«Desde la cumbre»

Las botas que le llevaron ladera arriba son las mismas que tiene desde hace años. El aliento que le empujaba a seguir caminando era nuevo.
La cumbre se le había resistido, pero el premio valía la pena. Estaba dispuesta a enfrentarse a todo lo que se le venía encima. Sabía que no estaba sola, que contaba con el apoyo de todos los que le rodeaban y lo que era más importante, tenía su propia y poderosa fuerza interior.
Ahora, desde su posición, el mundo se rendía a sus pies. Sabía que la prudencia y la tranquilidad debían ser las características que dominaran su carácter en estos momentos tan importantes. Estaba orgullosa y llena de felicidad. Pero el camino es intrincado y lleno de peligros. Caminar, y más por estos senderos, siempre hay que hacerlo despacio, con calma, con los bastones bien apoyados y los pies pisando firmes las piedras del camino.
El camino de vuelta es largo así que recórrelo despacio. Disfruta de cada momento.

«Sueño o realidad»

Anoche soñé contigo. Entre los brazos de Morfeo sentí como tu cuerpo me rodeó con un deseoso abrazo tras mucho tiempo sin vernos.
     Recordé los momentos felices que vivimos juntos y aparté a un lado los más dolorosos recuerdos que atormentaron nuestra despedida, y de los cuales nunca llegué a desprenderme. En mis sueños hablamos y reímos durante largo rato, como lo hacíamos antaño, cuando nos fugábamos en la oscuridad de la noche para compartir y vivir nuestro secreto.
     Entre las sábanas, no siendo dueño de mis propios pensamientos, reviví lo hermoso que era ver tu cara iluminada por la sorpresa cuando acudía a verte sin previo aviso, con nuestros besos furtivos, con las miradas cómplices, las señas pactadas y secretas que nos hacíamos, o cuando el más leve roce de nuestras manos nos erizaba hasta el último poro de nuestra piel deseosa del contacto físico con el otro.
     Hoy no sé si aquello fue un sueño o realidad, pero al levantarme mis manos aún se mantenían impregnadas en el suave aroma de tu perfume tras la ahora tímida y corta despedida -tan distante de aquellas- y un único deseo me invadió, volver a repetirlo.

«Botella, edredón y reloj»

La cama de la bella Aysha se había enfriado. El feísimo edredón rojo, con flores estampadas, no calentaba como lo había hecho apenas hacía unas horas. Me encontraba  solo.
            Tras estirar mi adormilado cuerpo  miré el reloj y comprendí que, la mujer que hacía unas horas me había amado, se había marchado para siempre. Una botella de Whisky ahogaría mi pena. 

«La huída»

─Y no intentes escabullirte, que no va a servirte de nada ─dijo mientras intentaba retenerla con todas sus fuerzas.
            Ella continuó su huida calle abajo. Mientras esquivaba los pequeños baches y las piedras que se encontraba, sentía como aquellas palabras le retumbaban en su ser tal y como lo hace el eco a lo largo de las montañas. Tenía la necesidad de salir de allí, no podía esperar más.
            A la vuelta del primer recodo encontró una pequeña rendija por la que podía escapar y dejar de oír aquella letanía. Fue fácil, apenas le costó. Es lo que tiene ser agua en acequia vieja.

«No te mosquees»

Cosas increíbles nos suceden a todos, pero parece que cuando nos las cuentan cobran una especial relevancia. En la noche de ayer me entere de que a un compañero, de una de mis actividades extraescolares, le sucedió algo, para mi, del todo inusitado y merecedor de ser contado, espero que al susodicho no le de «mosca» que lo cuente.
Pues resulta que andaba el buen hombre en sus labores diarias cuando sintió un malestar en el ojo ─no sé en cual, y supongo que ahora no importa─ por lo que pensó que se le había metido algún «cisco».
Incomodo, como no puede ser de otra manera, al llegar a su casa decidió ir al baño, por aquello de mirarse al espejo para lavárselo con abundante agua ─que siempre es una buena recomendación─ y aquí fue cuando llego la sorpresa, por no decir susto.
Con el ojete a la funerala y el otro medio acojonado pudo ver como pequeños seres, unos siete según su propia crónica, nadaban tranquila y divertidamente en su cada vez más inflamado óculo.
Con el justo atropello emocional, y el consiguiente ataque de ansiedad, acudió al servicio de urgencias más cercano, desde el que fue derivado, ya con el ojo inflado como un globo cargado de gases, a una oftalmóloga competente para que solucionara la cosa.
El diagnóstico fue claro: una mosca había parido en su blanca esclerótica. Con sumo cuidado, e imagino que gran destreza, la galena fue cazando uno a uno a los miembros de tan asquerosa y pequeña camada.
Nuestro compañero ya se encuentra bien. Su ojo vuelve a ser suyo y los despiadados de sus amigos nos hemos cebado con su mal todo lo que hemos podido, incluido algún chistecillo sobre sus tendencias zoofílicas. 
También sabemos que la expresión «no te mosquees», ha tomado especial relevancia en su vida, sobre todo ahora, que pudo llegar a ser padre de septillizos.

«Artilugios en 3D»

Desde que tengo uso de razón, el mejor significado que he encontrado para  las iniciales 3D es: tocado/hundido o unas gafitas de cartón, con una lente de papel azul y la otra roja, con las que vacilábamos. Ahora, con el paso del tiempo y el avance de la informática se persigue la mejora de esta tecnología a tutiplén en cine, consolas, juguetes…
            Ayer tarde, por aquello de patear las rebajas, estuve echándole el ojo, sin ninguna intención más que la de curiosear, a un nuevo televisor que asegura una verdadera imagen en 3D.
Pues bien, según formulan en su anuncio publicitario, aseguran que el poseedor de tremendo artilugio podrá disfrutar de la más cercana realidad, de sensaciones casi verdaderas, de la posibilidad de «tocar» a los protagonistas y sentir, en primera persona, lo que ellos sufren en la pantalla, «salpicarse de acción»… Como no tengan cuidado terminarán inventando el teatro.

«La noche especial»

Ya vienen los de Oriente. Dicen que en una noche clara, si miras hacia nuestras montañas, descubrirás las tenues luces de sus linternas y antorchas, así como las peculiares sombras de sus monturas. Cargados de regalos, ilusiones y sorpresas sus majestades caminan seguros, rumbo a nuestros hogares, para cumplir, un año más, la hermosa y mágica tradición de esta noche.
En mi familia mi madre se ha encargado, desde siempre, de que hoy sea especial. Juntos veremos la cabalgata, nos iremos a cenar y juntos dormiremos en su casa, para que las primeras luces del amanecer despierten a los niños, y ellos al resto, con una sonrisa de oreja a oreja y los nervios, de todos, apoderándose de nuestros adormilados cuerpos para abrir, entre temblores y risas los paquetes. Después llegará el desayuno, uno de mis momentos favoritos. Diez personas luchando por el pan, la mantequilla, el roscón…
¡Felices reyes!

«Nieve en casa»

Termina diciembre, termina el año y aquí seguimos yendo a la playa. Para aquellas amistades que viven fueran de nuestras fronteras, esto de estar a veinte grados en el mes que estamos es todo un privilegio, estoy de acuerdo. De todas formas, Aunque te parezca extraño, y con el permiso pertinente del termómetro, en casa tenemos nieve.
            Blanca sí, pero lejos de lo que puedas pensar es cálida, como la sonrisa de mis hijos al mirarla, tocarla o jugar con ella. No moja, pero a veces empapa el suelo y la mayor parte del tiempo cala en nuestros cuerpos con su suave tacto, sus ojos y su rebosante vitalidad.
            Dirás que ya perdí el poco juicio que me quedaba, pero solo quería que supieras que en casa tenemos una nueva habitante. Como he dicho desde el principio se llama Nieve y es una preciosa perrita labradora de mes y medio.

«Triste Navidad»

Su historia de esta Navidad  no es de alegría y felicidad.
Hace apenas unos meses que se separó y el mundo aún se le cae encima. Por esas cosas de los divorcios, los niños pasaran la semana en casa de su ex. Algunos amigos ─que para eso están─ le ofrecieron pasar la velada en su casa, incluso alguno le invitó a ir de viaje, pero no le apetecía nada. Prefería quedarse en casa abrazando su tristeza y soledad.
            El plan de esta noche es sencillo. Pondrá una peli y para cenar preparará un buen plato de papas con huevo frito, un par de copas de vino y, de postre, unas truchas de batata. Será una noche normal.
            Lo que no sabe es que la magia de la Navidad está pululando a su alrededor. Con la llegada del nuevo año encontrará lo que siempre ha buscado, la felicidad eterna.
            ¡Feliz Navidad! 

«Mamá, me das un ‘taper’»

Yo soy de esos que, cada vez que tiene una oportunidad, no desprecio un ‘taper de casa de mamá. Este fin de semana, aunque conocía lo que en principio parecía ser una leyenda urbana, descubrimos que era cierto y cómo el concepto de llevarse un ‘taper’ de casa, puede llegar a límites insospechados y muy curiosos.
            Montaña Guajara, con sus 2.718 metros de altitud es el segundo pico más alto de las Cañadas. Su primera apariencia, de pared vertical y dura, se suaviza poco a poco a medida que asciendes por un sendero a priori invisible a la vista pero que se deja descubrir y recorrer sin muchas complicaciones.
            Llegar a la cumbre es una sensación siempre pletórica y más si esperas descubrir el secreto que aguarda oculto bajo una piedra. Desde hace años, dentro del goro ─círculo de piedra en canario─ que nos protege del viento, se esconde una libreta en la que todos los caminantes, que por aquellos lares paramos, podemos escribir lo que se nos ocurra. El diecisiete de este mes me llevé la sorpresa de que la famosa libreta ya son tres ─la última a punto de acabarse─ y que se encuentran protegidas en el interior de un ‘taper, de los de mamá. ¡Genial idea!
            Por supuesto escribimos nuestros deseos y se los dedicamos a nuestra «Sister Churri» para que «la fuerza le acompañe» en su nuevo caminar.
Si algún día subes, no olvides deleitarte, no solo con el paisaje sino con las letras que tantos otros han dejado allí para siempre.