
Es duro empezar a escribir una despedida frente a una hoja en blanco. No sé si seré capaz de resumir todo lo que significaste para mí, pero, como siempre digo, hay jueves con más suerte que otros. Este aún está por ver.
Sabes a ciencia cierta que eres un capítulo que llegó lleno de promesas, y aunque ahora parezca que solo me has dejado vacíos, sé que eso no es del todo cierto. Te marchas como una tormenta que se disipa, dejando a su paso los rastros de lo que fue. Y aquí estoy yo, contemplando lo que queda tras tu partida.
Fuiste un sentimiento complicado, no lo voy a negar. Me enseñaste que la vida no siempre sigue el ritmo que uno quisiera. Por momentos avanzaste con una velocidad insoportable, llevándote contigo noches y días sin dormir, como si estos no importaran, como si fueran hojas secas en el viento. En otros momentos, me dejaste suspendido, obligándome a enfrentarme a un espejo del que no podía apartar la mirada. Aprendí a lidiar con el tiempo, aunque nunca logré domarlo.
Sin embargo, no todo fueron sombras. Trajiste momentos de luz, de esos que todavía atesoro en los rincones más cálidos de mi memoria. Me regalaste risas compartidas, noches bajo un cielo estrellado y promesas murmuradas al oído.
En tus días habitaron abrazos que parecían eternos y palabras que llenaron vacíos que yo ni siquiera sabía que existían. Pero también me diste pérdidas, algunas tan desgarradoras que dejaron huecos que aún no sé cómo llenar.
Me duele despedirme de ti porque sé que contigo se van no solo los días, no solo emociones y aventuras, sino también versiones de mí: la que era fuerte cuando lo necesitaba, la que se derrumbaba en silencio, la que creyó que todo iba a estar bien.
Contigo dejé de ser muchas cosas, pero también descubrí otras partes de mí que no sabía que existían. En tí aprendí a ser valiente, aunque no siempre tuviera fuerzas, y a dejar ir, aunque eso me rompiera por dentro.
Ahora que el calendario avanza implacable hacia un nuevo comienzo, no puedo evitar sentir un nudo en el pecho. Decir adiós nunca es fácil, y contigo no es la excepción. Siento que al despedirme de ti, me despido de algo mucho más grande que un simple año.
No es solo es a ti, 2024, a quien estoy dejando atrás, también dejo un pedazo de mi, de ti, de nosotros…
Gracias por leerme.








