«In memoriam. Almudena Grandes»

Sin duda una de las más grandes.

Siempre pensé que en esto del amor la cronología no importa. Me equivoqué. Esa mujer que ahora miro se muestra variable, como si dentro de ella «Las edades de Lulú (1989)» tomarán distinta forma según el momento. Permíteme que te lo muestre.

Como te cuento esta historia, he decidido que «Te llamaré Viernes (1991)», que eso de “lector” se me queda grande, pues ya sabes que «Malena es un nombre de tango (1994)» y ese conocimiento te da cierta categoría. 

Todo comenzó cuando ella, conocedora como ninguna del «Atlas de geografía humana (1998)», anduvo por los «Los aires difíciles (2002)» de aquella región lejana, alojada en diferentes «Castillos de cartón (2004)», que le dejarían «El corazón helado (2007)». Sufrió mucho hasta que hizo amistad con «Inés y la alegría (2010)», quien le presentó a aquel viejo hombre, conocido por el sobrenombre de «El lector de Julio Verne (2012)»

Con él tropezó varias veces, dándose la casualidad que siempre fue en «Las tres bodas de Manolita (2014)». En todas las ocasiones el encuentro terminaba con «Los besos en el pan (2015)». Esas circunstancias hicieron que su personalidad, tal y como te conté al principio, fuera tan variable. 

Hoy en día es una de «Los pacientes del doctor García (2017)». Ahí la conocí y ahí me sedujo. Lástima que no me diera cuenta antes de que, la susodicha, era «La madre de Frankenstein (2020)». El amor, a estas edades, juega a esas cosas. 

Gracias por leerme.

PD. Tal y como hice cuando falleció Delibes, o Eduardo Punset, o Juan Goytisolo, o Carlos Ruiz Zafón, hoy he jugado con los títulos de las obras de Almudena Grandes, con la que tantas horas pasé leyendo. Ahora te toca a ti leer su obra. Espero que la disfrutes como yo lo he hecho. DEP.

«In memoriam. Carlos Ruiz Zafón»

«In memoriam. Carlos Ruiz Zafón»
En memoria de un gran escritor.

Unas pequeñas gotas caían sobre su rostro. Contempló su cara en el espejo y puedo comprobar que ya no era «El príncipe de la niebla» que en otros tiempos había sido. 

Hacía algún tiempo que se había mudado del que llamaba «El palacio de la medianoche», aquel que había sido su hogar durante tanto tiempo. Su reflejo le devolvió el misterio que las pesadas sombras le atacaban por las noches, pero también, como un pequeño reflejo en la memoria le indicó «Las luces de septiembre», las que siempre le devolvían a los brazos de su «Marina».

En aquel juego, el vaho dejó entrever «La sombra del viento», la que, sin duda, le había brindado la posibilidad de participar en «El juego del ángel», como si de «El prisionero del cielo» se tratara.

Cuando el vestigio de la humedad de la ducha empezó a desaparecer, ausente, comenzó a dibujar con su dedo, sobre la superficie del espejo, el «El laberinto de los espíritus», donde, con el ritual de la «Rosa de fuego», sin duda, podría encontrar a «El Príncipe de Parnaso», que le devolvería el poder necesario para volver a ser quién era.

Una vez terminada la ducha y desaparecidas las alucinaciones, «La mujer de vapor», como le gustaba llamarse, dejó atrás aquellas ensoñaciones, respiró profundamente y se enfundó en su traje de madre, esposa y…, para volar a ser la que se esperaba que fuera.

Gracias por leerme.

PD. Tal y como hice cuando falleció Delibes, o Eduardo Punset, o Juan Goytisolo, hoy he jugado con los títulos de las obras de CARLOS RUIZ ZAFÓN, con el que tantas horas pasé leyendo. Ahora te toca a ti leer su obra. Espero que la disfrutes como yo lo he hecho. DEP.