
Es fácil decir a alguien que la echas de menos, que deseas estar con ella. Lo que ya es más complicado es demostrar día a día las ganas de estar y compartir juntos.
Dejar que las horas pasen con las ganas de rozar la piel de esa persona, es complicado de superar, sobre todo cuando cada tic-tac te recuerda que no hay reloj que devuelva su voz.
Hoy, como tantas veces, me desperté con el cuerpo encendido y la cama tan grande que casi me traga. Estiro el brazo por puro instinto, como si pudiera atraparte en medio de un sueño, como si el calor que dejabas aún pudiera regresar. Pero no estás. Y aunque duela, me dejo llevar por la ausencia, por esa sensación extraña de necesitarte con el cuerpo entero, con cada fibra que recuerda tus manos, tu lengua, tu aliento.
Te imagino entrando por la puerta, en silencio, como si volvieras de otra dimensión donde no hay relojes, ni deberes, ni prisas. Solo tú. Solo eso que pasa cuando me miras y todo se derrumba, y todo se ordena.
Me muerdo el labio al pensarte. Recuerdo como tú me miras y lo haces sin darte cuenta, fruto del deseo. Ahora yo lo hago, no solo por lo que significas, sino por cómo lo haces. Por la forma en que me tomas, como si supieras leerme con los dedos o la mirada, como si entendieras que no hay otra persona que pueda deserarte de esta manera.
Te imagino acercándote a mi cama, quitándote la ropa despacio, sin decir palabra. Me encantaría ver caer cada prenda, como si con ellas te deshicieras también del tiempo en el que estamos lejos. Te imagino subiéndose a las sábanas, arrastrando el deseo entre los pliegues, buscando mi piel como si tuviera sed de mí.
Te deseo. Así, crudo, así de intenso, sin adornos. Deseo la forma en la que me haces perder el control y en la que me llevas de nuevo a la calma. deseo que me digas al oído que tú también me necesitas.
Te extraño por la complicidad de nuestras miradas que solo tú y yo entendemos. Lo hago porque eres el refugio donde me puedo desnudar por dentro, donde puedo ser frágil, salvaje, torpe o invencible.
Por eso, por todo ello, aunque esta cama está vacía, aunque tus dedos no estén sobre mí, sé que esta noche, como todas, también pensarás en mí. También querrás rozarme sin decirlo, tocarme sin manos, recordarme sin palabras.
Gracias por leerme.






