«Escapada a la nieve»

Esquiar es uno de mis sueños hechos realidad. La semana pasada, mientras media humanidad bailaba al son de los ritmos calientes del Caribe yo me escapé, junto a mi hijo, a las frías tierras del norte de España, a los Pirineos.
            En un principio parece que dos horas y media de avión y seis de guagua te quitan las ganas de vivir tal experiencia pero, nada más lejos de la realidad. Si compartes el viaje con nuestro chofer «el bronqueador» ─así le bautizó Samuel─ la diversión está servida. Es un hombre que se enfada por todo, que grita para conversar, que chilla para hablar por el manos libres y que, además, manda al paredón a media España, mientras que a la otra media la pasaría por la quilla en un mar lleno de tiburones.
            Llegar a Formigal fue, sobre todo, un descanso. Ya no sentíamos las posaderas, las piernas no sabían como ponerse y los dedos de los pies aullaban exigiendo libertad. Hasta los oídos se habían cansado del «bronqueador»
            La semana pasó rápida, pero tal y como esperábamos: madrugar, esquiar hasta las cuatro y media de la tarde, paseo por el pueblo, jugar con la nieve, spa, cena, lectura y cama.
Es increíble lo que me gusta la sensación que despierta este deporte. Estás «perdido» en mitad de una montaña que no conoces, con aquellas cosas ─botas─ incomodísimas en los pies y unas enormes tablas bajo ellas. En un momento de decisión, te dejas deslizar para empezar a dibujar dos líneas paralelas ladera abajo. El frio aire te da en la cara, el sol irradiaba su calor y mi alma vuela libre con el único deseo de llegar abajo para volver a subir. Lástima hacerlo una vez al año. 

«Abrir el comedor: La historia del grifo» (Parte I)

En el cole llevamos ¡desde septiembre! realizando las gestiones para abrir el comedor escolar, por lo que ya toma la categoría de aventura en toda regla. Todo empezó con mucho ánimo, las predicciones eran buenas, lo mayor estaba terminado y solo faltaban atar algunos cabos.
            Los meses han ido pasando y los pequeños detalles se han convertido en incómodos granos en las posaderas. A modo de ejemplo les contaré la historia de un grifo que tardó en ser instalado algo más de mes y medio.
Primero vino la aparejadora. Sacó fotos, midió y realizó un plano, con su proyecto, con el que pasar a la contratación del suministro correspondiente, a saber, un grifo industrial, tipo ducha, con pedal. Una vez hecho, se acercó el encargado, miró, midió y comprobó lo que había que hacer. Después vino el jefe de los fontaneros, miró y midió para ver lo que hacía falta. A la semana llegó el grifo.
            ─Un chico trajo esto ─me dice la auxiliar administrativa, extendiéndome una caja marrón, sin membrete ni nada─. Dijo que era para aquí y se marchó.
            Procedo a llamar a los fontaneros para acelerar su llegada y que empiecen el montaje.
─¡Oiga!, que a esto le falta una pieza ─me dice el operario.
─Pues nada, ─le comento al hombre muy paciente─ tráigala y lo termina.
─Es que no sé que pieza es.
─Bueno, pues yo tampoco ─no soy fontanero, ni manitas─ llame a su jefe y que le digan.
El buen hombre hace la gestión. En el Ayuntamiento nadie sabe ni quién ni dónde se compró dicho grifo, ¡increible!, por lo que se marcha sin terminar el asunto. Manteniendo el buen humor llamo al concejal y le cuento el caso. Tras tirarse de los pelos se hace cargo de la situación y busca responsables.
Una semana y media después, llamando casi todos los días al concejal, la aparejadora, el arquitecto, el encargado, el fontanero… siendo pesado vamos, «la pieza faltona» y el grifo, comienzan su vida en común. Hemos dado un pasito más, pero el comedor todavía no se puede abrir, hay más flecos que recortar que ya les contaré.

«Visita a la oftalmóloga»

─Buenas tardes ─me saluda muy amable la doctora─. Quítese las gafas y siéntese.
─Me quito la camisa ─le digo con sonrisa picarona.
─No hace falta «bonito» que esto es una consulta de oftalmología y además tu mujer está delante.
─Ups! Pequeño detalle ─la miro y me atraviesa los ojos mientras carraspea y me hace señas de que me dará unas palmaditas.
           Menos mal que todo queda en casa, la doctora es amiga y el ambiente distendido y amigable entre los saludos, el típico ¿qué tal te va?, ¿cómo están los niños?, las bromas…, que si no…
Llevo toda la vida usando gafas y es la primera vez que me dilatan los ojos (incomodísimo eso de verlo todo borroso y encandilante durante horas), me hacen una topografía de la cornea (el aparato parece un radar o uno de esos artilugios para broncearte con rayos UVA), me toman la presión del ojo (─Usted tranquilo ─me dice la  auxiliar u óptica o enfermera o lo que fuera─ sentirá un soplidito en el ojo pero no se asuste. ¡Que no me asuste!, ¡imposible! Menudo escupitajo me lanzó) y me ponen delante tanto aparatejo con lucecitas verdes, rojas, casitas al fondo, en plan «Casa de la Pradera» (me quedé un rato trastornado esperando a que pasara una vaca o un caballo)…
            ¿Dónde quedaron aquellas enormes, pesadas e incómodas, pero fascinantes, gafas negras sobre las que iban cambiando y combinando lentes? Sin duda toda una experiencia tecnológica esto de ir a la oftalmóloga, y más  siendo tan guapa, simpática y  (¡¡Pum!! Cogotazo por la espalda). No importa, el año que viene repito.

«CENA CON MI GENTE DE MAGISTERIO»

Un año más, anoche, nos hemos logrado reunir. Hicimos nuestra particular «Noche en blanco». éramos pocos, pero bien avenidos. Como no puede ser de otra manera hay alguna anécdota:

Alejandro «El palmero»: todavía usa el calendario del año pasado y se presentó el viernes, a la hora y lugar convenido, lástima que la cita fuera el sábado y él se tuviera que volver a La Palma. ¡Gallo, eres un crac! Jajajaja
Ángeles: El viento silbó tanto en la isla Colombina que ni el barco salió. ¡Menudo empacho de galletas se va a dar!, por que nos traías una caja, ¿verdad?
Marita: la reina de la postura del helicóptero tema ampliamente debatido que captó toda la atención. Esperemos que algún día…
Gago: con su braba a lo Geyperman pasó unos breves instantes, “pá saludar”. Se te agradece amigo, el próximo año toda la cena.
Pili: Antaño reconocida, con cariño, como “la loca” jajaja siempre dicharachera y dispuesta a ayudar a los demás, se mostró muy interesada en la del helicóptero.
Álvaro “El abogado”: una buena conversación, con él, siempre tiene lugar. Al parecer es un buen piloto de la ya famosa aeronave.
Fátima: que acudió con un “paquete bomba” en su barriga de algo más de cinco meses, y no fruto de ninguna posturita extraña.
Juan Carlos: El que más sorprendió. Nos entregó un legado de recuerdos y anécdotas de más de cinco folios, con historias de nuestros mejores años.
Aurora: también conocida como “Marcial se calentó con la cola, se marchó y me dejó sin llaves, ahora ¿cómo entro en casa?, ¿cómo lo convenzo para que mueva el rotor?
David: Su celebre frase: “Yo por un euro mato” tomó sentido cuando nos acosó para que fuéramos a comprar a su tienda, que la crisis esta “mu malamente”.

Alicia: Dispuesta a «pilotar» hasta el País de Las Maravillas es la que nunca falla y siempre acude a nuestro encuentro con la ilusión y ganas de volver a vernos.

Alvarito: Padre (o al menos eso dice) de la criatura que nos acompañó en la mesa, sin saberlo. Buen compañero, excelente maestro… aunque use unas tuercas como anillos.
Epi: Bautizado en el escrito de J. C. como «Mencey de Taganana» Discreto y callado, pero siempre buena compañía.
Elva: La organizadora. Que nos sorprendió con su maquinita de liar tabaco. Gracias por tu esfuerzo y volvernos a reunir, un año más.
Muchos son los que no vinieron, pero de todos/as nos acordamos, aunque solo fuera para sacarles el cuero y recordar las cosas, aconteceres, labios ardientes, calenturas, botellas voladoras… que quedaron en los recuerdos de nuestro paso por la Escuela. ¡Hasta el año que viene!

Un beso para tod@s.

«Taller de orientación»

Como no podía ser de otra forma, nos perdimos; pero mejor empiezo desde el principio. El pasado domingo tocó caminata con mi grupo de montaña TAMAIDE, con el pequeño aliciente añadido de practicar un poco de orientación, con mapa y brújula.
            La excursión la guiaba nuestro compañero «el hombre del puro» ─es increíble como se puede caminar, hablar…, y hasta comer, con un puro columpiándose sobre el labio inferior─. El amigo es un genio, no solo por sus conocimientos de montañismo, sino porque, al ser profesional de la geología y la docencia, nos dio una clase fantástica sobre relieve y vulcanismo de Canarias ─es que no hay nada como saber─.
            Localizados en el Chinyero, y en colaboración con nuestro mapa, reconocimos Montaña de Las Flores, Montaña Centeno, la del estrecho, la de Los Tomillos…
            A medio camino, resultó que cogimos el desvío de izquierda ─creemos que confundidos por un error de distancias y porque, en la actualidad, hay más caminos y pistas de los que tenía nuestra cartografía─ por lo que nos perdimos. En realidad nos «medio perdimos», al ser alumnos aplicados, decidimos subir una de las lomas para volver a situarnos. Campo a través, que también es divertido, recuperamos nuestro rumbo y llegamos a Montañas Negras, sin más problemas. De ahí, por un sencillo y precioso sendero lleno de setas, hasta San José de los Llanos. Cervecita, en lo que esperábamos a la guagua ─por aquello de compensar el esfuerzo─ y de vuelta a casa.
            Si tienes oportunidad camina por la zona, es una verdadera maravilla, pero cuidado con los mapas. 

«Arepa´s night»

No te quepa la menor duda de que he tenido otro movidito fin de semana, pero lo que se merece este post, sin despreciar lo demás, fue la noche del viernes.

Gran velada con amigos, “güisquitos” y auténticas arepas venezolanas (asadas no fritas). La cosa surgió como casi todo, sin pensarlo. Resulta que la, llamémosla, familia “Orillarse” ─gran expresión de esas tierras descubierta a última hora─ nunca había estado en casa, cosa que sí había ocurrido con la familia “Reina pepiada” ─jajaja─. Así que entre risas y fiestas se organizó la cena. Nosotros pusimos la casa, la harina de la masa, las ganas de comer y algún picoteo; los Orillarse el whisky ─fundamental y obligatorio─ y otras bebidas, y los de la Reina Pepiada, el relleno y la mano de obra ─al ser los grandes conocedores de los secretos de tan suculentas y chorreantes viandas.
La cosa empezó bien. Visita guiada a la casa y primeras rondas en la cocina. Preparación de la masa ─y segunda ronda─, creación de costra ─tercera ronda─, horneado ─cuarta─, papeo de los niños/as ─pá que se fueran a jugar con la bendita Wii para nosotros encargarnos de la quinta ronda─. Las risas, empezaron a surgir, las bromas no cesaron y hasta organizamos el viaje de esquí, Madeira, fin de año a Madrid, Isla Margarita, retoques plásticos en Caracas…, el whisky era del bueno.
Las niñas se quedaron sentadas y dormidas a eso de las 12:30 de la noche. Los chicos, a la 01:00 a.m., con los ojos llenos de chispeantes luces de colores, provocadas por los efectos especiales de la maquinita, se retiraron a sus casas felices y contentos y, los adultos, bueno los adultos… el whisky estaba bueno.

«Boda de José Bernardo y Vanessa»

Cuentan que una noche en la que la luna estaba aburrida, se asomó a su balcón del mundo para observar lo que ocurría.
Se percató de la presencia de una pareja de amantes dispuesta a compartir, para siempre, sus vidas. Convencida de que podía ayudar, habló con el viento del noroeste para que, en forma de bruma, les entregara felicidad. Llamó a las traviesas nubes del norte para que rociaran con amor el feliz acontecimiento. La noche tomó un encanto especial.
Ya se han casado. Ella lloró, él desafino –pero con sentimiento, todos disfrutamos, reímos, bailamos, encontramos a viejos amigos que hacía tiempo no veíamos, y al final gritamos: ¡VIVAN LOS NOVIOS!
Sean felices.

«Hoy tocó pádel»

            Uno de mis buenos amigos, conocedor de que jamás había practicado este deporte, organizó una primera aproximación al mismo, desde un punto de vista lúdico y como actividad conjunta entre padres e hijos.
            Tras no pocos intentos de levantarme de la cama ─anoche tuve jarana─ Samuel y yo salimos dispuestos para nuestro nuevo reto. Vestidos para la ocasión con pantaloncito, zapatillas ─es que no es tenis lo que toca─ y camiseta de deporte ─no de propaganda, porque si lo hago mi hermana, la pija, me mata─ el humor alto ─junto con los efluvios del vino─ y las esperanzas puestas en nuestras posibilidades, llegamos a la cancha reservada al efecto.
            El juego resultó muy divertido. Pasamos un rato agradable ─dos horas al “solajero”, sudando, corriendo, esforzados por usar aquella raqueta, agachándome a coger la pelotita…en fin, todo un placer─ en compañía de los niños que parecían monos incansables de un lado a otro de la cancha. Descubrí una cualidad hasta el momento desconocida, tengo grandes facilidades para enviar la pelota a más de ocho metros de altitud y a una gran distancia ─fuera de toda cancha conocida─ por lo que igual hago una prueba de béisbol.
            Tras terminar, y decidir que aquello me gustaba y que podríamos repetirlo, sólo hubo una cosa que me preocupó: ¿te acuerdas cómo se hizo famoso este deporte en España?, yo sí, lo practicaba el Presidente Aznar así que será mejor que me afeite, no vaya a ser que se me pegue algo.

«Clase de spinning»

            No sé muy bien como ocurrió, pero tras una llamada de mi hermana, la pequeña, me sorprendí envuelto en una nueva pequeña aventura para contar a mis nietos, y a ustedes.
Para ponernos en situación les comentaré que ella y mi hermano son «gimnasio adictos madrugadores», a saber: se levantan todos los días, casi de madrugada ─incluso antes de que las calles estén puestas─ para ir al Gym y de allí a trabajar. ¡Son la leche!, ¡que fuerza de voluntad! ¡Que envidia! Pues nada, picado por la curiosidad, y su reto, para allá me fui.
A las 7:00 de la mañana, ya estaba con mi pantaloncito prieto, camiseta deportiva, «nike´s» en los píes, más moral que el Alcoyano y el cachondeo constante de mis hermanos que aún no se lo creían.
Tras quince minutos, dando pedales y sin ir a ningún sitio ─a esto se llama calentar─, el sudor empezaba a hacer su aparición, menos mal que iba preparado con toalla y todo. El monitor empieza a hacer su trabajo ─había llegado tarde─, música a toda leche ─por aquello de mantener el espíritu─, ¡suban la intensidad! ─osea que del número cinco pasar al doce, de ahí al catorce, al quince… al diecisiete, ¡uf, eso duele!─ ¡arriba el culo! ─la leche, yo no sé si aguantaré esto─ ¡vamos! ─chilla, porque la música está tan alta que no se le oye─, ¡arriba!, ¡abajo!… y así durante una hora.
Comentarles que estoy hecho un toro. No solo aguanté toda la clase sino que, además me gustó. Fue muy divertido y una experiencia muy guapa al lado de dos de mis tres hermanos ─la otra es más pausada─. Hoy, un día después, no tengo agujetas y si no fuera por el madrugón, y los kilómetros, repetiría. Gracias por el momento y el desayuno (café con leche, zumo de naranja y bocata de jamón serrano y manchego), pá compensar. 

«Disneyland Paris. 20 al 24 de julio de 2010»

Una alegre musiquilla, como de banda sonora o desfile triunfal, llega a mis oídos. No cabe duda, habíamos llegado al mágico mundo de Mickey Mouse.
Aquellos que me conocen saben que no soy nada amigo del mundo Disney. Odio las clases decoradas con sus dibujos animados, las princesas, el mundo azul y rosa…, pero aquí estoy, en Eurodisney, motivado por la alegría e ilusión que experimentan mis hijos y caminando al son triunfal de la musiquilla ambiental.
Lo cierto es que esto es una pasada. Todo es a lo grande. Hay atracciones divertidísimas, montañas rusas, música, pelis, tiendas, personajes a la espera de público…, más música, público al acoso y derribo de sus ídolos…, banda sonora constante y penetrante…
Parece mentira que este lugar irradie felicidad, pero es del todo cierto que se nota cierta magia que flota en el ambiente, quizás por las niñas y niños ilusionados por tanto color, y música ambiental, o, tal vez, por los padres y madres encantados por compartir la sonrisa y entusiasmo de sus «churumbeles».
Aunque estoy harto de las notas, que empiezan a martillar mis tímpanos, he de recomendarte que vengas, ¡esto es una pasada!, con o sin niños/as.

Las fotos te las enseño cuando quieras.