«Enlatados»

─Ese gordo ocupa mucho lugar ─oyeron decir todos.
Sus cuerpos temblaban. Sin duda era la señal que indicaba que la vida de alguno de ellos estaría cerca de su fin. Con cierto disimulo y recelo comenzaron a mirarse, a compararse. ¿De quién hablaban?
La voz que venía del otro lado de su prisión, pareció decidirse claramente por uno de ellos.
─Sí, ese, ¡sácalo! ─ninguno de los presentes dijo nada, solo esperaban. Deseaban no ser el escogido.
El receptáculo se abrió. Unos dedos húmedos y fuertes lo asieron por la pechera. Era su fin. No volverían a ver a su hermano espárrago.

«Venturas y desventuras de un maestro metido a agente de viajes y otras ocupaciones»

Como tú, son muchos los amigos y amigas que se han preocupado del resultado de la pequeña aventura vivida por tierras salmantinas. A modo de resumen enumeraré una serie de tareas, por las distintas profesiones, que un maestro realiza cuando trabaja y que te dejarán una breve pincelada de lo vivido.

Agente de viajes: Organiza a los niños/as, y sobre todo a sus familiares, en el aeropuerto para que todo el mundo esté listo.

Guardia Civil: Solicitar los DNIs, para que no se extravíe ninguno.
Revisor: Son las 6:30 a.m. y ¡nos falta uno! ¡Papa llama!
Agente de seguridad: Nos quitamos los cintos, revisamos los bolsillos, ¡dije que no podíamos traer líquidos!
Azafato: Todos sentamos y nos abrochamos el cinturón. ¡No, durante el aterrizaje no puedes ir al baño!, ¡siéntate!
Porteador: Profe, mi maleta no tiene asas y no puedo con ella.
Jefe de recepción: Fulanito y Menganito a la número tres…
Sargento de caballería: ¡Como oiga una risita más salen al pasillo y duermen de pie, que son las doce de la noche!
Jefe de servicio: Las camas hechas, las mesas recogidas… ¡Por favor abran esa ventana que la peste llega al piso de abajo!
Telefonista: Ciclanita, tu madre al teléfono. Nosequiencito, hazle una perdida para que te llame.
Animador: La musiquilla de la cancioncita dichosa una y otra vez metida en el cerebro… Tengo los sesos machacados.
Enfermero: ¿Te tomaste el azúcar? Nos vamos al Centro de Salud para que te cojan unos puntos. Me lo llevo al hospital para que lo miren.
Guía turístico: A la derecha podemos ver…
Guía espiritual: No te preocupes, por el Messenger volverás a hablar con ella.
Padre: Tranquilo, cariño, eso no es nada.
Como ves, lo hemos pasamos GENIAL. Sin pensarlo puedo decirte que en cuanto tenga la oportunidad lo vuelvo a repetir, eso sí, sin niños (jajaja).

«Ruta por Salamanca»

Este año parezco Marco Polo (Pirineo, Lisboa, Lanzarote). Aunque no lo creas, otra vez me voy de viaje. En esta ocasión la aventura transcurrirá por tierras Salmantinas, acompañado por quince de mis alumnos/as de quinto de primaria y de Nuria, mi mano derecha, y a veces también la izquierda, en el cole.
La “culpable” de todo es ella. Se le empeñó que debíamos presentarnos a un programa del Ministerio de Educación y Ciencia que, a punto de expirar la convocatoria, nos llevaría de viaje con todos los gastos pagados. Ni corta ni perezosa, en menos de veinticuatro horas tenía el proyecto listo. Presentamos “in extremis”, pero entró y nos seleccionaron. Solicitamos Extremadura, Cantabria o Madrid, así que el MEC nos dio Salamanca, que al fin y al cabo, es el resultado de la triangulación de nuestros deseos. Como, en realidad nos daba igual… allá que vamos.
El plan del viaje es agotador: Base aérea, ruta monumental, Béjar, La Alberca, Ciudad Rodrigo… Serán siete días muy intensos, con sus veinticuatro horas al tanto de los quince duendes convertidos en hijas e hijos “postizos”. Ellos se lo han currado mucho y están muy nerviosos, sus madres y padres más.
Será una experiencia inolvidable, para todos. Ya les contaré, ahora tengo que hacer la maleta.

«El ritmo marcado»

El reloj detuvo el tiempo a su paso. El silencio del tic-tac, que de manera rítmica acompañaba su caminar, lo dejó con un fuerte vacio, por lo que sus neuronas encontraron espacio para ocuparse de otros menesteres.
Sorprendido por la falta de ritmo comenzó a recordar sus paseos por la montaña, el frio tacto del agua de la playa bajo sus pies y el cálido abrazo de la arena tibia. Revivió las tardes que pasaba con sus hijos jugando al baloncesto, o aquellos días de lluvia y sin luz que, iluminados con una vela, se entretenían con el Monopoly.
A su derecha alguien repuso las pilas. De reojo notó como el repiqueteo del compás impuesto le devolvía poco a poco a la realidad. Intentó resistirse. Quería dejarlo todo y huir. Demasiado tarde. Una mano encorbatada lo asió del brazo y le obligó a continuar la marcha. Volvió a su paso.

«Tras la mirada»

¿Por qué me mira así? Llevo un rato aquí parado y no sé porqué lo hace. No logro intuir que esconden esos ojos. La verdad es que resulta ser un animal muy extraño. Si me muevo para la izquierda, él lo hace a su derecha. Si me dirijo a mi  derecha, se va a su izquierda. ¡Es insólito! Abre y cierra la boca, mientras sus ojos parecen salirse de sus órbitas. ¿Me imita? ¿No tiene nada mejor que hacer? ¿Por qué coloca los labios así? De verdad que no entiendo a estos humanos. Por suerte, en mi pecera estoy a salvo.
(Ilustración en: http://blogdejesusbravo.blogspot.com/)

«Fútbol, otra vez»

No importa que hayan asesinado a Bin Laden; o que Guantánamo siga burlándose de los Derechos Humanos; o que los gobernantes de Siria maltraten y asesinen a su pueblo, mientras Libia mantiene una lucha sin tregua; o que los EEUU, y sus cómplices, afirmen que intervienen por razones humanitarias; o que Sortu o Bildu se quiera presentar a las elecciones; o que hayan beatificado al difunto Juan Pablo II; o que sigamos en crisis…
          Hoy no importa nada de lo que pase en el mundo. El mundo de hoy es pro, por y para el fútbol, otra vez, así que me dispongo a partir unos quesitos, un poco de fuet, unos pistachos, unas cervecitas… y ver una peli.

¿Con ocho basta?

Aquella famosa serie nos contaba las peripecias de una familia con ocho hijos. Ayer tarde nos volvimos locos y, emulando la susodicha, se nos ocurrió montar en casa una fiesta pijama con, no ocho, sino diez niños.
          Lo que en principio parece ser una locura para tirarse de los pelos, al final resulta todo un experimento divertido. Los niños, cada uno de su padre y de su madre, fueron llegando por goteo. El “hijo de la reina pipiada”, con su típico entusiasmo; el de “los chuquis”, tímido aunque forma parte de la familia; “el diseñador”, que se asombró de la cocina; “el educadito”, que hasta nos trataba de usted; “el muerto de hambre”, que según pasó el umbral no paró de preguntar por la comida; “el revoltoso”, pero colaborador al máximo; “el sosegado”, que parece que nada lo estresa; “el yonocomodeeso”, que trajo hasta su propia cena; “el soldadito español, soldadito valiente”, que no se quitó la gorra de camuflaje ni para dormir y, por último, “el protagonista”, que cumplía diez años y nos metió en este follón.
          Te puedes imaginar el espectáculo. Yo con mi rejo de maestro, pito incluido, organizando el follón. Jugaron a la Wii -¡bendita máquina!- cenaron, colocamos “el campamento” en el salón –cada cual trajo su saco- vimos una peli-de esas de chicos, con dragones, espadas, peleas…- y a las 00:00, hora zulú, toque de queda.
            El desayuno fue lo más divertido. Pásame la leche, el sándwich, la mantequilla otro bollito, más zumo… Pero a las once de la mañana, “cada oveja con su pareja”.
          Esperaba un buen lio, guerra de almohadas, pedos y calzoncillos volando, pero nada, todavía son pequeños y la testosterona no ha hecho su aparición. Ya llegará el momento. De momento nos atrevemos a repetir.

«La reina de corazones»

Un apuesto joven, al que besó en los labios con dulzura hace algún tiempo, hizo su aparición en el salón del trono. Vestía uniforme rojo, con ancha banda blanca cruzada sobre su pecho de la que colgaba un enorme sable. Se dirigió con paso firme, guiado por sus negras y altas botas negras, hasta su majestad para, al  llegar a la altura de los guardias, reverenciar su cuerpo en señal de saludo y respeto.
         ─La hora ha llegado majestad. El populacho os espera.
         La ahora reina se incorporó de su cómoda posadera, para iniciar la marcha hasta el balcón. Agarrada de su brazo oía los gritos. La muchedumbre hervía de pasión. Antes de traspasar la línea lo miró y le solicitó otro beso. Él, con reparo y estupor, se negó. Era el momento de regir los destinos del pueblo. Su corazón, había quedado en segundo plano.

«Cuentos a medias»

Hace algún tiempo, los dos duendes prometieron algo que llamaron «Cuentos a medias». Quizás por el agobio de las múltiples y diversas tareas o tal vez por la crisis, el proyecto se paró una temporada. Hoy vuelven al ataque.
            
     La cosa es bastante sencilla. El uno escribe y el otro ilustra, no necesariamente por este orden. Como no sabemos quién, ni cuando, disparará primero, habrá que esperar hasta que el otro recoja el guante lanzado y pegue su estocada para ver el efecto sorpresa. No hay acuerdo previo, ni tema, ni diseño… se trata de ver qué es capaz de hacer el otro, por lo que puede pasar cualquier cosa. Este es el primero.    
            
     Ahora llega tu turno. Podrás comentar el texto, la ilustración o ambas.

«Muito obrigado»

Sin duda nada mejor que una buena escapada a Lisboa, sin niños, ni suegra, ni madre… ni perro, digo tortugas, que canes no tengo, para recargar las pilas y afrontar el final de curso.
            
     Para definir la ciudad basta una simple palabra, bella. Tiene el aire de cualquier metrópoli del Mediterráneo, pero bañada por el Tajo. Con sus callejuelas estrechas, sus grandes monumentos, sus peculiares eléctricos amarillos, sus edificios estilo años sesenta, su ropa tendida a la altura de las manos…, el aire que respiras te invita a pasear y recorrerla de cabo a rabo.
            
      Aprovechamos muy bien el tiempo y además nos permitimos una excursión para ver los alrededores: Sintra, cabo de  Roca, Cascais y Estoril.
           
      Comimos bacalao y dulces de nata. Bebimos pringados, vino verde y Super Bock. Alimentamos nuestra alma de su triste y melancólico fado, en un “guachinche” tan peculiar que hasta el camarero y la cocinera se arrancaron a cantar. Aprendimos, y mucho, de su cultura, su historia, su tradición y patrimonio.
            
      Pese a estar apenas tres días, regresamos con la seguridad de haberlo visto casi todo (Alfama, el Barrio alto, la Baixa, Belem…) y con las ganas de repetir. Si tienes oportunidad no lo dudes.