«Ana de la guarda»

Los ángeles, al caer el sol, huyeron despavoridos como almas que lleva el diablo. La razón era precisamente esa, las sombras del ejército de Lucifer, los ángeles negros, se hacían dueños de la noche y atacarían, sin dudarlo, a cualquiera de ellos que se atreviera a mantener su presencia en las calles.
         Ana se despistó. Sobre ella cayeron cinco «malos espíritus» que destruyeron su dignidad. 
        Tras el sufrimiento, se recompuso y, clamando al cielo venganza, los alcanzó uno a uno. Venció. 
        Juró a las puertas del cielo y regresó a La Tierra. Aquello no le  ocurría a nadie mientras ella fuera su Ángel de la Guarda.

«Uno con siglas»

Esta mañana, durante el descanso para el café, una compañera recibió un sms, lo que nos dio pie para comentar la cantidad de siglas que utilizamos en nuestro hablar cotidiano. A modo de ejemplo:
            Durante estos días, los centros educativos estamos presentando nuestra PGA que, junto al PE, en el que ahora está incluido el NOF, es uno de los documentos de referencia de la organización de los CEIPs, promovidos desde la CCP, aprobados y evaluados por el CE; en fin, un rollo.
            Recuerdo cuando niño, uno de mis maestros nos hacía aprender el significado de ADN o DNA ─si pensamos en inglés─. Después llegó el DNI que te hace falta para presentarlo en AENA, o en AEAT o simplemente para hacer una gestión en la ACB, AVB o para coger el AVE.
Menos mal que desde que tengo mi HTC puedo conectarme al mundo desde cualquier país de la UE, ya que posee su propia DNS con lo que, con un promedio de cien Mbps y cinco Mp de resolución, puedo incluso estudiar MBA en la ULL  o en la ULPGC al tratarse del último grito en UMTS que incluye GPS.
Otro día hablaremos del DVD, la RAE, RENFE, los RD, la NASA…

«Truco o trato»

El timbre de casa acaba de sonar. ¡Abrase visto! ¡Se han atrevido! Pero en esta ocasión, no me van a coger despistado. Lo tengo todo listo, no en vano me he gastado una pasta en mi disfraz de vampiro, los dientes postizos, la pintura y la sangre.
El año pasado, poco acostumbrado y bastante reacio a esta nueva «tradición», no tenía nada preparado y claro, como resulta que vivo en un sitio con muchos niños y niñas alrededor, me pillaron sin nada con lo que poder comprar su benevolencia así que me llenaron la puerta, y a mi mismo, con esa especie de spray que dispara una tela de araña pegajosa.
Pero este año los voy a sorprender. Ya tengo puesto los ropajes, así que me calzo los grandes dientes. En la mano izquierda tengo un guante con cuchillas. La derecha lleva otro con grandes heridas, chorreantes de sangre, que dejan ver los huesos y los tendones, ¡asqueroso!
El timbre vuelve a sonar. Suerte que por fuera he conectado el altavoz que empieza a emitir música siniestra, aullidos, lamentos, quejas, llantos, gritos y alaridos. Me acerco a la puerta. Cojo los botes, de esos mismos sprays con los que fui castigado el año pasado y me preparo para atacarles nada más abrir la puerta.
Uno, dos y tres. Abro. Grito. Disparo.
─Muy gracioso ─dice una voz varonil al otro lado del pegajoso elemento.
¡Ups! ─se me acaba de cortar hasta la leche materna.
─Sí. Perdone es que yo pensé que…
─Mejor no diga nada y retire el vehículo que molesta ─dice el Guardia civil a la vez que intenta zafarse de todo aquello, mientras su compañera me mira arrevesada a la vez que intenta no descojonarse de risa. 

«31 de octubre: Halloween»

Cuentan que la noche oscura se acerca. Desde las profundidades de los infiernos, las más terribles criaturas se preparan para visitar las casas de sus antiguos amigos y familiares para atormentarles y originar horribles pesadillas.
            La tradición ha viajado desde los antiguos celtas hasta nuestros días, invadiendo nuestras propias costumbres y creando propulsores y detractores. La cosa está ahí, latente, a la espera de que el día treinta y uno, estalle en todo su esplendor y casi en todo el mundo ─¿efecto de la globalización?
            Las tiendas hacen su agosto ─otro de ellos─. Las discotecas, bares y pubs, preparan grandes fiestas con las que atraer a los más fiesteros. Los niños y niñas preparan disfraces, caretas, petardos…
El vecindario empieza a sentirlo como suyo. Se colocan calabazas, adornos y se preparan bolsas de chuches con las que poder pactar. Mientras, los espíritus de los difuntos nos vigilan. Se acercan. Están dispuestos a todo. ¿Estás preparado/a?

«Arepa´s night»

No te quepa la menor duda de que he tenido otro movidito fin de semana, pero lo que se merece este post, sin despreciar lo demás, fue la noche del viernes.

Gran velada con amigos, “güisquitos” y auténticas arepas venezolanas (asadas no fritas). La cosa surgió como casi todo, sin pensarlo. Resulta que la, llamémosla, familia “Orillarse” ─gran expresión de esas tierras descubierta a última hora─ nunca había estado en casa, cosa que sí había ocurrido con la familia “Reina pepiada” ─jajaja─. Así que entre risas y fiestas se organizó la cena. Nosotros pusimos la casa, la harina de la masa, las ganas de comer y algún picoteo; los Orillarse el whisky ─fundamental y obligatorio─ y otras bebidas, y los de la Reina Pepiada, el relleno y la mano de obra ─al ser los grandes conocedores de los secretos de tan suculentas y chorreantes viandas.
La cosa empezó bien. Visita guiada a la casa y primeras rondas en la cocina. Preparación de la masa ─y segunda ronda─, creación de costra ─tercera ronda─, horneado ─cuarta─, papeo de los niños/as ─pá que se fueran a jugar con la bendita Wii para nosotros encargarnos de la quinta ronda─. Las risas, empezaron a surgir, las bromas no cesaron y hasta organizamos el viaje de esquí, Madeira, fin de año a Madrid, Isla Margarita, retoques plásticos en Caracas…, el whisky era del bueno.
Las niñas se quedaron sentadas y dormidas a eso de las 12:30 de la noche. Los chicos, a la 01:00 a.m., con los ojos llenos de chispeantes luces de colores, provocadas por los efectos especiales de la maquinita, se retiraron a sus casas felices y contentos y, los adultos, bueno los adultos… el whisky estaba bueno.

«24 de octubre: Día mundial de las Naciones Unidas»

Debemos estar unidos para acabar con ellos. Ese fue el pensamiento que tuvo Enrique y que transmitió a todos sus amigos. Su pandilla entendió lo que pretendía. Todas las  mañanas recorrían el patio del colegio para ayudar a los más pequeños: les abrían los zumos, les ayudaban con la fruta, organizaban los juegos, evitaban las peleas, intervenían en los distintos enfados…
            Por las tardes, una vez terminadas las tareas, acudían a la plaza y seguían con la misión que se habían planteado: ayudaban a las personas mayores a cruzar la calle, recogían papeles del suelo y explicaban, a quién los tiraba, que eso estaba mal…
            Una de esas tardes, Doña Juana, la señora del quiosco de las chuches, que los observaba con agrado, los llamó. Tras regalarles unos chicles, como premio, les ofreció un hermoso lazo azul para que lucieran en su brazo. A partir de ese día eran se llamarían «La Pandilla Azul».
NOTA: Si eres maestro/a, educador, padre/madre, abuelo/a… te propongo, que este lunes, trabajes algo de la ONU: un dictado, un dibujo, una asamblea… Si no lo eres siempre puedes aprender algo nuevo en:

«Extraños»

Cruzaron sus miradas al tropezarse en la puerta del bar. Con claros síntomas de enojo se separaron, enfadándose, consigo mismo, por haberse pedido disculpas.
Cada uno fue a una esquina diferente de la barra. Pidieron lo de siempre, pero no sabía igual. La presencia del otro les carcomía el interior y les infectaba el sentido del gusto. Continuaron mirándose, al principio de reojo y después con cierto descaro, manteniendo desafiantes las miradas.
Al cabo del rato volvieron a tropezar, esta vez en el cuarto de baño:
─¿Qué haces aquí?
─Nada, tomo una copa, con unos colegas del curro.
─¿Y tú?
─Lo mismo, pero no puedo dejar de mirarte.
Aquella frase enfrió la tensión. Molestos tras las continuas interrupciones de la gente, pasando por el pasillo, se dirigieron a uno de los reservados.
─Me hastía tener ganas de besarte. ¡No quiero, no puedo verte más!
─Lo sé, a mi me pasa lo mismo y te recuerdo que ese fue el motivo por el que nos divorciamos.
Tras no aguantar más, sucumbieron, pero improvisaron una solución.

«Saber vivir»

Algunos lloran mientras otros ríen. Algunos protestan mientras otros buscan soluciones. Yo, me levanto y camino. Me asomo a la vida y la observo con detenimiento. Intento buscar alguna pista que me lleve a dilucidar la solución al problema planteado. Voy de aquí para allá. Todo lo rápido o todo lo despacio que necesito. Levanto todo el polvo, hasta el escondido bajo mis propios pies, con tal de dar con la respuesta apropiada. Pateo los encerados con operaciones, dilemas, fonemas y demás artimañas de la sabiduría humana. Al final la respuesta llega y mi vida acaba. La disfruto. Me gusta ser tiza.
(Podrás ver la ilustración en: http://blogdejesusbravo.blogspot.com/)

«Boda de José Bernardo y Vanessa»

Cuentan que una noche en la que la luna estaba aburrida, se asomó a su balcón del mundo para observar lo que ocurría.
Se percató de la presencia de una pareja de amantes dispuesta a compartir, para siempre, sus vidas. Convencida de que podía ayudar, habló con el viento del noroeste para que, en forma de bruma, les entregara felicidad. Llamó a las traviesas nubes del norte para que rociaran con amor el feliz acontecimiento. La noche tomó un encanto especial.
Ya se han casado. Ella lloró, él desafino –pero con sentimiento, todos disfrutamos, reímos, bailamos, encontramos a viejos amigos que hacía tiempo no veíamos, y al final gritamos: ¡VIVAN LOS NOVIOS!
Sean felices.

«Hoy tocó pádel»

            Uno de mis buenos amigos, conocedor de que jamás había practicado este deporte, organizó una primera aproximación al mismo, desde un punto de vista lúdico y como actividad conjunta entre padres e hijos.
            Tras no pocos intentos de levantarme de la cama ─anoche tuve jarana─ Samuel y yo salimos dispuestos para nuestro nuevo reto. Vestidos para la ocasión con pantaloncito, zapatillas ─es que no es tenis lo que toca─ y camiseta de deporte ─no de propaganda, porque si lo hago mi hermana, la pija, me mata─ el humor alto ─junto con los efluvios del vino─ y las esperanzas puestas en nuestras posibilidades, llegamos a la cancha reservada al efecto.
            El juego resultó muy divertido. Pasamos un rato agradable ─dos horas al “solajero”, sudando, corriendo, esforzados por usar aquella raqueta, agachándome a coger la pelotita…en fin, todo un placer─ en compañía de los niños que parecían monos incansables de un lado a otro de la cancha. Descubrí una cualidad hasta el momento desconocida, tengo grandes facilidades para enviar la pelota a más de ocho metros de altitud y a una gran distancia ─fuera de toda cancha conocida─ por lo que igual hago una prueba de béisbol.
            Tras terminar, y decidir que aquello me gustaba y que podríamos repetirlo, sólo hubo una cosa que me preocupó: ¿te acuerdas cómo se hizo famoso este deporte en España?, yo sí, lo practicaba el Presidente Aznar así que será mejor que me afeite, no vaya a ser que se me pegue algo.