«Modo tío sufridor activado»

Modo tío activado, pero no soporto los llanto

El modo «tío sufridor» es una aplicación gratuita que he tenido que descargarme recientemente. A modo de resumen te comento que consiste en permitir que tu hermana y cuñado te la metan doblada, haciéndote creer que eres la persona ideal para quedarte con sus hijos de uno y cuatro años, durante un fin de semana, ¡sí!, durante todo un fin de semana (viernes, sábado y domingo), para ellos poderse ir de farra a una boda.

Desde el primer momento tuve que haber sospechado que aquello era un malware. Sobre todo cuando te dicen: «¡Tranquilo!, yo te preparo las cosas, te las meto en mi coche y ya te quedas con él, y de fondo, como de música ambiente, se escucha una suave risa.»

No veas como iba el coche. Parecía un carromato de los que salían rumbo al oeste americano: dos sillas de retención infantil, una sillita de paseo, mochila para transporte a cuestas de niño, bolso de ella, bolso de él —no te cuento lo que llevaban los bolsos porque me quedo sin espacio— , patineta para ella…

Una vez montados en el burro, ¿qué haces? Pues nada, ¡arre burro! Le di al play de la app y todo para delante, que ya saldrá el sol por algún lado. La citada aplicación comenzó entonces su cuenta particular.

Minuto 1: Cuando los niños se dan cuenta de que soy yo el que conduce y que su madre escabulle el bulto, a la sordina, comienza el llanto. ¿Tengo que pasar así 36 kilómetros? —se oyen risas— suerte que están recién salidos del cole, agotados, y que no hayan dormido siesta ayuda. Se duermen.

30 minutos más tarde: Llegamos a casa. Se despiertan. Llanto. El pequeñajo se calla si está en brazos. Amen ¿quieres brazos? ¡toma brazos!, pero no llores. ¡A ver cómo bajo todo esto y no me quedo baldado! Escucho unas risas. 

Esa tarde: Nos vamos de paseo. En el coche llanto. Paseando por la calle se calla. ¡Venga hoy haremos kilómetros! Las risas vuelven a sonar.

Noche: Ducha = llanto. Cena = llanto. Vómito = llanto. Duermen… Descansamos hasta el próximo llanto. —Risas? ¿Quién ríe?— Me habían avisado de que el pequeño se despertaba a las 3:00 para tomarse el biberón —que resulta repetir el ciclo: vómito = llanto = brazos = más risas (esto empieza a preocuparme ¿de verdad las escucho?— pero no que la niña tenía el síndrome “mamá te echo de menos y por eso llora a cada hora para recordarlo”.

Sábado: Amanecida. 6:00 y ya en la tele sentado. Llanto, brazos, biberón, brazos, vómito, risas, llanto, brazos, risas, brasos, brazos, brazos… kilómetros, kilómetros… Así todo el día, para qué cansarte. Lo de las risas se vuelve preocupante. ¿Soy el único que las escucha?

Noche: Ducha = llanto. Cena = llanto. Vómito = llanto. Duermen… Descansamos hasta el próximo llanto. Las risas siguen. El biberón se adelanta es la 1:00. Vómito = llanto = brazos = más que risas ya es descojono. A las 3:00 se repite todo, no me extraña el pobre no ha comido. Preparo el biberón —vómito = llanto = brazos = más risas ¡Ahora sí!, miro el móvil, creo que la aplicación es la que emite esas risas. ¿Se ríe de mí?— La niña sigue recordando a sus padres a cada hora: las dos, las tres, las cuatro… Las risas van acorde.

Domingo: “Sí mi amor, mamá y papá vienen hoy.” Ahora el que se ríe soy yo. Para evitar los llantos ya lo tengo claro, brazos, brazos, brazos… Los vómitos también los evito, ¡Hoy a dieta! Según Aena el avión llega a las 15:30. A las 15:00 recibo un mensaje de mi hermana: “El vuelo se ha adelantado, cosa rara. Ya estoy en el aeropuerto. Te esperamos.”. Mi respuesta es clara: “Yo también estoy en el Aeropuerto”.

En menos de lo que sale un vómito, entrego niña, niño y pertrechos a sus desconsolados propietarios. Aún no se han montado en el coche cuando nosotros ya estamos en la autopista camino de casa. Esa tarde ninguno de los cuatro dijo uno sola palabra. Silencio total.

A día de hoy, todos somos felices. Me he borrado la aplicación del móvil y tengo una orden judicial que me libera durante, al menos, diez años y un día, de volver a quedarme con mis sobrinos, a no ser que el pago sea sustancioso. Las voces desaparecieron, llegué a la conclusión de que, o era una enfermedad mental transitoria, o mi propia estampa la que se reía de mi y de lo gilipollas que soy. El niño, el pobre que no tiene culpa de nada, fue a su pediatra y de ahí a un especialista y le han diagnosticado una enfermedad celíaca, que decidió debutar en mi casa, por aquello de descojonarse del mundo. A día hoy está en fase de recuperación y los vómitos han remitido.

Gracias por leerme.

PD. Enano, nada de esto importa, te queremos.

«Secando la mojama»

La mojama es una delicatessen culinaria hecha con lomos de atún, en salazón y secada al sol, que bien vale la pena una parada en nuestras ajetreadas vidas para disfrutarla (Aquí tienes alguna receta).

Tras el verano, además de poder degustarla acompañada con un par de cañas, me asombra ver por la calle la cantidad de personas que aprovechando las recomendaciones para la elaboración de tan preciado alimento, o han querido parecerse a él plenamente conscientes o se han disparatado y no saben lo que tienen entre manos.

Yo, que en la playa tiendo a pasar las horas a la sombra de la sombrilla o de los pinos, me asombra ver a esas personas que, como digo, aprovechando que son conocedores del proceso de elaboración de la mojama, exponen al sol sus suculentos lomos, como si de los del atún se tratara, los lavan en las saladas aguas de nuestros mares, a fin de cubrirlos de sal, para posteriormente prensarlos bien contra la suavidad de las toallas tendidas sobre la arena o la tumbona de turno.

Me asombra mucho ver como así, de esa guisa, se pasan no solo horas, sino varios días depende del tamaño de las piezas y de las vacaciones, tostando y secando al sol, sus lomos. Cuando la cosa empieza a oler a chamusquina se vuelven a lavar y vuelta a dejar secar, enviando documentos gráficos (exóticas piernas depiladas o peludas, bellos dedos gordos, exóticos lunares…) por las redes sociales del momento.

Durante este proceso, tanto las piezas de atún como las carnes humanas, cambian de color, pasando del tono natural al rojo, denotando así la pérdida de agua e iniciándose el proceso ue hace que la carne se encoja y arrugue.

Y por ahí van. Caminando con la cabeza alta, aunque no puedan ni pestañear a causa del escozor que les produce su actual estado, mientras otros, desde los privilegiados miradores en los que convertimos las terrazas de los chiringuitos, disfrutamos de un buen aperitivo.

¿Eres de dejarte hacer mojama o de sombrita? ¿Has probado la mojama pregunto por la del atún, mente sucia?

Gracias por leerme.

«¿Quién manosea mis toallas?»

¿Quién es esta toalla?

Lo más sorprendente de decirle a mis amistades y conocidos que en las pasadas vacaciones he estado de crucero es que todo el mundo me pregunta lo mismo «¿Qué animales te hicieron con las toallas?». Así que todo el muno parece conocer que con un par de toallas de baño, o de manos, los incansables tripulantes asignados a los camarotes son capaces de representar una serie de animales, como si de pobladores del arca de Noé se tratara.

Al parecer es una tradición del todo extendida en este tipo de vacaciones, ya que personas que han viajado con distintas navieras relatan el mismo acontecimiento. Por si no lo sabes, la cosa es que, normalmente a tu regreso al camarote tras la cena, el espectáculo, la visita al casino, el paso por el pub y las copas tomadas, sobre tu cama te sorprende la representación de un animal.

El encuentro puede ser bastante guasón. Todos, los adultos primero, nos lanzamos a la caza y captura de la foto del susodicho espécimen antes de que se desarme por completo. Por norma general puedes encontrar todo tipo de animales: cangrejos, elefantes cisnes…, y un largo etcétera que te sorprenderá (si tienes más curiosidad aquí te dejo el enlace a un video de cómo hacer alguno de esos bichos).

Sí, no negaré que es curioso, pero lo que más me sorprende es la aparente amabilidad con la que los asistentes de camarotes, aún con la práctica que tienen por la fuerza de la costumbre, realizan tal adorno, ya que les lleva tiempo e imagino que hartura, sobre todo cuando tienes tantos camarotes que limpiar y ordenar, por la mañana, para volver a preparar para la noche; «perder el tiempo» en hacer esos animalejos, con el fin de caer bien, sorprender al inquilino en cuestión para poder ganarse una propina no debe resultar tan gracioso como nos parece a nosotros encontrarlo.

En fin, que como de todo se aprende, veo que las toallas, además de su parecido con las calculadoras —¿no conoces el chiste de en qué se parecen una calculadora y una toalla?, ¡ups! pincha aquí, pero te aviso que es muy basto—, sirven para más cosas, aunque estas sean entretener a unos míseros cruceristas, que además ya viajan con las propinas pagadas.

¿Has hecho algún crucero? ¿Conocías esto de las toallas? ¿Qué animales te hicieron? ¿Qué te parece esta «tradición»?…

P.D. Las toallas manoseadas no son las mismas con las que te secas. Lo digo para conocimiento de las personas escrupulosas que pasean por esta esquina. :)

Gracias por leerme.

«Un estuche cargado de ilusión»

Estuche

No hace falta que te lo recuerde. Lo sé. Pero no puedo resistirme. Ya casi llevas una semana en el cole y dentro de pocos días llegarán, cargados de energía, entre otras cosas, tus verdaderos compañeros de viaje.

Sé que has cumplido algunas de las recomendaciones que escribí para el verano (puedes repasarlas en este post) pero ahora, que ya tienes la clase limpia y ordenada, empiezas a ver de cerca la cruda realidad, has de plantearte que debes enfrentarte a todo un curso escolar. Para ello nada mejor que cargar tu estuche con los mejores materiales escolares que puedas encontrar:

  1. UNA TIJERA: para poder recortar todos los malos rollos y entrar en clase feliz y contento. En buena medida de eso dependerá tu existencia.

  2. CUADERNO DE NOTAS: donde puedas tener todo registrado. Empiezas a tener una edad en la que más vale tener maña que falta de memoria.

  3. BOLÍGRAFO VERDE: para reforzar lo positivo frente a lo negativo. Si no conoces la “Técnica del bolígrafo verde” puedes consultarla aquí.

  4. ROTULADORES (al menos 24 colores): para llenar la clase de colorido, alegría y entusiasmo, en todas las tareas y proyectos que acometas.

  5. PLASTILINA DE COLORES: que te ayude a modelar confianza.

  6. REGLA: todo tu alumnado es genial. Trátalos iguales, con el mismo rasero.

  7. AFILADOR CON DEPÓSITO: para sacar la mejor punta a todo lo que hagas y no desperdiciar nada.

  8. LÁPICES DE COLORES: para ayudar a colorear la mejor de las sonrisas entre todos los docentes con los que compartes tantas cosas maravillosas.

  9. SOBRES: que abran vías de comunicación con la familia. Son una parte esencial de tu trabajo y sin ellas no puedes existir.

  10. CERAS DE COLORES, PEGAMENTO DE BARRA, BLOC DE MANUALIDADES y BLOC CARTULINAS: Con los que animar a tu alumnado a realizar grandes creaciones llenas de emociones positivas, sueños e ilusión.

La lista continúa. De eso estoy seguro. Ayúdame a hacerlo. ¿De qué me olvidado? ¿Cuál sería tu imprescindible? ¿Qué aportarías? Espero tus respuestas.

FELIZ CURSO 2017/2018.

Gracias por leerme.

«De aprendiz de agricultor a activo veraneante»

«De aprendiz de agricultor a activo veraneante»

A la fecha en la que estamos ya he decidido convertirme en un aprendiz de agricultor e imitar las artes y labores que por esta época hay que acometer.

En aquellos pagos en los que se cultiva cereal, durante todo el verano se cuida del campo. Los agricultores quitan, a mano, una a una, las malas hierbas; observan hojas y brotes, para evitar plagas, enfermedades…; y, como no, adoran al sol, que les dará el calor que sus plantas y cultivos necesitan para crecer y madurar sanos y fuertes, a fin de que todo transcurra convenientemente, durante este periodo estival, para que en septiembre se pueda dar comienzo a una nueva época de cosecha.

Como te decía, y en contra de lo que pueda pensar o hacer la mismísima señora Cifuentes, yo necesito tomarme unas vacaciones y dedicar mi tiempo a las labores, citadas anteriormente, de mantenimiento y cuidado de esta finca. Imagino que tú también necesitas descansar de mis desvaríos y locuras, aunque sin duda tu solución tiene mas fácil remedio. Yo me he encabezonado a seguir con este página y salga el sol por donde salga, lo seguiré intentando, hasta que me canse o se me ocurra alguna otra idiotez en la que invertir las noches de los jueves.

Me marcho hasta septiembre. Te dejo con la promesa de traer nuevas historias, algunos proyectos y muchas ganas volver a verte pasear y detenerte un rato en esta esquina.

¿Planes de verano? Como ya te medio conté en este post, entre mis tareas para el verano, ya tengo varias actividades decididas que, sin duda, serán una buena fuente de alimentación para esta surtida esquina. Otros planes menos importantes simplemente dejaré que surjan y espero que muchos, atractivos y divertidos, me vayan sorprendiendo por el camino.

Lo dicho, disfruta mucho tú también y nos vemos el 7 de septiembre, que es el primer jueves del mes, al que acudiré sin falta a nuestra cita. XOXOXOX

GRACIAS POR LEERME.

«Organizar mis aficiones no es cosa de niños»

Este pasado fin de semana, por fin, tuve tiempo para empezar a organizar lo que será una de mis aficiones para cuando me jubile.

Llámame loco. No pasa nada, ya sé que lo estoy. Seguro que dirás que soy un exagerado y que aún me queda mucho tiempo, tampoco pasa nada, pero es que estoy convencido de que los buenos planes hay que irlos construyendo con tiempo y cariño.

Tengo una gran lista de cosas que hacer en mi tiempo libre (montañismo, escribir, hacer deporte…, las otras locuras que ya conoces) y lo que quiero es irlas perfeccionándolas y organizándolas poco a poco para que, cuando llegue el momento, tenga tiempo para todo y no se me quede ningún sueño por cumplir. Así que, ¿por qué no empezar ahora?

Si me conoces lo suficiente, y si no te voy a revelar uno de mis secretos, soy un fanático de los Playmóbil, aunque no llego a rozar es estatus de friki. Sí, de esos maravillosos y pequeños muñequitos semiarticulados que rememoran profesiones, deportes, momentos de la historia… De hecho llevo siempre uno colgado en mi mochila, ¿no te habías dado cuenta?

Me crié con ellos, solo jugaba con ellos. Tenía cientos y como me gustan mucho, cuando fui padre seguí comprando alguno más para mis hijos. Ahora que ya ellos se hacen mayores las cajas se están apilando en una esquina llenándose de polvo.

Unido a todo ello, hace un par de meses, mi madre, que como todas las madres es casi perfecta, sabedora de mi devoción, descubrió en casa una bolsa que guardaba, como quien atesora una reliquia familiar, una bolsa con algunos de ellos. Cuando abrí aquel empaque mis ojos se pusieron como platos y a mí volvieron recuerdos de la infancia, momentos de luchas y batallas vividas con aquellos pequeños esbirros. Todos recuerdos y momentos muy felices. En ese momento decidí cual iba a ser el futuro de esos pequeños supervivientes.

Por fin tengo la vitrina y por fin, e empezado a limpiarlos, armarlos y colocarlos en el lugar de honor que, por historia y cariño, les corresponde en mi salón.

Por ahora será solo una colección discreta de los mejores, los más originales, los que encuentre de colección, los que pueda ir tuneando, pero, en un futuro no muy lejano, cuando me jubile, se convertirán en auténticos dioramas que representen momentos de la historia…

Ahora, cuando me siento en el sofá y miro para aquella esquina, mi cara se ilumina, me sonrío yo solo. El niño que está atrapado en el reflejo de esa vitrina disfruta de lo que ve y, con ese sentimiento, mi camino del día a día se hace más feliz y agradable. Hoy toca compartirlo contigo.

Gracias por leerme

«Los docentes y sus tareas de verano»

Lista de tareas veraniegas para docentes.

Ahora que los docentes han —ahora mismo no puedo incluirme entre ellos— terminado el curso escolar 2016/2017, quiero en estas líneas reivindicar la gran labor que hacen mis compañeras y compañeros de profesión.

Son muchos los que dedican gran esfuerzo en dar lo mejor de sí, son muchas las que pierden horas de sueño para preparar clases innovadoras y atrayentes para su alumnado, son muchos los que se desviven por solucionar los conflictos que surgen en las aulas, son muchas las que colaboran con las familias para que los niños y niñas, que habitan sus aulas, sean felices… Todos estos docentes se merecen una buena lista de tareas para este verano, rememorando aquellas que envío un profesor italiano a su alumnado, hace ya algún tiempo, y que deberían ser de obligado cumplimiento:

1. Levántate sonriéndole a la vida, toma algo y sal a dar una caminata (en mi caso del despacho al bar, a la cafetería, a los grandes almacenes…). El aire fresco y el ejercicio reactiva las neuronas. Te ayudará a ser feliz.

2. Estudia algo. Esta profesión es vocacional y está cambiando rápidamente, no podemos seguir siendo profesionales manteniendo estilos propios del SXIX. Tenemos que actualizarnos, renovar nuestra manera de dar clase. Utiliza para ello todas las opciones que las redes sociales (estoy enganchado al Twitter, Facebook, Instagram, Flipboard…) nos facilita. ¡Verás qué cosas tan increíbles hacen en otras escuelas, institutos…, e incluso en nuestro propio centro!

3.- Sal de tu casa. Organiza todas las excursiones, visitas y viajes que puedas (jejeje en esto sí que tengo un grado). A nuestro alrededor, no hace falta irnos muy lejos, hay lugares mágicos que merecen ser conocidos.

4. Lee tanto como puedas. El verano tiene mucho tiempo y da para todo. Dedícale un rato a vivir aventuras y sueños entre las letras escritas por otros (la pila en mi mesita de noche se tambalea de libros en cola), para que tu mente y alma se llene de nuevas vivencias.

5.- Sal con tus amigos y amigas. Con los nuevos, con los de siempre y con los de antes. Dedícale un poco de tu tiempo a ponerte y ponerlos al día y así vivirás momentos felices rodeado de la gente interesante, no interesada, que te quiere por lo que eres.

6.- Ríe, baila, canta y disfruta. No tengas vergüenza (¿Cuidado que te escucho, ¿sinvergüenza yo? ¡que va!). El verano puede ser muy divertido y está lleno de oportunidades para pasarlo bien.

7.- Haz una locura (o dos). Por pequeña que sea. Una de esas cosas que siempre has pensado que no podrías hacer (cambiar el color del pelo, raparte, tirarte en parapente, una fiesta loca, escalada…). ¡Llegó el momento!

8.- Evita las cosas, situaciones y personas que no te gusten, y, por el contrario, busca cosas agradables (las rebajas es buen momento), situaciones estimulantes (quizás una aventura) y la compañía de otras personas (o solo, que a veces es mejor que estar mal acompañado)

9.- Escribe. Quizás es buen momento para empezar a plasmar por escrito, aunque sea como terapia (ya te he comentado lo que me ahorro en psicoterapia con este blog), todos esos sentimientos maravillosos, nuevas ideas y preguntas sin respuestas que agitan tu corazón y tu mente.

10.- Sueña con un nuevo curso. Tenemos una gran profesión que nos llena y nos hace felices, plantéate y programa nuevos retos, nuevos proyectos, nuevas locuras que hacer (¿me dejas que te cuente un secreto? Ya estoy pensando en regresar a mi aula). Crea una actitud positiva y mantén vivo el entusiasmo por nuestra vocación.

¿Qué te parecen estas tareas? ¿Las harías? ¿Propondrías alguna otra? ¿Te atreverías a compartir conmigo alguna de ellas?

Gracias por leerme

«Día de revisión de bajos, pensando en arreglar desperfectos»

«Día de revisión de bajos, pensando en arreglar desperfectos»

Llega un momento en el que, aunque no queramos, tenemos que hacer la revisión completa, tanto de los bajos como de los interiores.

La idea de este post me la dio una amiga —no voy a decir quién, puesto que no le he perdido permiso para hacerlo y seguro que le colapso la página de visitas con tanto «culichichi» que pasa por esta esquina— que hace unos días colgó en facebook una foto suya, justo delante de la ITV a la que lleva su coche. Como pie de la imagen había puesto algo así como «esperando la revisión» y yo le bromeé con la «revisión de los bajos», refiriéndome a los del coche claro, pero jugando un poquito para activar las mentes sucias —las de los demás, la mía no, ¡que vaaaaa! (jejeje)— que nos rodean.

Pues bien, notando a nivel personal, ciertos temblores, ruidos y malestares, sobre todo en los bajos, decidí que no podía retrasarlo más y hacer lo propio. Así que el lunes tocó pasar por revisión y comprobar el estado de las piezas fundamentales, sobre todo pensando en la cantidad de kilómetros que tengo aún por recorrer y así poder hacerlos en las mejores condiciones de seguridad.

Tras la anamnesis inicial, el especialista llegó a la conclusión de que, con los dos discos dañados no voy a ir muy lejos. Así que toca cambiarlos. Vamos lo que se dice pasar por el aro para que el mecánico sustituya unos por otros. De la misma manera, las pastillas que descansan sobre ellos también debían ser sustituidas por otras nuevas, y, como a esta gente le gusta mucho el «poyaqueestamos», tras meter bien la mano en las partes bajas, descubren que hay reemplazar las dos delanteras.

Total, que la broma me salió por unos cuatrocientos euracos y eso que el taller es de confianza, el coche seminuevo y yo iba recomendado. El día que vaya al urólogo, espero que no pase lo mismo, que también es amigo. ¿O habías pensado otra cosa?

Gracias por leerme.

«Breve tratado sobre las personas tóxicas»

Admito haber descubierto el concepto «Personas tóxicas» de pura casualidad —ya lo afirmaba el maestro Yoda: «Desequilibrio un, en la fuerza tendrás»—, tras una experiencia personal en la que no me quise ver envuelto y de la que aún estoy intentando zafarme. Suerte que tengo este blog, y a ti al otro lado, para contar mis cuitas y descargar, a modo de catarsis, mis sentimientos, vivencias…

Como soy muy curioso por naturaleza —a veces entrometido— me ha dado por investigar un poco más sobre este término así que, por si fuera de tu interés, hoy te traigo este pequeño análisis que, a modo de resumen, viene a descifrar el concepto. Espero que puedas aportar algo más.

Se entiende por «Persona tóxica» aquella que utiliza sus relaciones interpersonales, y por lo tanto su entorno más cercano (pareja, familia, amistades…) para alimentar su propio ego a base de provocar en el otro desgaste, intimidación, cosificación, culpa, ningunéo…

Por lo que he estado leyendo —y seguro que las expertas en psicología que me siguen podrán corregirme si estoy equivocado— todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas, podemos usar alguno de esos rasgos. ¡Caray!, somos humanos, cometemos errores y tenemos defectos. No hablo de eso. Me refiero a aquellas personas que habitualmente se comportan de esta manera, que ahora detallo, para su propio beneficio.

En su defensa diré que es común que muchas de esas personas no se reconozcan como tales y, por lo tanto, no sean capaces de corregir esos comportamientos.

En psiquiatría y psicología (ver DSM), las personas tóxicas son aquellas que pueden ser incluidas en los perfiles narcisistas —ya me corregirán, de nuevo, las expertas, si mantengo mi error—, ya que entre sus características y rasgos de personalidad se ve con claridad que:

  1. Tienen sentimientos de grandeza y prepotencia. Exageran sus logros y talentos. Todo lo saben.
  2. Creen que son especiales y únicas, por lo que intentan relacionarse con otras personas especiales o de alto estatus.
  3. Demuestran una permanente necesidad de admiración.
  4. Buscan privilegios y tratamientos favorables.
  5. Explotan las relaciones interpersonales, se aprovechan de los demás para sus fines.
  6. Carecen de empatía.
  7. Con frecuencia envidian a los demás o creen que éstos sienten envidia de él.
  8. Muestran comportamientos o actitudes arrogantes, de superioridad.

Siempre hemos compartido espacio con personas tóxicas. Algunas las soportamos y a otras no. Todo dependerá del daño que nos hagan. Para identificarlas lo más común es que usemos otros calificativos que seguro que reconocerás más fácilmente e incluso que los asociarás a alguna persona de tu entorno, ya que todos conocemos alguna persona que sea…

  1. Envidiosa: Aquel al que le angustian los logros de los demás y lo único que le calma es descalificar. No se alegra ni comparte los éxitos de las personas de su entorno.
  2. Criticona: Normalmente personas frustradas en una determinada área de su vida y que expresan ese sentimiento frustrando a los demás.
  3. Manipuladora: Utilizan a otras personas de ariete para ir contra alguien al que no pueden ver, en lugar de enfrentarse ellos mismos con el problema.
  4. Infeliz: Su modo de pensar y ser les impide vivir en paz, en armonía con los demás y su alrededor.

Tras llegar aquí comprenderás que las personas tóxicas son como «vampiros emocionales» que te chupan la energía. Para estas personas tú no eres más que una herramienta que utilizarán mientras les seas útil. Después buscarán otro «huésped» al que pegarse como un parásito.

Sin que te des cuenta, una persona tóxica se apropiará y aislará de tu entorno, se adueñará de tu autonomía, decidirá por ti, cambiará tu personalidad. Te fagocitará.

Permíteme un consejo: si te identificas, si te encuentras con personas así en tu entorno ¡¡¡HUYE!!! Igual yo soy una de ellas.

Gracias por leerme.

«Contando de cuarenta en cuarenta»

Mejor. Para no pasarnos de frenada.

¿Cuarenta? Pues sí, ya son cuarenta años los que se cumplen hoy. Tal día como hoy, pero del año 1977, nuestros padres y abuelos acudían a votar en las primeras elecciones democráticas, tras también —¡vaya qué casualidad!— cuarenta años de dictadura.
En verdad es una fecha para recordar, sobre todo hoy en día donde las cosas parecen estar revueltas política y socialmente. Han pasado cuarenta años y parece que la famosa crisis que pasamos los hombres al llegar a esta edad, no afecta a la conciencia social, ni mucho menos a la masa política de este país lleno de Alí Babás, mangantes y lazarillos rufianes.

Lo normal es que cuando uno celebra su cuarenta cumpleaños, lo haga con una fiesta. En muchos casos que conozco esa celebración se hace con alguna actividad digna de no ser olvidada: un viaje, una fiesta vestidos de hawaianos, o de los años ochenta… Quizás por eso se montó ayer en el Congreso el «fiestuki, tuki-tuki» ese, en el que unos cuantos sacaron sus más casposos, machistas y retrógrados comentarios. ¿Estarían recordando esa España de hace cuarenta años, esa España mía esa España nuestra, que tanto cantaba Cecilia por esos años?

También es muy habitual celebrar el volver a calzar la talla 40 de pantalón —o 42, que sería mi caso—, por el éxito de una dieta «supermegaguay», que nos devuelve a la felicidad física de antes de los cuarenta tacos.

Pues sí, cuarenta años de democracia, que sin duda es un número mágico y digno de recordar, aunque a los chicos y chicas de ahora les suene más a una lista de éxitos musicales, que publica un canal de radio, que a otra cosa.

«Cuarenta días y cuarenta noches», una película que dirigió Michael Lehmann en el año 2002, que no me gusta nada. Moises guió a su pueblo durante cuarenta años por el desierto y cuarenta días pasó orando en el monte Sinaí antes de recibir las tablas de la Ley. Hasta el cuarenta de mayo, no podemos quitarnos el sayo —que por cierto ya pasó, aunque hoy no lo parezca—. Cuarenta novias tuve…—jejejeje ¡que fantasma!—. Cuarenta son los días que descontamos del jueves santo para calcular el miércoles de ceniza y por lo tanto el carnaval… ¿Conoces la postura cuarenta del Kamasutra? Cuarenta eran los ladrones… Y hablando de ladrones, ¿cuándo celebraremos la detención y fin de esos que siguen posados en sus puestos de políticos robándonos día a día delante de nuestras narices? Cuarenta velas negras se merecen.

¿Hay algún cuarenta que sea significativo para ti?

Gracias por leerme.