«FELIZ CUMPLEAÑOS»

Son las doce y un minuto de la madrugada del veinte de agosto de 2010. Hoy es mi cumpleaños. No creas que estoy aquí sentado a la espera de que se cumpla la hora para publicar estas líneas, por suerte la tecnología nos permite jugar con el tiempo, así que, como siempre, a las veintitrés horas, de ayer, me fui a la cama ─soy como la Cenicienta pero con una hora menos, que para eso estamos en Canarias.
            Algunos dicen que para ser feliz, o realizarte como persona, tienes que plantar un árbol (ya llevo cinco, creo), tener un hijo (tengo dos y buenísimos) y escribir un libro (por suerte también tengo un par de ellos y otros en camino). Esta lista me parece corta, a ella podríamos añadir, entre otras actividades:
·         Mantener un blog (claro esto es algo nuevo, pero te aseguro que cuando sé que has entrado a leerlo me da mucha satisfacción y si eres de los que dejas un comentario es que eres la leche. Por cierto, además de este tengo otro para mis alumnos/as del cole que, si bien todavía no le he sacado todo el partido, estoy en ello).
·         Tener amigos (muchos y muy variados, hasta en el infierno) y algún enemigo (está claro que no le puedo gustar a todo el mundo).
·         Hacer todo lo que podamos para disfrutar de la vida (¡ufffff!, ¡pero si no he parado la pata, ni pienso hacerlo!: spinning, kárate, scouts, tuna, teatro, vela, montañismo, esquí, judo, natación, baloncesto, viajar, Magec…).
·         De vez en cuando una parranda, un dulcito, una buena cena, un chocolate, una copita de vino, unos rones… siempre acompañado de risas y amigos/as.
·         Tener una familia que te apoye (esto lo tengo de sobra, por todos lados), no solo la directa, sino también la política (aunque intente ingresar a mi suegra en un psiquiátrico y ella no se deje, jajaja).
·         Buscar nuevas metas (sin duda espero que durante los próximos cuarenta y un años pueda seguir aprendiendo y disfrutando de todo, y de todos, para después compartirlo, además, ya tengo cosas pensadas para cuando me jubile).
·         Desear a los demás siempre lo mejor y agradecerte que me leas.
Gracias por compartir este día conmigo. Se feliz.

«La vida de la señora María»

Cuentan que hace algún tiempo la señora María tuvo que acudir al ayuntamiento para realizar unas gestiones. Iba acompañada por sus cinco hijos, todos varones, que muy tranquilos esperaban sentados a que su madre terminara de hacer sus gestiones.
La funcionaria, asombrada por el buen comportamiento que mantenían los chicos y con el fin de entretenerse mientras María rellenaba los impresos, dijo:
─¡Que niños más buenos! ¿Cuántos años tienen?
La Señora María, levantó la vista, y comenzó a señalarlos:
─Diez, ocho, seis, cuatro y, el pequeño, dos.
─¿Cómo se llaman?
Ella volvió a señalarlos.
─Alejandro, Alejandro, Alejandro, Alejandro y Alejandro.
─¿Todos se llaman Alejandro? ─preguntó extrañada la oficinista.
─Sí.
─Y ¿Cómo hace para llamarlos a comer?
─Fácil, grito ¡Alejandro! y vienen los cinco.
─¿Y para ducharse?
─Fácil, grito ¡Alejandro! y vienen los cinco.
─Pero y si quiere que venga uno en concreto, ¿cómo lo hace?
─Lo llamo por el apellido.
(Basado en un viejo chiste del que me acordé)

«Clase de spinning»

            No sé muy bien como ocurrió, pero tras una llamada de mi hermana, la pequeña, me sorprendí envuelto en una nueva pequeña aventura para contar a mis nietos, y a ustedes.
Para ponernos en situación les comentaré que ella y mi hermano son «gimnasio adictos madrugadores», a saber: se levantan todos los días, casi de madrugada ─incluso antes de que las calles estén puestas─ para ir al Gym y de allí a trabajar. ¡Son la leche!, ¡que fuerza de voluntad! ¡Que envidia! Pues nada, picado por la curiosidad, y su reto, para allá me fui.
A las 7:00 de la mañana, ya estaba con mi pantaloncito prieto, camiseta deportiva, «nike´s» en los píes, más moral que el Alcoyano y el cachondeo constante de mis hermanos que aún no se lo creían.
Tras quince minutos, dando pedales y sin ir a ningún sitio ─a esto se llama calentar─, el sudor empezaba a hacer su aparición, menos mal que iba preparado con toalla y todo. El monitor empieza a hacer su trabajo ─había llegado tarde─, música a toda leche ─por aquello de mantener el espíritu─, ¡suban la intensidad! ─osea que del número cinco pasar al doce, de ahí al catorce, al quince… al diecisiete, ¡uf, eso duele!─ ¡arriba el culo! ─la leche, yo no sé si aguantaré esto─ ¡vamos! ─chilla, porque la música está tan alta que no se le oye─, ¡arriba!, ¡abajo!… y así durante una hora.
Comentarles que estoy hecho un toro. No solo aguanté toda la clase sino que, además me gustó. Fue muy divertido y una experiencia muy guapa al lado de dos de mis tres hermanos ─la otra es más pausada─. Hoy, un día después, no tengo agujetas y si no fuera por el madrugón, y los kilómetros, repetiría. Gracias por el momento y el desayuno (café con leche, zumo de naranja y bocata de jamón serrano y manchego), pá compensar. 

«Contando ovejas»

Quizás había llegado la hora. Una, dos, tres… ¡imposible! Doy vueltas y más vueltas. Cuatro, cinco, seis… Cambio de postura, ¡mejor así! Es posible que esto de contar ovejas funcione ─siete, ocho, nueve─. ¡Uf! Esta tarde no logré terminar el escrito aquel que tenía que enviar al banco… ─diez, once, doce─. ¡Me cahis! Se me olvidó llamar a la oficina de mi hermano ─trece, catorce, quince─. Tampoco puedo olvidarme de comprar los libros de los niños, la carne, el queso ─dieciseis, diecisiete, dieciocho─, los tomates, ¡¿tomates?!, ¡joder, se me pasó sacar la salsa del congelador! ─diecinueve, veinte, veintiuno─. Me estoy poniendo de los nervios, será mejor que me concentre ─veintidos, veintitrés, veinticuatro─. Vuelta «pá quí», vuelta al otro lado ─veinticinco, veintiséis, veintisiete─ ¿Quién dijo que esto de contar ovejas ayuda a relajarse? Veintiocho, veintinueve y treinta. ¡Vale!, están todas. ¡Sultán! recójelas y volvamos a la granja, es hora de hacer la siesta. 

«Las cosas del Facebook»

Más o menos la cosa empieza así: Recibo un email de un tal Fulanito que quiere ser mi amigo. Extrañado y antes de aceptar, por aquello de que uno es algo precavido o entrometido, entro en el perfil de esa persona para poder ver quién demonios es la verdad es que su nombre no me suena de nada.
            Tras un rato investigando en su perfil, resulta que el tal señor fue un compañero de instituto. Se sentaba dos asientos más adelante. Apenas si hablábamos en los recreos pero…, que le vamos a hacer, le acepto. ¡Bien ya tengo sesenta y un amigos!
            La historia se va repitiendo una y otra vez parece que el que más tiene más vale, sesenta y dos, sesenta y tres…
Esta es una de esas cosas que consigue el «Facebook», he logrado una cantidad de «amigos» impresionante en la actualidad tengo 147 y total «pá qué» apenas me hablo con ninguno de ellos.

«Disneyland Paris. 20 al 24 de julio de 2010»

Una alegre musiquilla, como de banda sonora o desfile triunfal, llega a mis oídos. No cabe duda, habíamos llegado al mágico mundo de Mickey Mouse.
Aquellos que me conocen saben que no soy nada amigo del mundo Disney. Odio las clases decoradas con sus dibujos animados, las princesas, el mundo azul y rosa…, pero aquí estoy, en Eurodisney, motivado por la alegría e ilusión que experimentan mis hijos y caminando al son triunfal de la musiquilla ambiental.
Lo cierto es que esto es una pasada. Todo es a lo grande. Hay atracciones divertidísimas, montañas rusas, música, pelis, tiendas, personajes a la espera de público…, más música, público al acoso y derribo de sus ídolos…, banda sonora constante y penetrante…
Parece mentira que este lugar irradie felicidad, pero es del todo cierto que se nota cierta magia que flota en el ambiente, quizás por las niñas y niños ilusionados por tanto color, y música ambiental, o, tal vez, por los padres y madres encantados por compartir la sonrisa y entusiasmo de sus «churumbeles».
Aunque estoy harto de las notas, que empiezan a martillar mis tímpanos, he de recomendarte que vengas, ¡esto es una pasada!, con o sin niños/as.

Las fotos te las enseño cuando quieras.

PRESENTACIÓN «DE AVENTURAS POR EL MUNDO»

Hace un par de días que llegué de mi última «pequeña aventura por el mundo». Compartir alguna de mis sensaciones es lo que me lleva a abrir esta nueva etiqueta donde pretendo contar de forma breve ─y espero que amena─ dónde he estado, qué he hecho, qué he visto…
Como siempre espero ver la huella de tu paso por los comentarios y si te apetece puedes darte de alta como seguidor/a. Gracias por leerme.

«En su honor»

Había una vez un individuo sentado en un sillón. Tras horas de lectura sintió un fuerte escalofrío cuando, en su mente, vio «El evangelio según Jesucristo», una obra increíble por culpa de la cual había tenido que marcharse de su país natal. Tras horas de imaginar cómo sería la «Tierra de pecado» descubrió, a través de la «Claraboya» que nunca vio la  luz,  lo que diera «Probablemente alegría» a todos los vecinos, ya que, «Levantado del suelo» y con clara nitidez, descubrió el «Ensayo sobre la ceguera» donde «Todos los nombres» quedarían reflejados para siempre.
            El personaje durmió. Una vez despertado por la pesadilla de sentirse «El hombre duplicado», y tras hacer «El viaje del elefante», se introdujo en el oscuro vientre de «La caverna» desde el que haría su último «Viaje a Portugal».
Tras jugar con los títulos de algunas de sus obras, in memoriam, te invito a que escojas uno y lo leas. 

«Comida sorpresa»

La cena se enfriaba en la mesa. Los niños correteaban alrededor del abuelo que, con la baba caída, dormitaba a la espera del resto de la familia.
Mamá, cacerola y cucharón en mano, comenzaba a emitir alaridos a la vez que golpeaba los instrumentos, rabiosa. Los mayores se habían retrasado ¿Qué estarían haciendo? Todos teníamos hambre así que al sentir el fuerte enfado de nuestra madre, comenzamos a sentarnos.
Papá no tardó mucho en llegar. Iba acompañado de nuestro tío y nuestro primo mayor que, orgulloso y abanando los brazos en alto, encabezaba el grupo. ¡Habían capturado al otro misionero! También teníamos garantizado el almuerzo de mañana.

«5 de junio de 2010: Día mundial del medio ambiente»

Parecía increíble. Hacía mucho tiempo que Jonás y su padre no veían tantos animales juntos. Algo raro había pasado.
Mientras el niño contemplaba, boquiabierto, los andares de cebras y elefantes, los rugidos y gemidos de leones y hienas, las payasadas de monos, gorilas y cabras…, los mayores decidieron reunirse para intentar descubrir qué era lo que había pasado y, sobre todo, intentar averiguar cómo habían llegado hasta allí todos aquellas alimañas.
Tras horas de discusión, María, una niña de apenas cuatro años, llamó la atención del grupo. Jonás, subido a un árbol, hacía las delicias de todas las bestias que parecían reír, divertidas, las monadas y tonterías que hacía y la actitud de todos los adultos. ¿Cómo era posible?
Decidieron separarse en grupos para explorar aquel espacio, con el fin, de intentar descubrir alguna explicación. ¡Todo era atrezzo! Las casas eran de cartón piedra, la calle era de mentira, los edificios no eran reales. Estaban en el interior de una jaula.
Una voz, como en off, les habló.
Ya es tarde. Habéis perdido la oportunidad que os di para cuidar y defender el planeta. Ahora les toca a ellos.
Los animales aplaudieron la decisión. La humanidad, o lo que quedaba de ella, se convirtieron en tristes «monos de feria», simples espectadores como hasta el momento de la nueva realidad mundial. 
Y todo por no cuidar lo que nos rodea.