«Como pompas de jabón»

Extraída, sin permiso, de San Google
Yo paseaba. Ellas disfrutaban de la mañana, dándose un sencillo baño de rayos de sol, en la plaza. En el centro, llamando la atención de los transeúntes, el titiritero juega con sus marionetas; en la esquina de la derecha, un perroflauta lame a su amo; y en lo alto del bordillo de la fuente, un personaje, con nariz de payaso, inventa una enorme pompa de jabón con dos cuerdas enlazadas a sendos palos.
Madre e hija disfrutan del espectáculo. La pequeña, con la boca abierta, quiere salir corriendo y estrellar su cuerpo contra la etérea materia de jabón y agua, pero los preciosos colores que los rayos del sol le devuelven, al atravesar el elemento, se lo impide.

Su madre disfruta con la sonrisa de su hija. Sus pensamientos se atiborran al recordar que su mundo acaba de explotar, como aquella pompa que la niña señala alejada de toda realidad. 

«Retomando la normalidad»

Extraído, sin permiso, de San Google
Como lo prometido es deuda, ya estoy por aquí. Han sido unas vacaciones bastante relajadas, en lo que a la escritura se refiere. Decidí que iba a tomarme un descanso y así ha sido. En todas las vacaciones NO HE ESCRITO UNA SOLA LETRA. Por lo demás han sido, y son —ya que aún me quedan un par de días de vacaciones—, un sin parar. Bueno, qué te voy a contar. En mi tónica —por supuesto con ginebra incluida.
Han sido muchos días de comidas, de amigos, de fiestas, de lectura, de viaje, y de un montón de actividades que, si me lo permites, que poco a poco te iré contando.
Como novedades para este año, además de los consabidos buenos propósitos —deporte, adelgazar, escribir más, recuperar viejas amistades…— comentarte que tengo en mente dos nuevos proyectos editoriales. El primero ya se está calentando. ¿Te acuerdas de aquella entrada en el blog en la que hablaba de que iba a presentarme a un concurso literario? Pues como era de esperar no saqué nada, pero a una Editorial le ha gustado la historia y quiere publicar. Espero que a lo largo de la semana que viene pueda contarte algo más e ir compartiendo el paso a paso. 
La segunda historia consistirá en sacarme una espina que tengo clavada. De esta no puedo decir nada, aún, pero dentro de poco…
Por último susurrarte de que también retomo la escritura de la historia que me tengo entre manos y que ya va por el capitulo seis de no sé aún cuántos. Pero la trama empieza a tener forma.

Como ves empiezo el año con fuerza y es que no hay nada como volver a los horarios locos, a la realización de la multiactividad, para organizar mi mente, mis ánimos y las ganas de seguir disfrutando de la vida. Espero así luchar contra la creencia que tienen algunos de que la normalidad consiste en recobrar su antipática, seca y maleducada existencia. Menos mal que tú no eres de esas personas.

«¿Y si los siete enanitos votaran?»

Extraída, sin permiso, de San Google
Supongamos por un momento que los famosos siete enanitos del cuento de los Hermanos Grimm viven en la actualidad. Como buenos conciudadanos que son van a votar en las futuras elecciones pero, al vivir en el bosque, tan alejados de la ciudad rodeados de tantos peligros, deciden que ejercerán su derecho por correo. 
Al llegar las papeletas y atendiendo a las características diferenciados de cada no de ellos, la cosa podría quedar más o menos así:
  • Sabio: Decide leer con calma cada uno de los programas electorales, aunque ya sabe por quién va a votar.
  • Gruñón: También accede a leer las distintas propuestas, pero lo hace desde el desencanto, protesta por todas ellas. no ve nada claro.
  • Mudito: Siguiendo el ejemplo de sus hermanos, ojea, por encima, las propagandas que llegan a casa. No lo comenta.
  • Dormilón: Eso de leer, la política, las propuestas…¡pufff!, menudo rollo.
  • Feliz: Sus pensamientos están en otro cosa. básicamente se resumen en: todos son iguales; yo paso; a mi plin…
  • Tímido: Lleva días observando. No sabe qué hacer. Mira lo que hacen los demás, escucha sus comentarios. Le domina el pensamiento ¿y si me equivoco?
  • Mocoso: Se fía de sabio. Lo que vote él eso mismo hará. 

Además ellos en el bosque hay un montón de personajes que se presentan por los diferentes partidos: el lobo, el leñador, Blancanieves, la abuela… 
¿Podrías unir a cada personaje con un candidato/a? ¿Se asemejan los enanitos con las personas de tu entorno?

«Mujeres, hombres y viceversa»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google
Más que el programa de televisión en sí, que me ha costado verlo, lo que llamó mi atención para escribir este post son los comentarios que la gente que sí que lo ve con asiduidad, hacen del mismo. Mucho de su público lo critica, incluso hay una campaña en las redes para que lo quiten, por machista y no sé que cosas más, pero para hacerlo imagino que lo ven.
Sin duda alguna «Mujeres, hombres y viceversa» es, cuando menos, un sorprendente entretenimiento para el que participar, como público, hay que tener cierto estómago y, para hacerlo como participante, hay que carecer de neuronas o, al menos, demostrarlo.
Aún no tengo muy claro de qué va el asunto, pero por lo que pude deducir hay uno o una de los concursantes que se sienta en una especie de trono y va concertando citas, para ver con cuál de los demás presentes se queda. Se entiende que para entablar una relación lo más movida posible, que después discutirán en el plató, emitirán cortes, se engañarán, criticarán…, y así poder sacar las bajezas más increíbles con las que poder vender el programa.
A ojo de buen cubero, lo que sí que me ha quedado claro es que el casting lo hacen teniendo en cuenta las siguientes variables:
  • Para las chicas: Lo importante son las curvas, pechos, glúteos, labios y pómulos. Los tatuajes parecen puntuar extra.
  • Para los chicos: Lo importante son los bíceps, tríceps, pechos, glúteos, labios y pómulos. Los tatuajes parecen puntuar extra.
Además, en ambos casos, ser escandoloso/a, tener ganas de exhibirse y ser una persona sueltita de tuercas, parecen ser valores a tener en cuenta.

Son mucho los chistes que van pululando por las redes sociales sobre el programa y sus espectadores que, sin duda alguna, son mujeres, hombres y viceversa, aunque de ellos hay quien piensa que viceversa significa bisexual. En fin, cosas de la pluralidad cultural de nuestro país.

«Un buen desayuno»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google

Salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos. A veces lo hacen como haces de luz, otras con forma de pequeñas mariposas multicolares y en algunas ocasiones como pequeños suspiros. Se escabullen por la pequeña rendija que queda entre la puerta y el cálido rebestimiento de paquet que protege el suelo.

Del otro lado, papá y mamá, cazamariposas en manos, los atrapan para que no se escape ninguno de ellos. Saben que aquella es una de las noches del año en la que deben montar guardia.

Amanece. Tras una larga noche en vela creen haberlos cogidos casi todos. Siempre hay alguno que logra escabullirse y jamás será encontrado. 

Los desayunos de los niños están servidos. Ellos se relamen. Mamá y papá se miran satisfechos. Una vez capturados los sueños que intentaban fugarse, se los han mezclado en la leche. Ahora volverán a su sitio y sus hijos continuarán siendo niños.

«Le pica el chocho»

Foto de mi móvil

Pues sí, para qué voy a engañarles ni andarme por las ramas. Le pica el chocho, y mucho. Lo llevo notando desde hace un rato. Pero claro, dicho así, a lo bestia, parece un poco exagerado. Será mejor que me explique un poco.
Como todos los jueves a media tarde, me siento en la terraza de mi bar favorito. Con toda la tranquilidad del mundo me pido y disfruto de un cortado. A la vez ataco un par de capítulos de la  lectura que tengo entre manos.
Enfrente una rubia imponente y lo que parece ser su pareja, se sientan y piden un par de cervezas a Manolo, el camarero, que mirándome de soslayo me hace unas señas. Interpreto que son para recalcar lo buena que está la guiri.
Pasado un rato, me llama la atención los aspamientos y los movimientos inquietos de la rubia en su asiento. Constantemente  se toca la boca, dice algo a su acompañante y baja la mano por debajo de mi campo de visión, y de su mesa, para luego volverla a subir y nerviosamente darle un buche a la cerveza. Ya no puedo seguir leyendo, así que me dedico a observarla.
En una de esas llama a Manolo, el camarero, que al pasar por mi lado me habla por lo bajini: «Parece que le pica el chocho», dice el tío mientras acude raudo a la llamada de la susodicha, entre risitas y vacilones con el otro camarero.
No oigo la conversación, pero entiendo el calentón de la rubia. Manolo, el muy cabroncete, le ha vuelto a poner picante a los altramuces con los que acompaña las cervezas.

«Alpha, Bravo, Charli, Delta. O de cómo deletrear sin confusión»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google
A veces en el trabajo tengo que deletrear direcciones de correos electrónicos, códigos alfanuméricos, palabras… Para que la persona que está al otro lado del teléfono me entienda y no haya confusión utilizo la técnica de reemplazar la letra por una palabra frecuente. En mi caso, normalmente utilizo lugares: A de Asturias, B de Barcelona, C de Canarias…,T de Tenerife… Lo cierto es que me sale de manera tan espontánea que, en ocasiones, la persona que está al otro lado no se da cuenta de que le estoy deletreando hasta bien avanzado el acto.
¿Porqué elijo esas palabras? Imagino que lo hago por algún tipo de aprendizaje que no logro entender. En otros casos, por ejemplo en las películas de guerra, se usa el que he mencionado en el título de esta entrada. 
        Por lo que he indagado en «San Google» los topónimos son los más usados en España para esta tarea. También se puede usar nombres de personas, apellidos…
Y aquí está la propuesta de hoy: ¿Me ayudas a componer un nuevo código para deletrear? 
Para poder organizar un poco debemos cumplir los siguientes requisitos:
  1. Puedes aportar tantas palabras como quieras.
  2. Deberán cumplir el esquema: L de Libertad.
  3. Han de ser fáciles de asociar a la letra que pretende definir. 
  4. Preferiblemente que empiece por ella, aunque hay algunas que, como resulta más que evidente, podrá contenerla. 
  5. Tendrán que estar relacionadas con la FELICIDAD.
  6. Puedes explicar porqué la eliges. Por ejemplo: Y de Yo. Porque yo tengo que ser feliz.
  7. No vale repetir letra.
  8. Puedes dejar tus palabras aquí o en el Facebook.
¿Te apetece jugar a deletrear conmigo?
Empiezo:

A de Alegría, B de Baile, C de Contento-a, D de Dicha…

«El paso a paso de una transformación»

Foto de mi móvil.

Es una pasada como, con un brochazo acá, un retoque allá, un cosidito por allí y algún que otro detalle, es posible cambiar la cara de una persona, algunas para mejorar, según se mire. Eso hacen los transformer, los travestis, los trans…
Eso es lo que ha ocurrido hace unos días. Nuestra sociedad ha ido cambiando la cara y, aunque parece mentira y algunos/as/es/… les pese, el Halloween, esa fiesta pagana y de yankis, está aquí y además, vino para quedarse.
Es increíble como por todos lados proliferan las fiestas de adultos y las pandillas de niñas y niños, todos ellos terroríficamente disfrazados, van tocando los timbres de las casas solicitando el ya consabido «truco o trato».
También sé que muchos de ustedes les da grima toda esta moda, y que están en contra de estas nuevas fiestas o «tradiciones» anglosajonas que nos invaden. Pero lo siento, sabes lo novelero que soy y que intento no perderme una. Así que ya te imaginarás que esta fiesta no me la perdí.
Y como uno es medio «trans» aquí les dejo el paso a paso de la transformación a la que fui sometido el pasado sábado, para poder acudir adecuadamente engalanado a la fiesta organizada en casa de unos amigos.
Foto de mi móvil

¿Qué te parece? ¿Tú te disfrazaste? ¿Hiciste «truco o trato»? Ya me contarás.

«El vendedor ambulante»

Imagen sacada, sin permiso de San Google
Manuel está sentado en la sala de espera del Ministerio. La funcionaria que lo tiene que atender está respondiendo las consultas de una señora que llegó antes que él. Aburrido las observa. Solo espera que cuando termine sea su turno y que no lo dejen colgado por ser la hora del desayuno. No lo cree. A la empleada pública se la ve concentrada en lo que hace, eso le da confianza.
Pasados unos minutos, un señor, con pinta de funcionario, se acerca por detrás de su compañera. Dirigiéndose a ambos —parece que también conoce a la señora que está siendo atendida— dice algo por lo bajini y acomoda junto a la mesa una bolsa de lo que parecen ser aguacates. Ella abre el monedero y abona una cantidad.
Por fin la señora se pone en pie y comienza a despedirse. Intercambian un par de palabras, entre las que destacan las que le sirven para darle las gracias por la compra realizada. También recoge de la mesa lo que parece una revista de productos de una famosa marca de maquillaje. 
La funcionaria mira a Manuel y antes de hacerle la señal para que pueda acercarse se interpone entre ellos otra funcionaria para dejar y cobrar la rifa de pro-viaje de fin de curso de su hijo.
Con Manuel aún esperando, el de los aguacates vuelve a aparecer, esta vez sin bolsas en las manos, haciendo alarde de haber vendido toda la fruta que había traído. Ahora bajará al garaje a por más. Promete traerles unas naranjas buenísimas la semana que viene.

Manuel se queda aturdido, no sabía de que aquello fuera un mercado.