«¡Se van a enterar!»

Estoy deseando que llegue la hora. Después de la cena, cuando vea sus caras de sorpresa, podré gritar y celebrarlo. ¡Jo qué noche me espera!, ¡se van a enterar!
Como cada año por Navidad, en el curro, nos vamos a cenar, tomar unas copas y organizamos «el amigo invisible». ¿Sabes en qué consiste? Se reparten papelitos, en secreto, cada uno con el nombre de una persona, y es a esa a la que le tienes que regalar, según un dinero establecido.
Hoy es el día de la entrega de los regalos. El día de mi venganza.
No sé muy bien porqué pero el año pasado, me quedé sin regalo. El único que se quedó sin regalo. Me dolió mucho. Este año no ocurrirá. He dado el cambiazo de la caja con los nombres y ahora todos me regalarán a mí. Nadie lo sospecha.
Jou, jou jou, ¡se van a enterar!

«El camino»

Escuchaba aquella canción «caminante no hay camino…», y no pude hacer otra cosa. Quizás me la tomé demasiado en serio, quizás exageré pero, no pude hacer otra cosa. Literalmente hablando, cogí la calle y la llevé hacia dónde me interesaba, no pude hacer otra cosa.
            En el camino tropecé, una y otra vez, pisé sembrados, piedras y charcos, no pude hacer otra cosa, hasta que mis piernas me arrastraron a tu lado, no pude hacer otra cosa.
            En ese instante me di cuenta de mi error, no pude hacer otra cosa, «…se hace camino al andar».
            Andar es buscar la senda, es encontrar el camino. Andar es respetar al otro.
(La foto es de Erik Johansson. Me llegó por email y llamó mi atención. Te recomiendo que lo busques en internet y descubrirás imágenes realmente im-presionantes).

«1 de diciembre: Día Mundial de la lucha contra el SIDA»

Ayer tuve lo que podríamos definir como «una noche loca».
Soy un chico de veinticinco años, bien parecido y no tengo pareja. Sinceramente, creo que estoy como para tener «noches locas» todas las semanas, aunque no sea el caso.
Ella parecía una buena niña, guapa, elegante e inteligente.  Me dijo que no me preocupara, que no pasaría nada, que eso solo le pasaban a los otros, que… No usamos preservativo.
Hoy he visto toda esa publicidad sobre el Día Mundial del SIDA. Creo que he metido la pata.

«La visita de Eolo»

Desde la antigua Grecia nos visita con toda su furia. Esta es la primera idea que podemos tener algunos, pero lo cierto es que la historia puede tener más trasfondo.
            Según me contaron, hace ya mucho tiempo ─yo fui uno de esos que dieron clase de Latín y cultura clásica─ Zeus otorgó a Eolo, hijo de Poseidón, el poder de controlar a los vientos, los llamados «Anemoi», que se correspondían con los cuatro puntos cardinales (Bóreas, el viento del norte; Noto, viento del sur; Céfiro, viento del oeste y Euro, el viento del este). Él era pues el encargado de controlar las tempestades, el movimiento de las nubes…, y todo para colaborar con otros dioses, en la desempeño de sus labores, o para influir en las acciones de los mortales.
            En esta ocasión, parece que ha soltado a todos los Anemoi a la vez, esperemos que los agarre y no siga. 

«CENA CON MI GENTE DE MAGISTERIO»

Un año más, anoche, nos hemos logrado reunir. Hicimos nuestra particular «Noche en blanco». éramos pocos, pero bien avenidos. Como no puede ser de otra manera hay alguna anécdota:

Alejandro «El palmero»: todavía usa el calendario del año pasado y se presentó el viernes, a la hora y lugar convenido, lástima que la cita fuera el sábado y él se tuviera que volver a La Palma. ¡Gallo, eres un crac! Jajajaja
Ángeles: El viento silbó tanto en la isla Colombina que ni el barco salió. ¡Menudo empacho de galletas se va a dar!, por que nos traías una caja, ¿verdad?
Marita: la reina de la postura del helicóptero tema ampliamente debatido que captó toda la atención. Esperemos que algún día…
Gago: con su braba a lo Geyperman pasó unos breves instantes, “pá saludar”. Se te agradece amigo, el próximo año toda la cena.
Pili: Antaño reconocida, con cariño, como “la loca” jajaja siempre dicharachera y dispuesta a ayudar a los demás, se mostró muy interesada en la del helicóptero.
Álvaro “El abogado”: una buena conversación, con él, siempre tiene lugar. Al parecer es un buen piloto de la ya famosa aeronave.
Fátima: que acudió con un “paquete bomba” en su barriga de algo más de cinco meses, y no fruto de ninguna posturita extraña.
Juan Carlos: El que más sorprendió. Nos entregó un legado de recuerdos y anécdotas de más de cinco folios, con historias de nuestros mejores años.
Aurora: también conocida como “Marcial se calentó con la cola, se marchó y me dejó sin llaves, ahora ¿cómo entro en casa?, ¿cómo lo convenzo para que mueva el rotor?
David: Su celebre frase: “Yo por un euro mato” tomó sentido cuando nos acosó para que fuéramos a comprar a su tienda, que la crisis esta “mu malamente”.

Alicia: Dispuesta a «pilotar» hasta el País de Las Maravillas es la que nunca falla y siempre acude a nuestro encuentro con la ilusión y ganas de volver a vernos.

Alvarito: Padre (o al menos eso dice) de la criatura que nos acompañó en la mesa, sin saberlo. Buen compañero, excelente maestro… aunque use unas tuercas como anillos.
Epi: Bautizado en el escrito de J. C. como «Mencey de Taganana» Discreto y callado, pero siempre buena compañía.
Elva: La organizadora. Que nos sorprendió con su maquinita de liar tabaco. Gracias por tu esfuerzo y volvernos a reunir, un año más.
Muchos son los que no vinieron, pero de todos/as nos acordamos, aunque solo fuera para sacarles el cuero y recordar las cosas, aconteceres, labios ardientes, calenturas, botellas voladoras… que quedaron en los recuerdos de nuestro paso por la Escuela. ¡Hasta el año que viene!

Un beso para tod@s.

«Cuestión de suerte»

Rutinariamente, Intercambiaron sus pulseras identificativas. El día que entraron en aquel recinto se les había encomendado, a cada uno, una tarea distinta. Ellos preferían la del otro. A Carl siempre le gustaba, encargarse del huerto y a Hans, su hermano gemelo, le encantaba el olor de los viejos libros  de la biblioteca. Llevaban un año con aquella costumbre, de forma que los guardias nunca se habían dado cuenta.
Al llegar de sus respectivas tareas, recuperaban su identidad, pues Carl, debía recoger las basuras de la casa del General. No quería perdérselo pues se había enamorado de Anna, una de las criadas que atendía las labores de la mansión.
Hoy Carl no fue al huerto, sino a las chimeneas. Nunca regresó. Hans, para no destapar el engaño por miedo a las posibles represalias, a las basuras. Logró huir y, cuestión de suerte, casarse con Anna, la hermosa criada.

«20 de noviembre: Día de los derechos de la infancia»

En un intento por comprender el funcionamiento de nuestro planeta, una maestra extraterrestre, acercó a su alumnado ─pequeños seres verdes, con antenas, un solo ojo…─ al “megatelescopio interplanetario” que tenían instalado en su colegio.
            Con la primera mirada les enseñó a Carlos, un niño boliviano que trabaja entre las basuras; y les dijo: ─Según cuentan, tienen derecho a ser protegidos contra el trabajo y la explotación infantil.
            Giraron el aparato y se fijaron en Bahar, una niña afgana que no podía ir al cole por ser niña; y la profe les dijo: ─Según cuentan, tienen derecho a la educación.
            Rodó el anteojo y pudieron ver a Yumma, una niña congoleña que caminaba sobre sus dos bastones al faltarle una pierna; y la seño les dijo: ─Según cuentan, tienen derecho a ser protegidos de la guerra y las minas terrestres.
            Desde las alturas les enseñó Haití y descubrieron un país roto por un terremoto y abatido por el cólera. En una esquina, tirado en el suelo, estaba el cuerpo inerte y abandonado de Emilio. Todos callaron.
            Siguieron un buen rato, de niña en niño y viceversa, hasta que llegaron a nosotros. Uno de aquellos pequeños marcianitos levantó la mano y dijo:
            ─No entiendo por qué unos viven tan bien y otros tan mal.
            La seño no pudo por más que contestar:
            ─Ellos tampoco lo saben.
(Si te apetece, tienes actividades para trabajar con tu alumnado, hijos, sobrinas… en http://www.unicef.es/ )

«Taller de orientación»

Como no podía ser de otra forma, nos perdimos; pero mejor empiezo desde el principio. El pasado domingo tocó caminata con mi grupo de montaña TAMAIDE, con el pequeño aliciente añadido de practicar un poco de orientación, con mapa y brújula.
            La excursión la guiaba nuestro compañero «el hombre del puro» ─es increíble como se puede caminar, hablar…, y hasta comer, con un puro columpiándose sobre el labio inferior─. El amigo es un genio, no solo por sus conocimientos de montañismo, sino porque, al ser profesional de la geología y la docencia, nos dio una clase fantástica sobre relieve y vulcanismo de Canarias ─es que no hay nada como saber─.
            Localizados en el Chinyero, y en colaboración con nuestro mapa, reconocimos Montaña de Las Flores, Montaña Centeno, la del estrecho, la de Los Tomillos…
            A medio camino, resultó que cogimos el desvío de izquierda ─creemos que confundidos por un error de distancias y porque, en la actualidad, hay más caminos y pistas de los que tenía nuestra cartografía─ por lo que nos perdimos. En realidad nos «medio perdimos», al ser alumnos aplicados, decidimos subir una de las lomas para volver a situarnos. Campo a través, que también es divertido, recuperamos nuestro rumbo y llegamos a Montañas Negras, sin más problemas. De ahí, por un sencillo y precioso sendero lleno de setas, hasta San José de los Llanos. Cervecita, en lo que esperábamos a la guagua ─por aquello de compensar el esfuerzo─ y de vuelta a casa.
            Si tienes oportunidad camina por la zona, es una verdadera maravilla, pero cuidado con los mapas. 

«Un ser llamado virus»

Vale, lo entiendo. Lo que tenemos en casa es un virus pero:
1. ¿Quién lo dejó pasar? (No espero que llame a la puerta pero ¡caray!, ¿dónde está la educación?).
2. ¿Cómo es posible que todo el mundo lo conozca? (En la calle, la vecina, mi familia, en el colegio, las amigas médicas… ¡ah! Eso es un virus).
3. ¿Es uno, el mismo, o hay varios? (Todos lo llaman en singular y hasta lo reconocen, solo falta señalarlo por la acera: ¡eh mira!, ¡el virus!).
4. ¿Está documentado? (o es que como no saben lo que ocurre todo se le achaca a este pobre).
5. ¿Cómo se transmite? (Palabras textuales de varias fuentes: Sí seguro, es un virus que anda por ahí). ¿De verdad camina o salta de casa en casa, de boca en boca, de cama en cama? ¿Está asegurado?, ¿Está sindicado?, ¿votará en las elecciones catalanas? ¿Si llega a Marruecos, lo expulsaran por debilitar la seguridad nacional? ¿…?

        Vale, lo entiendo. Lo que tenemos en casa es un virus, o sea, no tienen ni puñetera idea de dónde vienen los vómitos y las diarreas. Por suerte parece que ya se quiere ir. Permíteme un consejo: ¡cierra tus puertas y ventanas!, por si acaso.

«Dormida en el sofá»

Hay noches oscuras. No por su propia condición y aspecto, sino por las cosas que nos  ocurren. Anoche fue una de ellas. Despertar de manera brusca y con la certeza de que algo malo ocurre, se hace duro. Despertar con los llantos y los gritos de tu hija, es más duro y oscuro.
Por suerte, tenemos niños sanos, alegres y fuertes ─toquemos madera─ por lo que estas noches no son muchas, pero algún día también toca, es parte de nuestra existencia.
Ahora, la tengo justo enfrente, dormida en el sofá. Acurrucada en su manta. Con la cara de no haber roto un plato en su vida. Parece que no mejora, pero al menos descansa. Mi interior se revuelve; ¿hay algo más duro que ver a la carne de tu carne enferma?