscamos consejo para el tal Fulano: ¿Tú que harías? ¿cederías? ¿Mandarías a la buena de la señora: a) A la porra. b) Al carajo. c) A la autoescuela. ¿Cederías al chantaje? ¿Qué crees que esconde la amenaza de: «Te doy hasta fin de mes»?

Gracias por leerme.

«En este rincón, cuando no es Juana es la hermana»

Son asiduas a este rincón. ¿Conoces a alguna de las dos?

¡Pues sí!, lo sé. Llevo dos semanas sin aparecer por este rincón, pero te aseguro que ha sido del todo imposible, y eso que lo tengo como una de mis citas obligatorias de la semana, pero hay veces que todo se junta y no hay manera de cumplir. Ni con pastillita azul.

Las preguntas más repetidas que escucho, cuando tengo la suerte de hablar con alguno de ustedes es: «¿Cómo lo haces?», «¿Cómo te da tiempo para todo?»… Pero ya ves. Hay veces en las que no lo consigo.

Como te digo, en estas dos semanas se me ha juntado Juana —morena, metro noventa, ojos verdes…— y su hermana —que no la conozco de nada, pero la muy “hijadelagran…” le fue con el cuento a medio mundo y me he visto liado asistiendo a cursos, congresos, concursos, publicaciones, visitas escolares…, todo para poder disimular y decir que he estado trabajando duramente.

Lo bueno de no cumplir con mi cita durante este periodo, es que he tenido tiempo para pensar y recopilar material nuevo para varias semanas, así que prepárate porque la cosa sigue. Entre ellos contarte de que hay viejos proyectos que ya tienen forma si eres del grupo de maestras y maestros, en breve la tendrás en tus manos, que ya hace un año de le primera entrega—; si eres lector, ya has visto el par de cosas en las que he estado liado —además de Juana, claro—; y si estás entre las que les debo una ginebra, un cortado, una cena o un… ¿vuelta y vuelta?, que sepas que en cuanto me ponga al día quedamos.

De todas formas gracias por ser paciente, por esperarme y por pasearte por esta esquina cada vez que puedes.

Gracias por leerme.

«Motivos dudosos de un insomnio»

¿Duermes bien?

Pese a la época del año en la que estaba, Ana aún pasaba frío por las noches. Tapaba su cuerpo no solo con las sábanas «abrigaditas» que tanto le gustaban, sino que además aún mantenía el edredón nórdico y el pijama de franela. Pero no le era suficiente. Le costaba conciliar el sueño y, cuando lo hacía, este solo duraba hasta la media noche, después se desvelaba y comenzaba su periplo nocturno.

En ocasiones veía llegar el amanecer sin volver a pegar ojo. Otras noches, superada por la incomodidad que le proporcionaban sus ronroneantes ideas y la propia cama, se atrevía a levantarse e ir a la cocina, sin hacer ruido para no despertar a su marido, y así calentar, como pócima casera, un vaso de leche con el que recomponer su interior e intentar volver a conciliar el sueño. Este solía ser el mejor remedio, aunque había noches, como aquella, en la que eso no le era suficiente.

Sus ojeras, el cansancio, el mal humor y el rictus de su cara empezaban a trasladarse a su corazón. Apenas hablaba y rara vez sonreía. Había llevado a entrar en un círculo vicioso.

Según había leído, en una de esas revistas que ojeaba en la peluquería, los motivos del insomnio dependían de la hora en la que se producía. Así, podía deberse a distintas causas:

  • De 23:00 a 1:00: Por culpa de una decepción emocional.

  • De 1:00 a 3:00: Relacionado con la ira.

  • De 3:00 a 5:00: Asociado con la tristeza.

  • De 5:00 a 7:00: Por un bloqueo emocional.

Recordó aquellos datos y el nerviosismo se volvió a apoderar de ella, haciéndola dar un giro más en la cama. Debía plantarle cara a aquel insomnio. Quizás su caso fuera de difícil solución, pues su falta de sueño lo sufría a todas horas. Quizás debería pedir ayuda. Quizás debería cambiar de vida. Quizás debería buscar más besos y abrazos, y menos recriminaciones y explicaciones. Quizás su caso fuera de más fácil solución, pues quien podía ayudarle yacía a su lado sin saber lo que le estaba ocurriendo. Quizás solo tenía que hablarle.

Gracias por leerme.

PD: ¿Duermes bien? ¿Cómo lo haces? ¿Qué ronronea tus sueños?

«Un, dos, tres, ¡al agua patos!»

Foto sacada, sin filtros, con móvil.

Acabo de darme cuenta de que no te he narrado la última aventura en la que me he involucrado. He comenzado a nadar. Pero será mejor que empiece por el principio.

Antes de terminar el pasado verano tuve una lesión que me separó de la cancha de padel y del gimnasio. En cuando corría un poco, la cadera me molestaba y no me encontraba con fuerza, ni con ganas de hacer nada. Después del periodo lógico de descanso y recuperación, con fisioterapia, aullidos a la luna y vinoterapia incluidos, llegó el momento de intentar volver a estar en forma.

Aprovechando la reapertura de una piscina cubierta y que mis hijos van a nadar allí, que los horarios son fantásticos y que el Pisuerga pasa por Valladolid, me llené de valor y ¡hala!, ¡al agua patos! (Nota: Yo voy con entrenador pero, por si te animas, aquí te dejo este plan para empezar)

Los primeros días los pasé con más penas que gloria. Llegaba al borde del agua perfectamente pertrechado con mi gorro de flores, mi bañador ajustado, las gafas de nadador último modelo y mucha ilusión. El flotador con forma de pato, las zapatillas, el albornoz, los manguitos y la dignidad, los dejaba por fuera. Ya había hecho el ridículo en esta otra actividad.

Tras algo más de un mes de actividad me encuentro genial. He mejorado bastante y cada día que pasa noto que nado con más ritmo y mejor estilo. El ánimo también ha mejorado, sobre todo cuando mis hijos —nadadores de otro nivel— me premian con comentarios positivos y motivantes del tipo:

—¿Cuánto hiciste hoy?

—Pues creo que cuarenta piscinas —para tu información la susodicha bañera es de 25 m. por lo que nadé un total de mil metros.

—¡Bien papá, bien!, vas mejorando —el comentario viene acompañado por unas palmaditas de ánimo en la espalda y una sonrisita sarcástica en la comisura de los labios, que me hace sospechar—; yo hice cinco mil metros.

No digo lo que pensé porque está feo pero…, él se fue descojonado al coche.

Gracias por leerme.

«Preparando la adoración de Don Carnal»

¿Vas a salir algún día? ¿Tienes preparado tu disfraz?

Hace tanto que no salgo en los carnavales de Santa Cruzesta es la última vez que te lo conté—que no sé si estaré preparado para este fin de semana. Sí, amenazo con salir, y disfrazado, aunque primero necesito hacer un pequeño repaso a mis ideas.

Por lo que recuerdo de la tradición Don Carnal tenía fama de juerguista —esto ya me va sonando — y de gustarle la buena vida. Doña Cuaresma, por el contrario, era una mujer seria y muy religiosa, que odiaba los bailes y las celebraciones, por lo que el enfrentamiento entre ambos fue algo irremediable.

Según parece, Don Carnal resultó triunfador en la contienda y, tras la celebración de la victoria, Doña Cuaresma aprovechando un momento de debilidad, que imagino sería por culpa de la borrachera, para encerrarlo durante cuarenta días, hasta la llegada de la Semana Santa.

Durante el Carnaval, según parece, todo está permitido —esto no sé si lo recuerdo—, no existen los tabúes y hay libertad de acto y pensamiento. Así se celebra esta fiesta por todo el mundo, con disfraces y máscaras, alegría y desenfreno. Y en esas estoy, mentalizándome.

¿Me ayudas a revisar la lista de cosas que necesito?:

  • Disfraz (falda, camiseta, bolso, guantes y gorro). ✔️

  • Peluca.✔️

  • Maquillaje.

  • Colegas.✔️

  • Reserva para la cena.✔️

  • Bebidas.

Necesito tu ayuda que seguro que tienes mucha más experiencia que yo, o, al menos, la mantienes activada: ¿Me falta algo? ¿Algún imprescindible que notes que me falta? ¿Vas a salir? ¿Qué disfraz es el que crees que sería mi ideal? ¿y el tuyo?

Ya te contaré el resultado.

Gracias por leerme.