«En un descanso del trabajo»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google
Salió a estirar las piernas y a despejar la cabeza. Encendió un pitillo mientras dejaba caer su cuerpo contra la pared, para lograr un punto de apoyo más seguro que el que le ofrecían sus cansadas piernas.
Del otro lado de la calle unos gritos llamaron su atención. Desde su distancia miró mientras apuraba un par de caladas al cigarro.
Una pareja parecían mantener una acalorada discusión. Sin previó aviso él levantó su mano y le cruzó la cara de derecha a izquierda. Ella cayó al suelo, como un pesado saco que es lanzado con desprecio.
Ana no lo pensó. Tiró el cigarro, con una clara señal de odio y desprecio. Comenzó a caminar con paso firme,  dirigiéndose hacia el hombre. 
Se acerco por detrás. Sin decir una sola palabra le rebanó el cuello. Limpió el cuchillo en la misma chaqueta del hombre. 

Relajada volvió al trabajo en la carnicería.

«Esos asombrosos autobares ambulantes»

Hace tiempo que no voy a una verbena. Sí, a una de esas verbenas de pueblo donde se baila en el centro de la plaza, lo más arrimados posible, intentando pillar cacho. 
Recuerdo con cierta nostalgia esas noches de verano, con las plazas decoradas, con una gran colección de guirnaldas de todos los colores; el gran escenario que lucía un cartel con el nombre del santo o virgen a los que estaban dedicados los fastos; el grupo preparado para empezar la actuación… 
Pero lo que más recuerdo son los autobares, aparcados a los lados, como delimitando la zona de baile de la de relaciones, haciendo su agosto —nunca mejor dicho. Recuerdo los bocatas de pollo, de lomo, los perritos…
Es curioso, ahora que lo pienso, esto de los bares ha ido evolucionando. Ahora del simple bocadillo se han creado caravanas que venden comida fusión, comida invención, japonesa, tailandesa y todo tipo de alimentos acabados en «-esa» y otros. Hasta hay un programa de televisión en el que unos súper cocineros, que son la repera, van por esas carreteras recorriendo la España profunda y la más cercana, para reproducir un plato típico o peculiar de la zona ,que después dan a probar y tal y tal.
Otra cosa curiosa que en estos días he visto, y que es el verdadero motivo de este post, es una nueva  furgoneta que tiene pinta de ir por los pueblos ofreciendo otro tipo de carnes.
La propuesta me parece, cuando menos interesante sobre todo teniendo en cuenta que con esto se demuestra que no está todo inventado y que cada uno se vende como quiere.
Ahora, eso sí, en la próxima verbena a la que vaya, paso de los autobares de bocadillos y me voy directo a está.  A ver si aprendo algo. ¿Te apetece echar un dancing?

Foto sacada de mi móvil. Puerto de la Cruz Octubre 2015.

«El duelo»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google
—¡Cuánta fuerza y qué poca puntería! —graznó aquel pirata cojo, de pata de palo, con parche en el ojo…, recién salido de una canción de Sabina—, sobre todo teniendo en cuenta tu tamaño —dijo golpeando su espada sobre la cabeza del pequeño que lo miraba boquiabierto.
—Hago lo que puedo —balbuceó el niño al ver que la tripulación reía con mucho desparpajo ante el error que él había cometido y la ocurrencia de su capitán.
—Ya veo chiquitín, pero ahora me toca a mí. Es lo que tienen los duelos.
El niño temblaba. Sabía que la vida podía irle en ello.

El hombretón cargó e hizo su disparo. La baba resbaló fallando. La tripulación se rió de él, pero ahora, desde la distancia, y viendo la actitud que el fiero capitán mantiene con el chico, todos saben que erró adrede en el duelo de escupitajos. Se había encariñado del enano.

«¿Dónde se compra?»

Extraída, sin permiso, de San Google
A la puerta del garaje de mi trabajo hay un conserje-vedel-subalterno, o lo que sea —en este post intenté definir las diferencias del rango, sin conclusión alguna—, que se encarga de contar la cantidad de vehículos que entra en el aparcamiento y que todos lleven su debida autorización, asegurándose de que está colocada en lugar visible.
Lo que a priori parece ser un trabajo menor tiene su importancia, teniendo en cuenta que las plazas son limitadas y que, con el fin de evitar atascos, peleas o aglomeraciones, hace falta llevar el control del acceso. 
Cuando él calcula que han entrado tantos vehículos como plazas libres, se cierra la puerta y santas pascuas. No siempre lo consigue. 
Para realizar tal cometido y como en todo trabajo, tiene  sus propias herramientas. Hasta hace muy poco llevaba una carpetilla que trababa unos folios, en donde iba tachando cuadraditos, que simbolizaban plazas libres, y cuando aquella inmensa cuadrícula se terminaba, él suponía que ya estaba lleno. La cuenta no siempre resultaba correcta.
Desde hace un tiempo para esta parte, la carpeta ha sido sustituida por un pequeño artilugio, que lleva escondido entre los dedos de su mano, con el que va clicando, apretando el dedo gordo, cada vez que un vehículo accede a las entrañas del recinto. Supongo que, de memoria conocé el número de plazas vacantes y cuando se alcanzan cierra la puerta. Parece ser que el tal aparato contador tampoco es exacto del todo. En muchas ocasiones siempre hay alguien que entra por una puerta y, tras dar una vuelta al ruedo, tiene que abandonar el edificio por la otra al no encontrar sitio libre.

Verlo ahí, todos las mañanas, con el contador de personas en la mano, de coches en este caso, me ha dado la idea de que cada uno de nosotros deberíamos tener uno de esos y así poder contar las veces que los políticos nos mienten, nos roban, nos ningunean, nos abandonan… pero  de política hablaremos otro día, que hoy no sé donde se compra el útil aparatito.

«Tipos de turismo»

Extraída, sin permiso, de San Google
¿Ya estamos todos incorporados al trabajo? Es es así ya estamos conectados a las redes. Hay un estudio —no recuerdo dónde lo leí— que en resumen viene a decir que es durante la jornada laboral cuando más se visitan y leen las redes sociales. Ahora que hemos vuelto de vacaciones esto se nota. 
Los compañeros del curro cuentan sus vacaciones, cuelgan fotos, comentan… Las hay de todo tipo y con mucho tipo de finalidades:
1.- Turismo para relajarse: Hotel todo incluido, spa, piscina infinita… Lo que significa  ganar un par de kilos —mínimo— y salir con dolores de espalda por culpa de la hamaca o el colchón de la habitación.
2.- Turismo de montaña: Caminar y caminar viendo cataratas, hasta reventarse los dedos de los pies, otra catarata, por esos mundos perdidos, otra catarata, haciendo o deshaciendo el Camino, tragando polvo, sufriendo… Al final terminas hasta los mismísimos de tanta catarata.
3.- Turismo por capitales europeas: siete días a tope visitando museos, pinacotecas, como en España no se como en ningún lado, fíjate que raro conducen… y terminando más cansado que un mes en el trabajo, con lo cual a la vuelta pretendes no dar ni golpe.
4.- Turismo sexual: Fiestas exóticas, con chicos o chicas o ambos, exóticamente vestidos, de otras nacionalidades, de otras razas, de otros gustos… Hay para todo.
5.- Turismo médico: Ir a ponerte unas tetas, quitarte unos kilos, un marcapasos, una prótesis…
Pero la bomba, el no va más, es lo que nos acabamos de estrenar:
6.- TURISMO ACADÉMICO: como en mi Comunidad de origen, que por cierto habla otra lengua co-oficial del estado, la cual he suspendido, y por lo tanto no puedo conseguir el título de Bachiller, me piro pá Canarias unos días —debe ser porque nos ven con cara de gilipollas— e intento matricularme en segundo de Bachillerato. Como esa lengua materna no se imparte, en teoría, debería poder solicitar mi título —«¡mandagüebosquelistoelpollo!»—, pagar las tasas y esperar. «Pos no bonito. Gilipollas sí, pero `tontosdelculo´ no».
¿Qué te parece? ¿Qué turismo extraño has visto, te has enterado, o has hecho?
Gracias por leerme.

PD: Al «¡mandagüebosquelistoelpollo!» se le denegó el título al no cursar sus estudios de segundo de Bachillerato en Canarias.

«¿En qué piensas cuando ves golondrinas pasar?»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google
Si había algo que le gustaba era quedarse quieto y mirar al cielo. Esperaba. No le importaba de que fueran días con tal de ver pasar las golondrinas. Era su mayor afición.
El verano había concluido, o al menos estaba a punto de hacerlo, y sabía, por esa experiencia que se aprende con los años, que solo tenía que sentarse y esperar. Ya faltaba poco para ver su vuelo. 
Mirando a lo azul vio pasar pasar las aves, con su señorial vuelo y su forma característica,  mezcladas entre nubes con forma de letras, o que parecían textos completos, algunas con tendencia a convertirse en sueños alcanzables y unas pocas, más altas, intocables…, pero todas con el mismo carácter de nuevos proyectos por realizar.

Tras su letargo estival había llegado el momento de retomar el camino, pretendía cumplir con todos esos nuevos retos avistados. Inequívocamente cada uno tiene sus propias golondrinas.

«Cerrado por vacaciones»

Extraída, sin permiso, de San Google

Calculo que estaremos a unos 30.º centígrados. La falta de aire, la escasez de nubes en el cielo y el asfixiante calor hace que muchas personas, y otros seres humanos y/o de compañía, los que no se han ido de viaje, estén en la playa, en la sombra, en el sofá, en la piscina…, relajando sus sudorosos y cansados cuerpos. 
Por mi parte, aunque ya me he enfundado las bermudas y las chanclas, por aquí ando, a medio gas. Lo cierto es que llevo tiempo en «modo semi-vacaciones» lo que me hace ir aflojando, poco a poco, el ritmo en muchas de mis actividades. Así que, como estoy parado y acodado en esta esquina, viendo pasar a muy poca gente, o eso al menos me dice el chivato de las estadísticas de visitas de este blog, he decidido tomarme, y darte, un respiro. 
¡ME PIRO, VAMPIRO! 
Saco el cartel y lo cuelgo en la farola, por aquello de avisar a los y las despistadas.
Pasa unas felices vacaciones y espero que nos veamos a tu vuelta. 
¡¡¡FELIZ VERANO!!!

«Y se hizo una luz»

Foto de mi móvil
Aprovecho que veo luz para levantarme. Aunque lo hago extrañado, algo asustado y a regañadientes. ¿Qué hace esa lámpara ahí? ¿Quién la ha puesto? ¿Quién la ha encendido? Yo no.
Desde la distancia la observo con detenimiento. Es la primera vez que la veo. 
Es una lámpara sencilla, de esas de pie. Seguro que tienes una en tu casa, aunque es posible que no parecida, ni igual. Eso no importa. No sé porqué está encendida. No se oye nada. No hay nadie. Esto es muy extraño.
Nos separan diez metros y te aseguro que hace un rato ahí no había nada. Un frío perturbador recorre mis venas, lo que hace que se erice el vello de mis brazos. Por curiosidad me acerco, aunque vigilante.

A tan solo un metro de distancia no puedo descubrir nada, pero cuando estiro mi mano para tocar la tulipa, lo entiendo todo. No debo asustarme, ya sé lo que ocurre. No recordaba de que a veces, en mi cerebro se enciende una bombilla, una idea. ¡Caray!, ¡he tenido una idea! Pero perdóname por estas letras. Tener una buena idea es poco habitual y me apetecía contarlo. 

«¿Tomamos un café?»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google
Un grupo numeroso de
personas se sienta en un bar y empiezan a pedir, entre otras cosas,
cafés. La camarera, armada con una preciosa sonrisa, comienza a
atenderlos:
‬—Cortado.
—Solo.
—Solo
largo.
Su mirada va pasando, de manera relajada, pero atenta, de
uno en uno de los presentes.
—Solo
con hielo.
—Cortado
con leche desnatada.
—El
mío con leche de soja.
—Cortado
tibio.
La sonrisa empieza a cambiar de ángulo a la vez que la de
los clientes aumenta escuchando tanta variedad. Ellos siguen
pidiendo
—Café largo
con hielo.
—Cortado
con leche condensada. 
—Cortado
con leche fría.
—Cortado
con sacarina.
—Café
con leche.
Una vez terminada la ronda, la ahora circunspecta
camarera, pregunta:
—¿Falta
alguién? —Al estar
segura de que no, se marcha, sin esperar la respuesta.
Todos ríen
y comentan lo que acaba de ocurrir. Una de las presentes hace caer en
cuanta al grupo de que la chica no había tomado ni una sola nota.
Todos vuelven a reir. Como conclusión estiman de que es imposible de
que se acuerde de todo.
La camarera regresa con una bandeja.
—Les
dejo la cafetera en el centro, las tazas, los vasos, los distintos
tipos de leche y azúcares. ¡Ánimo! no es tan difícil!
¿Te
identificas con este grupo? ¿qué te parece la reacción de la
camarera? ¿Cómo hubieras actuado tú?

«En un tiempo muerto»

Clase de natación
Una vez mas escribo mientras espero a que las actividades extraescolares de mis hijos terminan. Sin duda es una buena manera de pasar el tiempo y aprovechar para que las ideas que, a veces, se agolpan en mi mente cojan forma y dejen de castañearme en la cabeza.
En esta ocasión la inspiración viene en forma de monitor de natación de niños pequeños. Me río al oír los gritos que les da a esos pequeños afortunados, con el agua hasta el cuello, para que le hagan caso y muevan los brazos, o pataleen fuerte sus pequeñas piernas, o para que estiren sus delicados cuellos y así poder sacar sus bocas abiertas fuera del agua, alejando el peligro de ahogamiento. 
Mas gracia me hacen las madres y padres que, sentados en las gradas, ansiosos, se comen las uñas al sentir como propio el sufrimiento de sus pequeños solicitándoles ayuda y salvación ante el imponente ser acuático que les ordena, recrimina y premia con voz tan potente. Algún osado progenitor, se atreve a emitir algún grito, con consejos protectores para sus descendientes. El monitor, ahora trasformado en ogro, les atraviesa los ojos y les manda a callar convidándolos a que le dejen hacer su trabajo o a que abandonen el espectáculo si no pueden soportar unos pocos llantos.
No me extraña que estos niños aprendan a nadar. Yo también lo haría ante tremendo Poseidón reinando estas aguas, entre gritos y alaridos, obligando a realizar todos esos movimientos, a la vez que limpia mocos, seca lágrimas, ahuyenta a familiares e intenta, no solo que no se le ahogue ninguno de sus pupilos, sino que además, aprendan a nadar y así disminuir las posibilidades de que jamás se ahoguen por no saber hacerlo. 
Si el nadar fuera letra y el agua sangre, se haría realidad el famoso dicho educativo»con sangra la letra entra». Animo chicos, ya queda menos para que esta clase de sufrimiento termine.
Como decía, mientras miro, yo aprovecho el tiempo escribiendo, no vaya a ser que ante tanto ruido me de por meterme en el agua, que por falta de ganas no será. 
Y tu, ¿cómo aprendiste a nadar? ¿Que haces en tus tiempos muertos?  ¿Has sido uno de esos padres/madres que soporta estoicamente los llantos de tus pequeños sentados en el borde de la piscina, o con el agua hasta el cuello? ¿Alguna anécdota que contar de las clases de natación?