«COMIENZO DE CURSO»

Hoy costó mucho despertar a Pablito. Los que saben de esto aconsejan recuperar las rutinas y horarios poco a poco, antes del comienzo del curso escolar, y así, con la suficiente antelación, cuando llega el día todo es mucho más fácil volver a coger el ritmo.
—Arriba cariño, despierta —le dijo la madre mientras le abría las cortinas para permitir que  la luz entrara de golpe inundándolo todo. Él, tapándose con la almohada, se revolvía en contra de la voluntad de su dedicada madre.
—Venga anda —volvió a indicarle con cariño— que se te hace tarde. 
Ella se sentó a los pies de la cama y acariciándole la pierna que se encontraba por fuera de la sábana continuó la conversación. 
—Te he preparado un bocata para media mañana, y en la mochila ya te he metido el Ipad, el estuche y ese gran cartapacio con tanto papelote que anoche dejaste tirados en la mesa del comedor.
—¡Pero mamá! —continuó el protestando—, que no, que…
—¡Que no! ni que niño muerto —dijo ahora cambiando el tono de voz a otro algo más duro e inquisitivo—, ¡levántate ya!, que se te enfría el café con leche y las tostadas y…
Pablito tuvo que incorporarse para así poder interrumpir la perorata de su madre
—¡Mamá!, soy profe de secundaria este curso tengo turno de tarde.
—¡Ay cariño! es verdad. Me lo habías dicho. Pero te miro y sigo viendo al menudo que había que levantar para ir al cole. Y ya que estás despierto porque no…

Gracias por leerme y FELIZ CURSO ESCOLAR.

«Mucho ruido, pocas nueces»

El
verano terminó así que toca volver al tajo. Hay a quien, en esto de
las redes sociales y la escritura, le gusta hacerlo por todo lo alto,
con mucho ruido, regalando ejemplares, organizando concursos,
intentando impulsar su imagen… Yo prefiero comenzar más
tranquilamente, así que poco a poco iré desvelando las nuevas ideas
y concluyendo los viejos proyectos. Recuerda que en este post,
escrito a la vuelta de las Navidades, te anunciaba que esperaba
sacarme, a lo largo de este año, una vieja espina clavada. Pues la
cosa marcha, ya queda muy poquito para poder compartirlo.
Como
resumen del verano, sin duda, hubo un momento en estas vacaciones que
lo han marcado de manera notable en el que, y en contra de cómo
empezaba el presente, sí que hice mucho ruido, o más bien lo
hicieron ustedes en las redes sociales al enterarse de mi salto en
parapente. ¡Qué espectacular!, ¡que experiencia más increíble!
Ella sola se merecerá un post, como también se lo merece el viaje a
Fuerteventura –recordatorio de una historia pasada-; o la clase de
surf –inicio de un deseo pendiente-; o los pequeños hechos y
grandes sentimientos vividos, que hacen despertar mi imaginación
para empezar a unir palabras –primeros borradores de posibles
textos-…

Mi
cabeza vuelve a activarse, esta esquina vuelve a tener gente paseando
por ella, así que espero tenerte como compañía, que te pares para
saludarme, para intercambiar un comentario y que me ayudes a
conseguir esas pocas nueces que tanto ruido hacen. 
Gracias por
leerme.

«La habitación 404»

El mensaje que
le envió fue corto e intrigante.

—Imagina por un
momento que estoy en la habitación 404. ¿Vendrías ahora que ellas duermen la
siesta?
Nada más leerlo
su cuerpo se perturbó. Ella había ido con sus amigas a pasar un fin de semana
de sol, piscina y chicas. Su marido se había quedado en casa con sus hijos y su
amante, en teoría, estaba de Rodríguez. «¿De verdad que estaba en aquel hotel?».
No se lo pensó.
Las chicas
dormían en la cama balinesa que habían reservado. Con cuidado, para no hacer
ruido, se enredó en su pareo, intentando tapar el temblor de sus piernas y la
excitación que marcaban sus erizados pezones. Se dirigió directamente a la 404.
No le hizo falta
tocar. Nada más llegar la puerta se abrió, como si su ocupante estuviera
esperándola tras la mirilla.
—¡Estás loco!
¡Qué haces aquí?! — le recriminó nada más cerrar la puerta tras ella. Él no
contestó. Se acercó con decisión, la atrajo contra su cuerpo y la besó con
absoluta devoción. 
Ella se rindió a lo inevitable durante más de una hora, hasta
que sus amigas llamaron una y otra vez a su teléfono al no saber dónde estaba.

Gracias por
leerme.

«Hacia la otra vida»

La vieja mecedora que tengo en el porche de casa, es como una máquina del tiempo. Me balanceo en ella, mientras disfruto de la lectura, unas caladas a la pipa, una agradable bebida, y me traslada a otra existencia. Hoy la tarde está fresca y da gusto estar aquí.
Mi vida pasa ante mí de manera fugaz, como imágenes de resumen de una película que pondrán en breve en la televisión: trabajo fijo, un matrimonio, dos hijos, tres nietos…, toda una vida.
En mi balanceo noto como mis ojos se van cerrando. Mi cuerpo se afloja, se relaja. Me duermo.
En el duermevela inicial veo pasar al vecino, que se despide con la mano. Se va de viaje por Asia. Solo. Él y su mochila. 
Mis párpados caen, el balanceo se detiene. Mi máquina del tiempo me dice que ha llegado la hora. Ya sé cómo viviré mi próxima vida.

Gracias por leerme.

«Mensaje de amor»

Hace diez minutos que te has conectado y no me has escrito. Imagino que no has sabido qué decirme. Así que me he armado de valor y he decidido hablar de mis emociones.

Quería que supieras que llevo toda la tarde esperando un mensaje tuyo, una tontería, un emoticono, una broma, una luz. Saber que ya no te tengo, como te tenía hasta ayer, me tiene roto. 

Quiero recibir un mensaje para sentirte a mi lado, saber que puedo mandarte una bobería o un piropo o un deseo de besarte. Ahora no sé qué hacer.

Miro tu foto y todo me late. Siento tus ojos clavados en mi deseando corresponderme y la fuerza de tu preciosa personalidad aguantando tu honra y la mía. 

No me gusta que hayamos vuelto a fase 0. Quiero que me escribas, que me llames, que juegues conmigo, que me seduzcas. ¡QUIERO MÁS! Quiero volver a nuestro mirador y cumplir el sueño de tenerte.

Así no me gusta soñarte, pero lo haré, no queda otra. Una noche más, pero ahora sin esperanza de hacerlo real. Ojalá me acompañaras en esta locura. ¡Muero por un beso!

Gracias por leerme.

«Con el cambio de luz»

La noche se
presenta oscura y callada. Una llamada inesperada hace que Raúl deje a un lado
el plan que se había marcado, en el sofá de su salón, para acudir a una pequeña
reunión de viejos compañeros.
Tras los saludos, besos, abrazos y
alegrías por el reencuentro, con la primera cerveza llegan las risas, con la
segunda las bromas y las simpáticas anécdotas de tiempos pasados, con la
tercera una cena que, a modo de picoteo, facilita las chanzas entre unos y
otros.

Con la despedida, y la promesa de no
tardar en volver a reunirse, Raúl se queda a solas con Carmen. Mientras se acompañan
al coche continúan las risas y con ellas un primer beso robado y sorprendente,
que abre la puerta a un festival de fuegos artificiales, en forma de abrazos,
miradas y alguna que otra mordida de labios. Ahora la noche está llena de luz.
Gracias por leerme.

«Verde que te quiero verde»

El verde, además de ser el color de la esperanza, también es el usado para hablar mal de alguien o poner a parir al prójimo. Nos ponemos verdes de envidia o de enfado. A muchos nos pone verde que los políticos sigan verdes en sus posiciones y mantengan  su inmovilismo, demostrando su propio fracaso en hacer política, a la vez que los ponemos verdes por hacerlo. Muy verdes nos quedamos tras la eliminación de la selección española de fútbol…
Pero de lo que realmente quería hablar es de los nuevos batidos verdes. Resulta que se ha puesto de moda, al menos en mi casa, tomar «green smoothies» ―palabrejas extranjeras que ponen verde a los expertos lingüistas—, que no es otra cosa que un zumo o batido, de los de toda la vida, pero mezclando tres tipos de ingredientes: Una verdura, una fruta y un superalimento (cúrcuma, jengibre, moringa…).
Esta claro que es una fantástica manera de tomar vitaminas, minerales y proteínas con las que ayudar a nuestro cuerpo a estar activo y saludable. Ya lo decía Popeye con sus famosas espinacas. Así que ahora, de media mañana o de merienda un zumo de estos y no veas, cuando voy al baño «a dar del cuerpo» —expresión muy canaria que se estudia hasta en medicina— ya no me quedo verde, pero sí que me acuerdo de unos cuantos que ya nombré antes.
Gracias por leerme.

«Un deseo por San Juan»

Siguiendo la tradición hoy, noche de San Juan, se debería lanzar a la hoguera todo lo malo para atraer todo lo bueno. Él, de nombre Juan, sabía que esto era así, conocía la tradición, y sabía que si quería superar el tiempo de desasosiego e incertidumbre personal en el que estaba viviendo, tarde o temprano tendría que alimentar esa hoguera.
Se reunió con su grupo de amigos en la playa, tal y como días atrás habían quedado. Todo estaba listo: el picoteo, las bebidas, el hueco en la arena, unas pequeñas maderas, las velas…, incluso alguna de las participantes había preparado unos pequeños papelitos, y cargado con lápices suficientes, para que  cada uno apuntara ese peso negativo del que quería desprenderse en la mágica noche.
Juan escribió su descarga. Lanzó el mensaje al fuego y siguió con su mirada como el rojo espíritu devoraba aquellos malos sentimientos, hasta hace un momento convertidos en letras, para izarlos al cielo transformados en humo y ceniza, que se levantaban por efecto de la leve brisa reinante.

Lamentó no notar el cambio en el peso que cargaba sobre sus hombros, pero la primera nota de la música que comenzó a sonar le hizo darse cuenta de que la echaba de menos y que, a este paso, nunca podría alcanzarla. El fuego hizo su efecto, el tiempo haría el resto.
Gracias por leerme.

«Contando días de vacaciones»

Cuando uno ejerce de maestro, las vacaciones son las que son y vienen cuando vienen. 
Hay una confusión en cuanto a este tema que está muy extendida entre los viandantes. Para aclarar las cosas decir que en verano no tenemos tres meses. Cierto es que el alumnado de Educación Infantil y Primaria empieza sus vacaciones en torno al 20 o 21 de junio y se reincorporan a los centros sobre el 8 de septiembre, pero no así sus maestras y maestros, que terminan más tarde y retoman la actividad el 1 de septiembre. Son dos meses en verano (aunque esto dependerá de sí eres o no miembro del equipo directivo, de si tienes terminada  toda la documentación, el aula recogida… En todo caso, hasta el momento, durante el mes de julio estamos a disposición de la Consejeria, por lo que, si no te llaman para nada, tienen dos meses.
Sé que te has fijado en que he dicho tienen. Yo ya no las tengo. Es lo que tiene ser maestro y no estar ejerciendo como tal, sino dedicado a labores de engranaje, mantenimiento, remendado… dentro de la compleja maquinaria que hace caminar nuestro sistema educativo.
En estos días me encuentro delante del calendario contando y colocando mis días de vacaciones, los de asuntos propios, los de compensación…; hago recuento y distribuyo de manera concienzuda —¡que gran palabra!—, con la esperanza de poder coger casi todo agosto -para poder disfrutar con la familia-, una semana para octubre o noviembre —por aquello de que es temporada baja y ahora sí que puedo elegir cuándo viajar— y todas las navidades —que me encantan. 
Como ves, esto de no tener las vacaciones de un maestro tiene sus inconvenientes —sobre todo en número de días— pero también sus ventajas —esa semana fuera de temporada— así que mi mente ya está tramando alguna escapada. Pero quién sabe, a lo mejor no falta mucho para volver a tener tantos días. 
¿Ya has programado tu viaje? ¿Adónde vas? ¿Te apetece contarlo?

Gracias por leerme