«No todo se cuenta en Instagram»

Hoy es día de almuerzo, de amigos, de risas y de cháchara. Antonio se reúne con un grupo de amigos y conocidos en una acogedora cafetería del centro. Las conversaciones van y vienen, y como es habitual, alguien mencionó Instagram. Todos comenzaron a sacar sus teléfonos, mostrando las fotos más recientes de sus salidas, comidas, y eventos.

–Antonio es el que sube un montón de cosas a su Instagram, nos lo va contando todo paso a paso –comentó Alicia.

Antonio sonrió y dejó su café sobre la mesa. “No te creas, no subo todo lo que hago” “La verdad es que prefiero guardar algunas cosas solo para mí”, respondió con calma.

–No te creo, ¡lo cuentas todo!, de hecho me extraña que no hayas colgado algo ya de esta reunión de hoy. 

Antonio se acodó en su silla y tomó un sorbo de café antes de responder. 

–¿Lo ves? Tú misma has puesto un buen ejemplo. De este encuentro de hoy publicaré algo, no hay nada que ocultar, pero aún no lo he hecho. 

–Entonces me estás dando la razón -sentenció su amiga.

–Sí y no. Ya te digo que no cuento todo lo que hago. Mira no tengo nada en contra de compartir momentos en redes sociales, me gusta hacerlo. Es una forma maravillosa de conectar y mantenernos al día. Pero, por otro lado, hay experiencias que, para mí, son tan especiales que no necesitan ser contadas, de las que no quiero la validación de los ‘likes’ o comentarios. Son recuerdos, de momentos, o los vividos con ciertas personas, que prefiero guardar siempre en mi memoria, lejos de la mirada de los demás.

El grupo quedó en silencio por un momento, intrigado por lo que estaba contando.

–Pero si no lo compartes, nadie sabrá lo que viviste –comentó Javier, otro de los presentes.

–Y eso está bien –replicó Antonio–. No todo lo que hacemos tiene que ser público. Hay momentos que son tan profundos y personales que compartirlos los diluiría. Además, vivimos en una era donde parece que si no lo compartes, no pasó, como dice de forma parecida la canción. Pero no es así. Algunas de mis mejores experiencias son aquellas que guardo para mí, que atesoro en mi corazón y que no necesitan ser mostradas para ser valiosas. Que ninguno de los presentes conoce. Algunas historias son solo mías, y está bien que así sea. Al final, la vida se trata de esos momentos especiales, buenos o malos, que siempre nos hacen sentir vivos, que nos llenan de paz, de felicidad, de miradas, de complicidad…

–¿Entonces nos ocultas cosas? –consultó Alicia.

–Puede ser. Eso tampoco te lo confesaré –manifestó Antonio mirándola con una sonrisa pícara en su rostro, a la vez que levantaba su copa para brindar–, pero yo que tú no apostaba en contra, aunque, a lo mejor, eres parte de ese secreto.

El grupo respondió al brindis, pero, aunque con risas, dejó en silencio ese tema, asimilando las palabras de Antonio. Tal vez, después de todo, había algo de verdad en eso de guardarse los mejores momentos solo para uno mismo. Yo lo hago. Pero eso tampoco te lo contaré.

Gracias por leerme.

«Entre sus propios susurros»

«Entre sus propios susurros»

Cristina ha pasado los últimos tiempos en una relación intensa y apasionada, pero no todo lo cercana que a ella le hubiera gustado, ya que los compromisos de él, le hacen estar alejado en muchos momentos. A pesar de esa distancia y sus largas ausencias, Cristina siempre se aferraba a su amor, a su necesidad de estar con él, convencida de que era lo único que la mantenía completa y feliz.

Cada vez que Marco se iba, Cristina sentía un vacío profundo en su corazón. Pasaba días enteros esperando sus llamadas, deseando un mensaje, ansiando el momento en que volverían a estar juntos. Su mundo giraba en torno a él, y mientras él estaba ausente, Cristina descuidaba muchas áreas de su vida. 

Un día, después de una despedida especialmente dolorosa, Cristina se dio cuenta de que estaba agotada. La soledad y la dependencia emocional habían empezado a pasarle factura. Mirándose al espejo, apenas reconoció a la joven vibrante y llena de vida que alguna vez había sido. Sabía que algo tenía que cambiar.

Decidida a recuperar su bienestar, Cristina comenzó a centrarse en sí misma. Se matriculó en clases de baile, y hasta comenzó a asistir a clases de yoga, algo que siempre había querido probar pero nunca había encontrado tiempo. En esas sesiones, encontró no solo una manera de mantenerse activa, sino también un espacio para conectar con sus pensamientos y emociones. La práctica de la meditación le permitió enfrentarse a su soledad y comprenderla, en lugar de temerla.

Poco a poco, Cristina empezó a notar cambios en su vida. Se sentía más fuerte, más centrada y más en paz consigo misma. La necesidad constante de estar en contacto con Marco disminuyó, y en su lugar, creció una sensación de autosuficiencia y empoderamiento. Cristina se dio cuenta de que, aunque extrañaba a Marco y deseaba estar con él, su bienestar no podía depender exclusivamente de su presencia.

Cuando Marco regresó, notó la transformación en Cristina. Ella estaba radiante, llena de energía y serenidad. Su relación, aunque aún importante, ya no era la única fuente de felicidad para Cristina. Ella había aprendido a valorarse y a encontrar satisfacción en su propio camino.

A partir de entonces, Cristina vivió con la certeza de que, aunque echar de menos a alguien es natural, lo más importante es cuidarse a uno mismo, porque al final del día, la relación más duradera y significativa es la que tenemos con nosotros mismos. Al nutrir esa relación, estamos mejor preparados para amar y ser amados de una manera más plena y auténtica.

Gracias por leerme.

«FELIZ 18 CUMPLEAÑOS MI AMOR»

«FELIZ 18 CUMPLEAÑOS MI AMOR»

Hoy celebramos un día muy especial, tu mayoría de edad, el inicio de una nueva etapa en tu vida. 

Te miro y no puedo evitar sentirme inmensamente orgulloso de la persona en la que te has convertido. A lo largo de estos años, has demostrado ser una persona excepcional, una compañera fundamental y apoyo constante, una luz que ilumina mi día a día, llena de fuerza, determinación y con una pasión que hace mover todo aquello que te propones. 

Desde pequeña, siempre has mostrado una curiosidad insaciable y una valentía admirable. En estos años te has enfrentado a desafíos realmente importante. Siempre lo has hecho con una sonrisa en tu rostro, que, sin duda, te ha ayudado a superar los obstáculos con una tenacidad que me deja sin palabras. 

Cada logro tuyo, grande o pequeño, debes considerarlo como testimonio de tu capacidad, determinación y de ese espíritu indomable que posees. Ya sea en tus estudios, en tus aficiones, o en las relaciones que has cultivado, siempre has dejado una huella imborrable en todos los que te rodean.

Ahora, al cumplir 18 años, se abre ante ti un mundo lleno de posibilidades. Este es solo el comienzo de un viaje emocionante en el que tienes el poder de moldear tu destino. Recuerda siempre que tienes en tus manos la fuerza necesaria para hacer realidad cualquier sueño. No hay meta demasiado alta, ni reto demasiado grande para ti. Confía en tus habilidades, en tu inteligencia y en tu corazón. Ese que tienes tan grande. 

El camino que tienes por delante está lleno de aventuras, de aprendizajes y de oportunidades para crecer y evolucionar. No te voy a engañar, habrá momento difíciles, de dudas y de desafíos, pero también tendrás innumerables momentos de alegría, de satisfacción y de logros. No te detengas nunca, no te rindas, sigue adelante con la misma pasión y determinación que te han traído hasta este momento. Yo siempre estaré aquí, si me necesitas.

Eres capaz de cambiar tu mundo, de inspirar a otros y de alcanzar las estrellas. Nunca subestimes el poder que reside en ti. Tienes todo lo necesario para construir la vida que deseas. 

Feliz cumpleaños, mi valiente, mi amor, mi princesa. Te amo con todo mi corazón y siempre estare aquí para apoyarte en cada paso de tu camino. Adelante, hacia un futuro brillante y lleno de posibilidades.

Te quiero con locura. 

Gracias por leerme. 

«Contra los fantasmas internos»

«Contra los fantasmas internos»

En el antiguo reino de Almudia, un caballero andante llamado Sir Rod vivía en un castillo solitario en lo alto de una colina. 

Este no era un castillo común; sus muros no eran de piedra, sino de soledad, y sus fosos no estaban llenos de agua, sino de tristeza. Sir Rod era conocido en todo el reino, no por sus hazañas en batalla, sino por la coraza invisible que llevaba, una coraza que lo protegía no de flechas y espadas, sino de los sentimientos que tanto temía: el abandono y la desilusión.

Años atrás, Rod había sido un joven alegre y lleno de esperanza. Sin embargo se había sumido en un abismo de dolor. Para protegerse de futuras heridas, Rod había forjado su coraza emocional, que lo mantenía aislado y apartado del resto del mundo.

Los días de Roderic transcurrían en una rutina inmutable. Viajaba por el reino, no en busca de aventuras, sino para escapar de sus propios fantasmas: la soledad, el abandono y la tristeza. Cada noche, al regresar a su castillo, los fantasmas lo acechaban, susurrándole al oído, recordándole su dolor.

Una noche, una de esas en las que se alejaba del mundo y se escondía en lo alto de la montaña, mientras contemplaba las estrellas, Rod sintió un cambio en su interior. Se dio cuenta de que no podía seguir huyendo de sus propios sentimientos. Decidió que debía enfrentar sus miedos de una vez por todas.

Así, al día siguiente, Rod se adentró en el bosque más oscuro y profundo que conocía, aquel del que se decía que no solo habitaban criaturas temibles, sino también los reflejos más profundos del alma. Allí, en el corazón de la espesura, encontró un claro donde un antiguo y sabio árbol, el pino de la Morra, se erguía majestuosamente. Bajo su sombra, Rod se sentó y dejó que sus pensamientos y sentimientos lo envolvieran.

Durante días, permaneció allí, enfrentándose a sus fantasmas uno por uno. Permitió que las lágrimas fluyeran, y con cada lágrima, la coraza que lo había protegido durante tanto tiempo comenzó a desmoronarse.

Rod meditó profundamente, abrazando su soledad y reconociendo que, aunque dolorosa, le había enseñado a ser más fuerte. Aceptó que la tristeza era una parte natural de la vida y que el abandono no definía su valor como persona. Día tras día, sus miedos se disolvieron, y en su lugar, nació una sensación de paz y autocompasión. Se estaba enfrentando a sus demonios y había salido victorioso, no con la ayuda de otros, sino con la fuerza que encontró dentro de sí mismo.

Regresó a su castillo, pero esta vez, no lo encontró oscuro ni solitario. Su hogar, al igual que su corazón, estaba lleno de luz y tranquilidad. Los fantasmas que antes lo atormentaban se habían desvanecido, y Rod, con una nueva perspectiva de la vida, decidió dedicarse a ayudar a aquellos que también luchaban con sus propios demonios, compartiendo su sabiduría y experiencia. Y así, el caballero que había luchado contra sus propios fantasmas, encontró la felicidad y la serenidad que tanto había anhelado, demostrando que a veces, la mayor aventura es la que emprendemos dentro de nosotros mismos.

Gracias por leerme.

«Un estrella con sabor a bolero»

«Un estrella con sabor a bolero»

Desde hace un par de días, entre los pliegues perdidos del universo, brilla una nueva estrella, una muy especial. Esta estrella no parpadea como las demás; su luz está acompasada al ritmo de bolero, moviéndose con gracia y melancolía por el vasto cielo nocturno. Es como un faro celestial que guía un alma hacia su próximo destino.

Se fue tal y como vivió. Nos dejó como ella quiso hacerlo, con calma, con sabiduría, con alegría y al son de la música que más le gustaba, la que solía contar. Ahora su alma asciende hacia el firmamento y se funde con la luz de esa estrella única, impregnándola del swing que su voz emitía al cantar. A partir de ahora esa estrella comenzará su danza, un baile etéreo que anuncia la llegada de un nuevo espíritu al reino de las estrellas.

Su partida dejó un vacío en el corazón de quienes la conocimos y queremos, pues su compañía no pasaba indiferente. Era maestra, de escuela y de vida, de canto y de sonrisa, de amistades y de familia. Al llegar a su nuevo destino, tal y como hizo entre nosotros, donde siempre la recordaremos, también desatará un murmullo de asombro en el cielo, lleno de alegría y música, con sabor a bolero. 

Siendo yo niño la recuerdo ayudándome con tareas, enseñándome a mover las piezas del ajedrez, cantando en uno de mis cumpleaños, a poner acordes en esa guitarra que tan grande me quedaba. Siendo maestro, me enseñó a enseñar a leer y escribir, me acompañó en mis primeros meses de profesión, en las presentaciones de mis libros…La estrella ya comenzó a brillar con mucha intensidad. Su luz titilante acaba de adquirir un matiz azulado al ritmo del bolero más nostálgico.

Y así, entre boleros y destellos, esta nueva estrella del cielo continúa su danza en el vasto lienzo del universo, recordándonos que, aunque los seres queridos se vayan, su luz nunca se apaga realmente, simplemente se transforma en parte del eterno baile cósmico.

Gracias por leerme.

«Una vela para amar y cuidarse»

«Una vela para amar y cuidarse»

Parece que las noches frías y oscuras de invierno están llegando a su fin. María se encontraba sola en su acogedor apartamento. El viento aullaba afuera, y la lluvia golpeaba con fuerza contra las ventanas. Se sentía abrumada por la soledad y la tristeza, anhelando la compañía de alguien especial que ya no estaba a su lado.

En un intento por reconfortarse, María encendió una vela, esa que él le había regalado, y se sentó frente a ella, para compartir, con sus propios fantasmas, una copa de vino. 

La centelleante luz llenó la habitación, disipando en parte la oscuridad que envolvía el corazón de María. Mientras observaba las llamas titilantes, sus pensamientos vagaron hacia los momentos felices que había compartido tiempo atrás.

Recordó las largas conversaciones en las noches de verano, las risas compartidas bajo el cálido sol y los abrazos reconfortantes en los momentos difíciles. La vela parecía iluminar esos recuerdos, haciéndolos brillar con una intensidad reconfortante.

Sin embargo, junto con los recuerdos felices, también vinieron los momentos de dolor y nostalgia. María recordaba la sensación de vacío que había experimentado. Echaba terriblemente de menos su abrazo y anhelaba sentir su presencia a su lado una vez más. La vela parecía capturar esos sentimientos de añoranza y transformarlos en una luz de esperanza.

A medida que las llamas bailaban, María se dio cuenta de que aunque ya no estuviera físicamente presente, el amor que compartían seguía ardiendo. Era un fuego que nunca se extinguiría, una llama eterna que iluminaba su camino incluso en los momentos más oscuros. 

Decidió que, en lugar de dejarse consumir por la tristeza y la soledad, honraría el amor que compartían buscando los buenos momentos y llevando consigo la luz viva en su corazón. 

Con esa determinación en mente, María apagó la vela, pero la luz de su amor seguía brillando en su interior. Sabía que aunque la noche fuera oscura, siempre habría una luz que la guiaría hacia adelante: la luz de aquel precioso amor verdadero.

Gracias por leerme.

«La procesión va por dentro»

«La procesión va por dentro»

Son días de recogimiento. Cada año, durante la Semana Santa, el pueblo se sumerge en la solemnidad y la devoción. Las procesiones llenan las calles con el sonido de los tambores y cantos religiosos, mientras que las figuras de los pasos de Semana Santa siguen su lento y solemne camino. Para muchos, es un momento de reflexión y de comunión con la fe. Para Victor, es un recordatorio de su propio vía crucis personal, un peso que carga en silencio.

En su mente, Victor compara cada estación del vía crucis con los desafíos que enfrenta en su vida, pues imagina que cada estación de ese camino sagrado parece reflejar momentos cruciales de sus propias luchas y tribulaciones.

Victor, como si en una primera estación estuviese, recuerda los momentos en los que siente que la vida le condena con desafíos insuperables. Expectante no puede evitar relacionar la carga de la cruz con el peso de sus propios problemas. 

Para él, la primera caída, es sinónimo de esos momentos en los que tropezó y se  encuentra en el suelo, agotado y desanimado, preguntándose si podrá volver a levantarse.

También se da cuenta de que tiene la fortuna de contar con amigos, familiares y seres queridos que le brindan apoyo incondicional en los momentos más difíciles, que le  ayudan, a veces sin saberlo, que comparten su carga y le recuerdan que no está solo.

Pero hay algo diferente en esta Semana Santa. Al final la esperanza y la creencia en la resurrección es lo que prima. En este sentido Victor recuerda aquella mirada cálida, esa preciosa y gentil sonrisa, ese abrazo que echa en falta, esa paz que se consigue tras un minuto de estar juntos, esa paz que Victor anhela, no se encuentra al son de bandas de cornetas y tambores.

Esa calma, esa paz que muchos intentan demostrar en las calles, falseando y actuando frente a los demás en cada procesión o en las estaciones del via crucis, esa es la que Victor lleva por dentro, la que no enseña más que a ella, pues no es sino en el amor, la confianza y la comprensión, personal primero y de aquellos que lo rodean después, donde Victor, y cada uno de nosotros, puede liberarse o sustentar la carga que llevamos dentro.

Gracias por leerme.

«Sueños compartidos»

«Sueños compartidos»

La penumbra de la madrugada llega de repente. Sobresaltado, con el corazón latiendo en una especie de estampida, Mario se despierta abruptamente. Son las 4:00 de la mañana. Aunque la más profunda oscuridad abraza su habitación, su mente está iluminada por un único pensamiento: Raquel. 

Mario se sienta en la cama. Permanece un rato con la mirada perdida en la oscuridad. Está alterado. Inhala oxígeno durante cuatro segundos, retiene el aire siete y lo exhala contando hasta ocho. Logra calmar la cabalgada de los latidos de su corazón a base de esa  respiración controlada. 

Los recuerdos de los momentos compartidos con Raquel inundan su mente, lo han despertado de esta manera, y ahora se ve envuelto en una profunda añoranza.

Mientras observa sus sentimientos, se da cuenta de que cada rincón de su corazón clama por la presencia de ella. La soledad de la noche parece magnificar la distancia que los separa.

El reloj avanzaba implacable. Aunque vuelve a recostarse, Mario no puede conciliar el sueño. Entonces decide levantarse y pasear por la casa en silencio. 

Sin saber cómo, en cada rincón, encuentra pequeños recordatorios de Raquel: una fotografía en la mesa de noche, una nota dejada con cariño en el escritorio, un mensaje en el móvil, un paquete de caramelos que le compró al ir al supermercado… todos pequeños detalles con grandes significados. Cada objeto parece susurrar su nombre.

Algo, un sentimiento, quizás una premonición, le hace darse cuenta de que Raquel también debe de estar despierta, tal vez pensando en él. 

Una conexión especial parece unir sus despertares, como si el tiempo y la distancia no pudieran romper el lazo que comparten, ese hilo rojo del que habla la leyenda japonesa, por el que dos personas están unidas eternamente.

Al día siguiente, Mario, con el corazón latiendo en la esperanza de volver a verla, contacta con Raquel. Le basta una mirada para descubrir que ella también se había despertado a las 4:00 de la mañana, envuelta en pensamientos sobre él. La sincronicidad de sus vidas les causa una sonrisa melancólica, pero reconfortante.

Sin embargo, Mario se da cuenta de que lo peor de soñar con Raquel es el amargo despertar. Aunque sus sueños están llenos de su presencia y amor, al abrir los ojos, la realidad golpea con fuerza, recordándole que ella no despierta a su lado, por lo que le toca superar el desafío de vivir cada día anhelando el momento en que la realidad hiciera coincidir sus sueños compartidos.

Gracias por leerme.

«ADIOS MAESTRA CATI»

«ADIOS MAESTRA CATI»

Hoy me vas a permitir que esta esquina se vea de otro color. Hoy nos ha dejado mi querida amiga, compañera y MAESTRA CATI. 

Ya sabía que este momento iba a llegar. La valiente batalla que ella libraba contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), por el momento, solo tiene este desenlace. CATI lo sabía desde el principio, todos los que estábamos a su lado lo sabíamos, pero aún así, enfrentarme al ahora, a este adios, es duro.

Con CATI me unen muchas cosas. La quiero un montón. Le gustaba leer y comentar mis escritos, por lo que hoy no encuentro en mi corazón, en mi interior, más palabras que dedicar este breve momento a recordarla y rendirle un sencillo homenaje por ser una persona extraordinaria, un ser querido por todos, valiente y excepcional, que nos ha dejado un ejemplo y determinación que yo no hubiera tenido.  

CATI, con su coraje, dedicación y simpatía, decidió que la enfermedad la iba a conocer de cerca. La encaró desde el primer momento y nos organizó para fundar TeidELA. Su objetivo: que los afectados, presentes y futuros, no sufrieran la desazón y el desconcierto que tuvo ella cuando le diagnosticaron la enfermedad. Para mí ha sido todo un privilegio ver como ella y su familia, superaban cada piedra del camino, hasta ver cumplir su sueño. 

CATI es más que un ejemplo de fuerza, es una luz brillante que ilumina nuestras vidas con su amor, bondad y positividad inquebrantable. 

A pesar de los desafíos implacables que la ELA le presentó, CATI nunca perdió su sonrisa radiante, ni su deseo de vivir plenamente cada día. Su espíritu indomable y su capacidad para encontrar la alegría en las pequeñas cosas, nos enseñaron lecciones invaluables sobre la resiliencia y el poder de la gratitud. 

En los momentos difíciles, CATI nunca se rindió. Su valentía nos recordaba e inspiraba para valorar la importancia de apreciar cada momento, de abrazar la vida con gratitud y amor incondicional. Nos enseñó a mirar más allá de las limitaciones físicas y a valorar las conexiones humanas, demostrando que el verdadero significado de la vida reside en las relaciones y las huellas que dejamos en el corazón de los demás. Así lo hizo hace apenas unos días, acudiendo a nuestro llamamiento por el DÍA DE SAN ANDRÉS, en el que hicimos ruido con nuestros cacharros, para hacer sonar la voz de las personas que, como CATI, sufren el castigo de la ELA. 

Aunque me duele mucho y muy profundamente su partida, me quedo con el regalo de su legado, de su ejemplo, de su lucha diaria y de su amor incondicional por todo lo que hacía.

Te doy las gracias CATI por tu ejemplo, por ser MAESTRA, por ser inspiradora y por enseñarnos a enfrentar la adversidad con gracia y dignidad. Que tu memoria perdure en nuestras mentes y corazones, sirviendo como un faro de esperanza y fortaleza.

Gracias por leerme. DEP.

«Con 150 monedas de oro»

«Con 150 monedas de oro»

Desde que Judas traicionó a Jesús, por treinta monedas de plata, la historia no ha cambiado mucho. El dinero, probablemente más que entonces, sigue emponzoñando los corazones de las personas, que, cuanto más tienen, más quieren. 

Alejandro vive a la sombra de una dama, de esas dueñas de vastas tierras y poseedora de una gran fortuna. Su mirada fría y su voz firme resuena en cada rincón del pueblo que administra, pues cada día ordena y solicita, a todos los que están a su alrededor y bajo su yugo, todo aquello que le apetece. 

Por el contrario, Alejandro, es un hombre tranquilo con ojos llenos de anhelos y espíritu inquebrantable, que sueña con ganar su espacio y mejorar su vida. 

Alejandro trabajaba incansablemente para la Señora. Un día logró escapar de aquel territorio, pero para poder conseguir sus propósitos necesitaba que le fuera concedida la libertad. 

A pesar de sus años de leal servicio, no lograba que lo dejaran ir. Él era como una posesión, un peón en su extenso tablero de ajedrez, que daba poder a la Señora. 

Un día, mientras caminaba por el mercado, Alejandro se encontró con un anciano que narraba la leyenda de unas monedas de la libertad. El muchacho paró y el viejo le contó la historia sobre aquellos dineros cuyo precio era alto: 150 monedas de oro, de las cuales él sólo tendría que poner la mitad, y su Señora, la otra parte. 

Alejandro, con ganas de romper las cadenas que lo ataban, decidió hablar con ella, y solicitar el otro cincuenta por ciento. La mitad le fue negada. 

Con determinación, Alejandro trabajó aún más duro, ahorrando cada moneda de oro que podía encontrar. Vendió sus pertenencias y ayudó a trabajos adicionales en el pueblo. Eventualmente, después de mucho esfuerzo, reunió las otras 75 monedas de oro que le faltaban y le entregó el total de las 150 monedas al anciano.

Alejandro regresó a la mansión de la Señora, le enseñó los documentos que le otorgaban la libertad. Con ese espíritu de ilusión que le caracterizaba, Alejandro le mantuvo la mirada y le dijo: “No se preocupe mi señora, por mi culpa usted no perderá ni una sola de sus riquezas, a esta ronda invito yo, pero ahí se queda.”

En ese momento, Alejandro sintió que las cadenas que lo habían atado durante tanto tiempo comenzaban a aflojarse.

A medida que caminaba hacia su ansiada libertad, sintió la dulce y preciosa brisa acariciar su rostro, como una mano suave que consuela y da calma y refugio en lo momentos que más se necesitan, agradecido por haber pagado el precio necesario para recuperar su vida, sin tener que suplicarla. Pero aún le quedaba camino por recorrer, y sabía que no lo haría solo, pues siempre estaría acompañado.

Gracias por leerme.