«Insaciable»

Y dio otro bocado. Lo hacía una y otra vez, insaciable. Según sus propias palabras, hacía tiempo que no probaba algo tan apetecible. Su lengua recorría toda la masa que tenía entre sus manos en busca de nuevos sabores. Su nariz intentaba esnifar los más turbios aromas que emanaban, con el fin de apoderarse de todos ellos. Aquella actitud era bulímica, casi pecaminosa, sexual…, prohibida, pero, quizás era eso mismo lo que le excitaba a continuar en su empeño. Por momentos se sorprendía mirándose en el espejo, observaba sus movimientos, le gustaba verse y disfrutaba de ello. Aquel dulce relleno de crema era increíble.

«RESPONSABILIDAD»

«Recuerda a papá que baje la tapa». Rezaba la escueta nota que había encontrado junto a mi mochila. Esas fueron sus últimas palabras, o por lo menos, las últimas de las que  tuve constancia. Me fui al cole dándole vueltas a la cabeza. ¿Qué quería decir?
Pensé que, como siempre, hablaba de la tapa del váter, pero cuando por la tarde volví, la entendí. Ya todo había pasado. Ella se había encargado de todo excepto de aquel pequeño detalle. Se había vestido con su precioso traje lila con encajes. Yacía recostada, con sus dedos entrelazados sobre su pecho. Sus ojos estaban cerrados. Estaba muerta, en su ataúd. No esperé a que llegara mi padre. Tenía una responsabilidad. Yo mismo bajé la tapa. ¿Cuál sería el motivo? Igual quería estar segura de que no iba a vagar, cuál fantasma por este mundo. Igual no quiere que los gusanos se marchen.

«Lo más importante»

Una semilla en esta tierra desolada era lo único que pedía a los Reyes Magos. Su marido se había cansado de tanta insistencia, de intentarlo una y otra vez, de la visita a los más expertos, de cuidar «el jardín».
        Los vecinos la miraban con pena, cuchicheaban a su paso. Su familia la visitaba en actitud condescendiente mientras, ella, noche tras noche, lloraba amarga por las esquinas de la casa.
       Solicitaba ayuda a todo aquel que se tropezaba en su camino con aires de tener alguna solución. Para ella lo más importante era plantar esa semilla. Lo más importante era tener un hijo.

«Una noche mágica»

Vienen desde muy lejos, desde Oriente, con sus alforjas cargadas de sueños, ilusiones y alegrías tanto tiempo esperadas. Guiados por una estrella brillante se acercan, paso a paso, hasta nuestras casas para que, una vez estemos dormidos, entrar con mucho sigilo.
            La tradición marca dejar, tras la puerta, una tacita de agua para los camellos y alguna vianda para que, Sus Majestades, enjuaguen el gaznate y rellenen el vacio estómago pero ¡ojo!, ¡no muchas!, que la noche es larga y mucho el trabajo, no vaya a ocurrir un empacho y tener que abandonarlo todo por una visita a Urgencias o al cuarto de baño más cercano.
            También debemos tener en cuenta dejar un zapato preparado, en lugar visible y, a ser posible, no muy maloliente.
            Si te has portado bien, no debes preocuparte, seguro que algo dejarán, pero para los que no… ¡carbón!
            ¡Disfruta de la magia!

«Deseos para un nuevo año»

Muchas personas, llegados este momento, hacemos una lista de buenas intenciones para realizar a lo largo, y ancho, del año que en unas horas dará comienzo. Hoy he decidido compartir aquellos deseos en los que me gustaría que meditaras:
            1.- Deseo que reactives esa vieja amistad. No es muy difícil, pero tienes que poner algo de tu parte, por ejemplo llamarla, al menos, una vez al mes. Yo llevo tiempo haciéndolo y te aseguro que funciona.
            2.- Deseo que hagas cosas divertidas, extrañas, apasionantes. Todos las semanas, hay algo nuevo que hacer, solo tienes que buscar en el periódico, apuntarte en algún club de algo, preguntar a los vecinos, compañeros de trabajo…
3.- Deseo que conozcas nuestros montes. Hay senderos preciosos en los que encontrarás paisajes insospechados, colores increíbles y aromas distintos. Si no sabes dónde ir, hay empresas que te llevan.
4.- Deseo que leas la prensa a diario. Parece mentira, pero un gesto tan simple como leer todos los días el periódico te ayudara a mantenerte en forma mentalmente, a crecer, a conocer dónde vives, los problemas, las soluciones…
5.- Deseo que seas feliz, o al menos que lo intentes. Ayuda a los demás, comparte momentos divertidos y tristes. Organiza comidas, meriendas o paseos. Rodéate de los tuyos, abraza a tu pareja, a tus hijos, a tus hermanos y hermanas… empápate de su aroma y su tacto, ámalos.
6.- Deseo que tengas un momento para ti. Estar un rato solo, con tus pensamientos, tus ideas, tu lectura, tu música o tu ordenador, es sano y llenará el vaso con el que darás a beber de ti a los tuyos.
Te deseo muchas más cosas, que ya te comentaré, pero sobre todo…
FELIZ AÑO NUEVO. Un abrazo.

«28 de diciembre: Día de los Santos Inocentes»

Pensando qué escribir, recordé un viejo chiste que puede animarte a no hacer ninguna broma pesada durante el día de mañana:
            Un viejecita de ochenta y cinco años, con claros síntomas de arrepentimiento, se encontraba declarando ante el juez:
─Yo estaba sentada en el banco del parque, muy tranquila, cuándo, de pronto, aquel joven se sentó a mi lado. Me miró con cariño, me dirigió una tímida sonrisa y yo…
─¿Usted lo detuvo?
─No, señoría. Soy viuda desde hace cuarenta años y nadie me había mirado así desde entonces.
─¿Qué ocurrió?
 ─Me puso su mano sobre mi rodilla y yo…
─ ¿Usted se negó?
─No señoría, lo dejé hacer. Me sentía viva, deseada. Su mano subió por la pierna, rozó mi muslo y yo…
─¿Usted lo paró?
─No. Hacía mucho que no sentía aquello así que abrí mis piernas y él…─comenzó a llorar─ al llegar a mi entrepierna el calor me ardía, sudaba. Sin previo aviso se levantó y con risa burlona me dijo: ¡Feliz Día de los Inocentes! Fue entonces cuando le disparé.

«Convocatoria sindical»

Había llegado tarde. No hacía mucho que había empezado pero notó el ambiente bastante caldeado. El orador gritaba. Los asistentes vociferan consignas de lucha, huelga y rebelión. Se asombró.

          Con tranquilidad tomó posición sobre un pequeño escalón. Podía verlos a todos. Por su cargo en «la empresa», sabía que, tarde o temprano, pedirían su opinión.

          Tras varias intervenciones a favor de abandonar los puestos de trabajo, alegando enfermedad, malestar físico, psíquico…, uno de los asistentes le señaló y pidió que se manifestara.

          Estimados compañeros empezó a decir con tomo suave y apaciguador, estamos en Navidad; millones de personas esperan de nosotros lo mejor. Puede que tengan razón, no lo sé, en verdad yo no me siento ni explotado, ni engañado. Papá Noel es uno, y nosotros sus renos, así que yo Rudolf encendió su naricilla roja seguiré tirando del trineo mientras pueda, ¡recuerden lo que les pasó a los controladores!

¡¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!!

«El aventurero»

Su vida era siempre así, arriesgada. Pasaba horas empapado, de arriba abajo, luchando contra el agua, la espuma…, el fuerte viento.
            Empezó a trabajar allí de pura casualidad. Pensaba que era algo distinto, original e incluso divertido, así que, un día tras otro, lo vivía cual aventura intrépida, con su frontal, su impermeable, sus botas de agua…
Había quienes se burlaban de él y no reconocían el esfuerzo que hacía. Pero, ya hacía mucho tiempo, había decidido no prestarles atención y cumplir con su labor y su horario hasta que saliera algo mejor.
En el fondo le gustaba su trabajo. Se hacía la idea de estar en un barco, en alta mar y en plena tempestad, moviéndose de aquí para allá. Oía rugir el viento y la espuma le salpicaba en la boca.
Al terminar su jornada en el lavacoches, agotado y mojado hasta el alma, volvía a casa para descansar y seguir soñando.

«Para preparar la Navidad»

Pues sí, ya tenemos la Navidad encima. Lo podemos notar en el aire, en el bullicio, en las compras, en los almacenes…, en los buenos deseos de la gente.
            Para prepararlas he decidido enumerar la lista de cosas que tengo que hacer o comprar: Polvorones (tengo una amiga que dice que ella los prefiere por separado, es decir, polvos y rones. Umm, si lo pensamos bien, yo también), peladillas, turrones, Omeprazol (ya tengo una edad y el estómago empieza a hacer de las suyas, pasando factura por los excesos de la primera juventud), los gorritos de Papá Noel (me parece ridículo los que los ponen en los respaldos de los coches, pero no cuando nos reunimos un grupo para comer y beber hasta hartarnos de… ¿omeprazol?), las bolas del árbol (por suerte tengo un vale regalo de una tienda), hacer el árbol (curiosa costumbre, pero es cierto que da un «toquillo» alegre a la casa), las luces (creo que se cuelgan en las ventanas y balcones para ayudar en el retorno a casa, sobre todo después de esos opíparos almuerzos y cenas llenos de cañitas, vinos, licores y, como no, después omeprazol).
            No se me olvidan la ilusión, la alegría, la cara de los niños y niñas, de todas las edades…, pero no puedo seguir, tengo que tomar mi dosis de omeprazol (bendito tu eres entre todas las medicinas, porque me permites continuar. ¡Hasta que reviente!, claro).

«Extraña costumbre»

Esta mañana he vuelto a encontrar la tapa del váter levantada. Todas las mañanas igual, ¡estoy hasta los “mismísimos” de esta fea costumbre suya!, y mira que lo hemos hablado, pero no hay manera, todas las mañanas igual.
La historia es que, como vivimos en una hermosa casita junto al mar, en primera línea de playa, ella se levanta muy temprano para, antes de ir a trabajar, correr por la playa. Lo hace a pies descalzos, sin calzado, y claro, al llegar a casa está llena de arena por lo que se arregla y viste en el baño de abajo, dice que para no despertarme, pero en realidad es para no tener que barrer sus huellas.
No puedo negar que tengo una mujer inteligente y creativa, pero esta costumbre suya de quitarse la arena de los pies en el retrete, y dejar la tapa levantada, comienza a cansarme.