«¿Un exorcismo? ¿Lo está diciendo en serio?»

Todo exorcismo necesita su propia luz.

Hay varios motivos por los que no creo en la religión. Pero que no cunda el pánico. Hoy no voy a realizar un tratado sobre mi apostasía, pero sí me gustaría contar mi última experiencia eclesiástica y así intentar hacerme entender. Fui a un bautizo y resultó tratarse de un exorcismo. Me explico.

Es alucinante como, en pleno SXXI, todavía hayan curas que esgriman el miedo al diablo, al exorcismo por una posesión infernal, al purgatorio, a la condenación del alma…, al más puro estilo de la Edad Media, como arma arrojadiza, contra todo su auditorio, sean o no habituales en su parroquia. Imagino que lo hace para que los habituales no se descarríen y que los foráneos, perpetuos pecadores, bajemos las orejas, viéndole los dientes al lobo, y corramos como corderos asustados para abrazar su verdad. Nada más lejos de la realidad.

Aquel día escuché como, entre sus propios feligreses, se criticaban sus palabras, su actitud prepotente, abyecta y arcaica; compartí, con los que pasábamos por allí, por complicidad social y afecto personal a las personas que nos habían convidado a compartir con ellas aquel momento especial, las risas, comentarios y el estupor al escuchar las palabras del hombre de la sotana. Sobre toda aquella cadena de lindezas, que manaban de su boca, cabe destacar las que insistían, una y otra vez, en el bautismo como exorcismo, presentándolo como en la más terrorífica de las películas del género.

Es cierto que el bautismo incluye un exorcismo. Pero también es cierto que este se entiende como una acogida a la fe cristiana y una limpieza del supuesto «pecado original», no, como quiso vender ese cura, con la intervención del demonio en una criatura de apenas unos días. 

Si eres creyente, y mis palabras te han molestado, créeme que lo siento. No es mi intención herir tus sentimientos, ni tus creencias… Las respeto, pero no las comparto. Podría entender una Iglesia abierta, con hombres y mujeres haciendo la función de sacerdotes, libres, compartiendo el día a día con sus parroquianos, sus problemas conyugales, los de sus hijos e hijas, viviendo su sexualidad… Podría comprender una Iglesia que, de verdad, se preocupe por el bienestar de las personas, y no de sus fincas, campos y tierras de cultivo, que mantienen a su nombre… Podría aceptar una Iglesia que condene el machismo, a los maltratadores, a los pedófilos… Pero para nada puedo entender que hayan curas como el que comento, parroquianos que los amparen e iglesia que los sostenga.

Igual es que soy raro, distinto, evangelista, o luterano, o judío, o musulmán, o rastafari, o…; pero no, tampoco soy nada de eso. Soy yo, y creo en las personas, no en estas historias, pero te dije al principio que no pretendía hacer un tratado de mi escasez de religiosidad, así que, aquí lo dejo. «Gracias a Dios» cada uno es libre de sacar sus propias conclusiones.

Gracias por leerme.

P.D. Este mismo cura ya me acusó de estar poseído, hace algo más de veinte años. Igual necesito un exorcismo, pero te aseguro que no será en sus manos.

Otra P.D. Hace tiempo traté de otra posesión, de otro exorcismo. Fue simpático, así que vale la pena recordarlo, si pinchas aquí.

«Pasear por una ciudad a ritmo de jazz»

Una ciudad sin saxofonista e imaginación , no es una ciudad de cuento.
(Foto hecha con mi móvil).

Las ciudades que parecen ser construidas con ladrillos sacados de los cuentos, siempre guardan entre sus esquinas misterios y personajes que en pocas ocasiones nos paramos a observar. 

Tallín es una de esas ciudades que parece estar edificadas con el mismo encantamiento con el que se escriben los cuentos de hadas.

Este verano, entre sus calles, encontré una especie de duende que, protegido tras el frío y oxidado metal de su saxofón, echaba notas al aire intentando invocar algún sortilegio.

La historia de este personaje puede ser bien distinta, pero por el sonido de las notas que al aire lanzaba, entendí rápidamente la que él estaba contando. Entendí que era uno de los guardianes de la ciudad.

Su intención, con aquella música embriagadora, que bien podía corresponder a un concierto de John Coltrane, no era otra cosa que dar un apoyo al viento, que soplaba cual brisa ligera ahuyentando nubarrones.

La ciudad estaba llena de turistas que, como nosotros, paseaban por sus mágicas calles, disfrutaban de sus maravillosas murallas, reían entre los jardines… Él, habitante de un mundo paralelo, con sus luces y sus sombras, sus estados de lucidez y alucinación, inseparables y dependientes el uno del otro, hacía que su música invocara al viento para que fuera el encargado de amedrentar las negras nubes con las que los dioses, u otros seres de ese imaginativo mundo, pretendían estropear el día.

Así fue. Durante nuestra estancia lo tropezamos por varias esquinas de aquella ciudad de cuento, pocos parecíamos verlo, pero él sonreía y deleitaba con su música a todos los transeúntes —nada que ver con otros.

Y es que los ladrillos, o las letras, con los que se construyen las ciudades y los personajes de los cuentos están hechos de fantasía, ilusión y ganas de encontrar un mundo mejor, y si este suena a ritmo de jazz, pues mejor que mejor.

Gracias por leerme.

«La presbicia cabalga de nuevo»

Gafas de presbicia, ¿cuál me compro?

Mi cita anual con el oftalmólogo es obligatoria. Lo es desde que era pequeño y es que, sin gafas, ¡veo menos que Rompetechos! Algunas han sido más exitosas que otras y es que, como en botica, en todos lados se cuecen habas. Una muy simpática fue está. Al que voy ahora, además de amigo, es  de lo más profesional y seria —visita su web.

Por aquello de la edad —que todo sea dicho de paso no se me nota nada—, parece que la presbicia empieza a hacer pequeños estragos. Ya llevaba tiempo ajustando la mirada cuando intentaba leer el móvil, o alejando los papeles para poder enfocar o cerrando los ojos de vez en cuando para descansarlos. Lo cierto es que sabía que mi presbicia había aumentado así que tocó revisión y con ella cambio de gafas.

Recuerdo una compañera de cole que se resistía a admitir su presbicia y sucumbir a la utilización de las gafas de presbicia, por falta de glamour. Ella afirmaba que para utilizar mejor sus órganos, hacía «lectura vaginal», colocando los papeles a esa altura para poder enfocar adecuadamente y leer, con más penas que gloria, lo que pretendía.

Yo en cambio no me imagino sin gafas, básicamente porque en el espejo no me veo con claridad. 

Lo más gracioso de todo es que ahora que me decido a cambiar mis gafas de presbicia, van los del teléfono, y sin yo decirles nada, me hacen la letra del móvil más grande. Para mi que lo han hecho por joder.

Por suerte el mundo de las ópticas ha cambiado y aquí estoy, más mareado que un yoyó, sobre todo cuando subo y bajo la cabeza con rapidez, pero estrenando nitidez y claridad, con mis nuevas gafas progresivas, especiales para presbicia, con cristal reducido, montura a juego con mis ojos, cristales antireflejantes, antioxidantes y antidepresivos —de esto no estoy muy seguro—,  wifi, bluetooth, sonido envolvente y alguna pijada más —o eso creo—, la bomba en el mundo de las gafas de presbicia. «¡Deja que te acostumbres pá que veas!» así me dijo la de la óptica. Pues oiga, que veo, así que, cuando quieras, nos vemos. Sobre todo si quieres descubrir cuál de todos los modelos que pongo en la foto elegí. 

Gracias por leerme.

«Celebrando cincuenta años de matrimonio»

¡Cincuenta años juntos!, ¿Te lo puedes creer? ¡Cincuenta años aguantándose!, porque vamos a ser sinceros, que mi madre aguante a mi padre y mi padre la aguante a ella, durante tantos años, tiene guasa. Pero ahí están, contentos y felices tras celebrar esas bodas de oro. Con su correspondiente minuto de silencio.

Toda la familia nos vimos sorprendidos con una escapada de hotel —con tabla de quesos y fruta y vino en las habitaciones—, cena —con croquetas—, desayuno —abundante, de hotel—, cervezas a media mañana —con sus frutitos secos, papitas…—, almuerzo… Como siempre, en cada una de las comidas la frase de mi madre sigue siendo «Si tienen hambre pedimos más». Con razón llevan cincuenta los juntos. Ella solo piensa en la comida y él parece una paloma, picoteando de todo…

Ya te puedes imaginar la mesa, con su griterío, sus risas, los niños correteando…. todo un lujo. La familia Adams al completo: los dos cabeza de familia, los cuatro hijos, los «piojos pegados» y por supuesto los cinco nietos, los más importantes. ¡Menudo gallinero! —casi tanto como la de aquella ocasión y que te recuerdo pinchando aquí—.

Hay días que son para el recuerdo y, sin duda, este fin de semana pasado, fue uno de ellos. No sé si el resto de huéspedes opinarían lo mismo, pero qué quieres que te diga, ¡que se rasque el que le pique!, que cincuenta años juntos, cumplir esas bodas de oro, con toda la familia unida, es un hito importantísimo del que no todas las personas pueden presumir.

Está claro de que hay que darles las felicidades por no haberse asesinado mutuamente en estos cincuenta años, un logro que hace feliz a toda la familia. Aunque sabemos que en más de un momento han estado cerca. 

Nuestro regalo. Ayudarles a cumplir un sueño —ojo, no incluye tirar por la borda al otro—, como símbolo de un nuevo comienzo y nuestros mejores deseos, ya que no hay nada más bonito que ver a las personas que uno más quiere desear hacer planes para el futuro, vivir nuevas sensaciones, seguir descubriendo el mundo…, seguir amándose.

Gracias por leerme. 

«Entre gomas anda el juego»

Las gomas como fuente de inspiración, o de locura transitoria.

Muchas veces hago como tú. Paseo por las redes sociales en busca de inspiración para mi clase. En esta ocasión, lo que encontré fue la imagen de cabecera la que me llevó a una reflexión importante y que hoy me gustaría que compartamos, ya que fuera está lloviendo y, otra vez, has decidido pasarte por esta esquina.

¿Has pensado alguna vez qué tipos de gomas hay en tu clase? Sí, lo sé, a priori parece una gilipollez de las mías, pero, yo que llevo unos días estudiando el tema, creo encontrar varias relaciones entre los tipos de gomas, que usa nuestro alumnado y la gente que nos rodea.

Permíteme que te señale la pequeña clasificación de gomas que he hecho. Al final, como otras muchas veces, te propongo algo:

1.La manchada: Está pensada para un fin, pero está tan sucia y corrompida que cada vez que se usa la mancha es mayor.

2.La novata: Aún está sin usar. Guardada para momentos mejores, esperando a que alguien se atreva a desvirgarla.

3.La explotada: Su vida laboral está siendo intensa. Le gusta lo que hace y se nota en el esfuerzo que demuestra.

4.La arte moderno: Vista de lejos parece sucia y desgarbada, pero en las distancias cortas podemos contemplar que esconde algún dibujo, una forma sugerente…

5.La redondita: Ella no soporta estar quieta en un sitio. Siempre está rodando por todos lados. ¡No hay quién la pare!

6.La Barbi: Cuerpo perfecto, maquillada, líneas marcadas…, de formas diversas, pero atractiva y reluciente. Goma al fin y al cabo, que, en cuanto escarbas un poco…, se disuelve.

7.La mordida: Su aporte proteico es nulo, de eso estoy seguro, pero al parecer, está goma, entretiene el hambre. O eso parece.

8.La empalada: Esta pobre goma siempre sufre acoso. En muchas ocasiones parece vivir en la Edad Media, atravesada una y otra vez. Es la que más pena da.

9.La orgullosa: Siempre enarbola su bandera, exige sus derechos, no se esconde, sale del armario…, moviliza a otras gomas por el bien común. Como arma arrojados tiene poderes importantes.

10.La rosquete: Difícil de definir, difícil de entender. Es más el juego que brinda que la utilidad que tiene.

¿Qué te parece? Creo que la lista podría ser algo mejor, pero son las que hoy he conseguido en mi clase. ¿Has observado alguna vez las gomas de tu clase? Colocando las imágenes debajo, ¿sabrías identificar cada una de ellas? Seguro que se te ocurre alguna otra, ¿la compartes?

Gracias por leerme.

«Una historia de mil pares de… calcetines»

Calcetines favoritos

Entre las tareas domésticas que me han tocado hoy, recoger los calcetines, emparejarlos y guardarlos, es la que se lleva la palma. Todo ello porque llegué a la conclusión, y yo solito, de que el destino me la tenía guardada por lo que decía en aquel post —aquí te dejo el enlace— en el que trataba las Leyes de Murphy. Si eres persona conocedora de las mismas, o has dedicado unos minutos a leer ese, no tan viejo post, ya te habrás imaginado, que la cuarta ley se ha cumplido. 

Cuarta Ley de Murphy: «Los pares de calcetines siempre van de dos en dos a la lavadora pero salen de uno en uno».

El hecho de que hoy tenga tres calcetines sin pareja, me ha llevado a investigar un poco este asunto, y, por supuesto, ampliar mi bolsa de calcetines únicos. Espero tener alguna tarde para intentar ver si, por casualidad, puedo emparejar algunos de su interior, mientras no se note mucho que son diferentes. O que se note del todo.

La primera de mis conclusiones a este enigmático asunto, es que creo que debe existir algún tipo de acuerdo secreto entre los fabricantes de calcetines y los de lavadoras. Piénsalo. Es muy  probable que, además, nos estén grabando, con una cámara secreta o así, para desternillarse de risa y saber qué calcetines fabricar.

En segundo lugar he descubierto que, con la sana intención de darle respuesta a este fenómeno sobrenatural, hay un estadístico y un psicólogo que se han unido para hacer una investigación que, como conclusión arrojó una fórmula que predice el riesgo de que perdamos los calcetines. ¿Que no me crees? Pues lo digo en serio. En esta web podrás leerlo con detenimiento, y, si quieres, hacer tus cábalas. ¿Estos dos no tenían otra cosa en la que entretenerse? 

Por último me ha sorprendido ver el video de como, de verdad, los calcetines desaparecen, en una especie de agujero negro que se crea dentro de la lavadora. Te dejo el enlace.

Como desaparecen los calcetines en la lavadora.

Total, que como conclusión, mañana tengo que ir a comprarme calcetines. Me gustan los de rayas, me parecen divertidos, así que… Bueno, ahí lo dejo.

¿Cuántos calcetines has perdido? ¿Cuál es la situación más embarazosa, que tenga tus calcetines como protagonista, has vivido? ¿Tienes bolsa de calcetines perdidos? ¿Cuántos hay? ¡Venga cuéntame algo!

Gracias por leerme. 

«Tonto es el que hace tonterías»

Estoy seguro de que te acuerdas de esa frase. El bueno de Forrest Gump, la puso en nuestro imaginario común. Desde entonces es imposible decirla sin acordarnos de él.

Tal y como me paso en noviembre de 2017, hoy tengo ganas de hacer un poco el tonto, de hacer una tontería. Así que pienso aplicarme la frase y espero que te atrevas a acompañarme y aceptes mi reto final.

¿Por qué hoy? Buena pregunta. Lo cierto es que no tengo respuesta. Simplemente me apetece y, como bien sabes, ya que eres de esas personas que se pasean por esta esquina todas las semanas, no estoy muy estable mentalmente hablando. O sí, y la persona inestable eres tú. Yo sé que, tal y como ya te he contado muchas veces, con esta web, y estas tonterías, entre otras, me estoy ahorrando una pasta gansa en psicoterapia.

Bueno, al tajo, que me lío. Para situarte decirte que estaba muy tranquilamente en la cocina, preparando cenas, almuerzo de mañana…, cuando caí en cuenta de que no me apetecía nada escribir. ¿Te extrañas? Tengo días así, más de los que te imaginas. Así que, uniendo uno más uno, cocina más tontería, he decidido retarte a colgar una foto loca. No es la primera vez:

  1. ¿Te acuerdas cuando me dio por los pepinos? 
  2. En otra ocasión, sin venir a cuento, me puse una peluca. ¡Creo que ese color de pelo me favorece. ¿Tú que opinas? (Pincha aquí para verlo)
  3. También recuerdo una noche de frío invernal que…; hasta las lágrimas y la saliva se me congelaron. Aquí puedes recordarlo.

En todas esas ocasiones, y alguna más que a lo mejor se me escapa, te reté a acompañarme.  En todas ellas hubieron fotos geniales. ¿Vas a dejarme solo con esta tontería? Pues venga, cuelga tu foto en las redes, ¡hoy puede ser tu gran noche! ¡CALDERAZO AL CANTO!

Calderazo y tontería. ¡Menuda mezcla!

Gracias por leerme.

«Mis pelotas sufrieron un Wikileaks»

Hay una maestra en mi cole que afirma no conocer a otro maestro con más pelotas que yo.

Lo dice por mi clase. Lo mejor de todo es que, al parecer sí que los hay, los que se apoderan del trabajo de otros sin decirlo. Aunque para ser justos he de decir que el susodicho ya se ha disculpado y retirado la publicación de la página en la que me hizo un «Wikileaks» con mis fotos de mi clase y mis pelotas. Seguro que él, al menos, no lo volverá a hacer.

Yo he aceptado sus disculpas y eso me ha dado cancha para poner en juego esas pelotas y comentar lo sucedido. Ya había adelantado, en este post, que algún día hablaría de ellas. 

Todo se ha precipitado y hoy es el día.

El curso pasado, fue invitado al CEIP Miguel Pintor González, a fin de tener un encuentro con el alumnado, que había leído «Ancor». 

Entre las cosas que me llevé en mi memoria, fue recuperar la imagen, que ya había visto en una revista de educación, de la clase de mi amiga Jessica llena de pelotas de tenis para amortiguar el ruido. Mi despedida fue: «Qué sepas que te copiaré la idea».

Así fue. Sabiendo de que me reincorporaba a mi cole, durante todo el verano estuve recopilando pelotas —muchas gracias a Jesús, Evaristo, Fran, Oscar, Manu y OTC. Cómplices necesarios—, hasta conseguir las doscientas bolas que me hacían falta para silenciar mesas y sillas.

¿Porqué haces eso? Era la ineludible pregunta que todos me hacían. Razones varias: 

1.-Tolero muy mal el ruido. Imagino que me estoy haciendo viejo y las manías empiezan a aflorar.

2.-Me gusta trabajar en el aula con distintos tipos de agrupamientos. Esto hace que estemos rodando y cambiando los sitios de aquí para allá. Las pelotas ayudan a cumplir el punto 1.

3.-Creo que hay objetos a los que les podemos dar una segunda vida. las sillas y mesas de las clases de los colegios sufren mucho por lo que, con esta pequeña ayuda, todos ganamos en salud. Las pelotas ayudan a cumplir el punto 1.

La cosa es que, en un periquete, el primer día de clase, hicimos una serie de dinámicas en las que el propio alumnado, sin querer, llegó a la conclusión, ellos solitos —jejeje bendita mano izquierda que tiene uno—, que no se podía trabajar con tanto ruido.

Estudiando las distintas opciones, llegaron a la conclusión —jejeje ellos solitos…— de que había que silenciar el lugar y «vualá» llegaron a la conclusión —jejeje…— de que podíamos poner pelotas bajo las patas.

Las risas, y por supuesto un gran ruido, lo inundó todo cuando descubrieron que habían pelotas para todos.

A partir de ese momento en mi clase se puede trabajar con un poco más de tranquilidad y pasé a convertirme en «el maestro con más pelotas del cole». Hoy mismo así me han presentado a un sustituto que empezó a trabajar con nosotros.

¿Qué pasó con el «wikileaks»? Como bien sabes, las filtraciones de información están a la orden del día. Este pasado lunes alguien vio, en un foro profesional, unas fotos de mi clase y, sin pedir permiso para usarlas, ni notificar la autoría de las mismas, decidió —entiendo que sin mala fe, sino porque la idea le había gustado—, publicarlas como propias. ¿La verdad? me molestó mucho. Llamé a la compañera que me las había pedido –gracias Sonia– y se lo notifiqué. Ella se encargó de mover cielo y tierra hasta que «el error» fue resuelto y la publicación borrada.

Yo me enteré de casualidad, y hasta un par de amigas le habían dado a «me gusta», unas acordándose de mi clase y otras sin saber que eran mías.

Como dije al principio, la publicación se retiró y recibí las disculpas oportunas. Ahora todo está, otra vez, en su sitio, incluidas mis pelotas.

Solo recuerdo que las buenas ideas están para ser copiadas, pero al menos pidamos permiso para usar lo que no es nuestro, demos las gracias, mimemos la autoría…

¿Qué te parece la idea? ¿Te han plagiado o copiado alguna vez? ¿Eres mujer u hombre de pelotas?

Gracias por leerme. 

«La historia de un Bansky que bien vale una trituradora de papel»

Este Bansky, quien quiera que sea, creo que es un genio. Al menos del humor negro.

Imagina por un momento que tienes 1,18 millones de euros. Imagina, porque el juego que te propongo es así, que con ese dinero acabas de comprar, en una subasta, un cuadro, concretamente una copia sobre lienzo de «Niña con globo» —justo la imagen que acompaña este post—  de Banksy. ¡Qué satisfacción!, ¿verdad? Acabas de ganar a tus competidores y te has hecho con una fabulosa obra de un autor callejero super famoso, que nadie sabe, con certeza, quién es. ¡Enhorabuena! La gracia viene ahora.

Ante la atónita mirada de todos los presentes, un ruido domina la escena y el cuadro comienza a destruirse. ¿Cuales serían las primeras palabras que saldrían por tu boca? Yo lo tengo claro. Lo mas fino sería, «¡mecagoentooloquesemenea!». De ahí para arriba.

Por si no lo has visto en las noticias decirte que esto ha pasado de verdad, concretamente en una subasta de la prestigiosa casa londinense Sotheby’s.

Sin que nadie lo esperara, ni sospechara, el marco del lienzo llevaba oculta una especie de trituradora de papel y, justo en el momento en el que la puja se daba por terminada, el lienzo comenzó a deslizarse hacia abajo rompiéndose en tiras. ¿Qué no te lo crees? Aquí te dejo el video.

Para más gracia, si es que la tiene, el propio autor, en un comunicado, rebautizó los restos de ese destrozo. La obra ahora se llama Love is in the Bin (El amor está en la papelera), y ya se considera una obra de arte en sí misma. Es decir, otra obra de arte. Imagino que con más valor.

Yo lo siento, pero siempre he expuesto mis dudas con el llamado Arte moderno —si te apetece puedes repasar este post, en que en su día expresé mi parecer sobre una réplica de Franco en cera, que aparecía en en interior de una nevera; o este otro, a cuenta de medio vaso de agua colocado sobre un estante—. 

En esta ocasión sí reconozco que el colega, el autor, tiene un humor cojonudo y unos huev… que le llegan al suelo. Se ha descoronado de todo el que tiene más de un millón de euros y quiere gastárselo en una obra suya. ¡Ole colega! ¡Tú si que vales! Además la pintura siempre me gustó.

¿Qué te parece todo esto? ¿Entiendes este arte? ¿Qué te parece que «el colega» se haya forrado a cuenta de una trituradora de papel? ¿En qué te gastarías ese dinero?

Gracias por leerme.

«Taller de cocina vegana; entre nabos y pepinos anda la cosa»

La comida vegana es sinónimo de un buen menú.

Ya me conoces. No paro el culo quieto. Y como para poder hacerlo hay que alimentarse, y si es posible, de la mejor manera que podamos, el sábado pasado asistí, junto con parte de la prole de la «Bonoloto y algo más», a un taller de cocina vegana.

Sé que te sorprende. A mí también. No es que me haya vuelto vegano, ni mucho menos, pero sí que es cierto que cada vez como menos carne —aclaración para las mentes calenturientas: hablo de estofados, bistec, carne picada… De la otra….—, no le digo que no a un buen chuletón, o a un buen jamón, o a unos huevos…, pero este tipo de cocina me llama mucho la atención.

El taller llevaba tiempo gestándose. nuestro querido Fran —«La vida es bio», cuya web está en construcción, pero pinchando aquí tienes la dirección y el teléfono — se encargó de organizarlo. Fuimos a casa de Marnix —esta es su web «Ser vegano no es tan dificil», verás qué comidas tan increíbles prepara—, y nos dejamos sorprender con una mezcla de sabores, olores y preparados fuera de lo común. Por supuesto todo elaborado con productos ecológicos y bañados por buena cerveza, excelente vino y un toque de Brandy, que me tocó llevar.

Entre la lista de platos preparamos: Puré de bubango y gengibre, paté de portobello y nueces, queso de anacardos, pizzas vegetales sobre masa de espelta, puré de batata al curri y habichuelas con cebolla caramelizada en sirope de arce —es probable que se me olvide algo. La edad, ya sabes.

¿Qué no sabes que es eso de ser vegano?, en resumen te diré que más que no comer nada procedente de los animales, es una filosofía de vida en comunión con la naturaleza, su defensa, cuidado. Si tienes curiosidad te invito a que investigues un rato.

Mi gran descubrimiento fue el ajo negro. Sinceramente un sabor increíble y, por lo que he leído, con unas propiedades fantásticas en cuanto a ser antioxidante y ofrecer un gran aporte proteico —Si quieres saber más, este es un buen sitio.

Yo, desde luego, como el resto de los compinches, lo pasamos muy bien, nos reinos y comimos formidablemente esta comida vegana, así que es muy probable que esta experiencia se repita. ¿Te animas a acompañarme? ¿Has probado el ajo negro? ¿Qué opinas del veganismo? ¿Compras productos ecológicos? Ya me dices.

Gracias por leerme.