todo este rollo de la crisis, los españolitos de a pie, estamos
recortando gasto de las vacaciones. El año pasado programábamos
grandes viajes, buenos hoteles, almuerzos, meriendas y hasta cenas
fuera de casa el mismo día.
Ahora en cambio, nos cuesta ir a la playa. O por lo menos a mi.
hablando de ir a la playa, el pasado fin de semana, programamos la
salida estival de la familia. Como este año no podíamos hacer
frente al gasto hotelero, decidimos mantenerla pero yendo todos
juntos a un apartamento de tres habitaciones, un cuarto de baño,
cocina americana y salón comedor.
éramos trece personas ―la
abuela; mi padre y mi madre; mi hermana, su marido y sus tres hijos;
mi otra hermana (la soltera); mi esposa, yo y mis dos hijos―,
decidimos repartirnos las cosas para que no falte de nada: leche, pan
de molde, azúcar, café ―todo lo del desayuno―, galletas los
cereales de los niños, los de mi cuñado ―que como está a dieta
no puede comer cualquier cosa―, la toallas, las gafas de bucear,
las hamacas plegables, la nevera, cervezas, tinto de verano, sandía,
melón, jugos ―la merienda de los niños, ya sabes―, más
galletas, bañadores, cholas para la playa, cholas para estar en el
apartamento, cholas para salir, el libro, la almohada de mi mujer ―es
que sino no puede dormir―, los pañales de la abuela ―por la
noche a veces…―, otras sábanas, por si acaso, las palas, los
cubos, las raquetas de playa…
¡no puedo más! Vayan ustedes que yo me quedo.











