«El club de los relatores»


«El club de los relatores»

El correo electrónico que recibí, aquel día de principio de septiembre, era sencillo. La emoción al leerlo me hizo brincar de la emoción.

En solo unas pocas líneas me informaban de que mi relato, «El recrujir de la madera», era uno de las cíen historias escogidas, entre las seiscientos setenta y ocho presentadas, para formar parte de la antología titulada «El club de los relatores». No había ganado, pero era uno de los cien seleccionados en el V Certamen Internacional de Relato Corto La Esfera. ¡Fantástico!

Según cuentan en aquellas líneas, y citó textualmente: «Se ignora el lugar de reunión de lo que se conoce como El Club de los relatores. Tampoco cuándo, ni dónde surgió, ni quién lo dirige. Pero, sin duda, existe y tú formas parte de él. Un colectivo formado por escritores de diversos lugares del mundo que se reúnen para relatar y referir hechos con estética literaria. Cosas que no se habían contado en ningún otro momento o lugar.»

Para mi, para mi ardiente imaginación, la aventura daba comienzo y, con ella la siempre ilusionante espera de ver un texto propio publicado en un libro.

Hoy pensé en publicar en esta esquina dicha historia, puedo hacerlo ya que las bases del concurso me mantienen los derechos sobre la misma, pero creo que ha llegado el momento de jugar un poco. Al fin y al cabo es uno de los objetivos de esta esquina. 

La propuesta que te hago es sencilla. Elige una de las siguientes preguntas y, según tu deseo tendrás una respuesta.

1.-¿Quieres leer todos los relatos de «El club de los relatores? ¡Genial! Ayudarás a mucha gente. En este enlace podrás comprar un ejemplar.

2.-¿Quieres que libere mi relato, y así leerlo gratis? Pues necesito algo de ti. Para hacerlo te propongo superar las ciento cincuenta interacciones en Facebook, ¿qué te cuesta dar un Like y, ya de paso, comentar algo? 

Queda en tus manos. 

Cuando superemos los 150 comentarios, aunque solo sea un «¡venga tío, que quiero leerlo!», libero la historia. ¿Lo conseguiremos?

Quiero agradecer a LA ESFERA CULTURAL su esfuerzo y trabajo por mantenernos activados en la lectura y la escritura. Ya estoy esperando en siguiente reto, que promete ser ¿original? Ya les contaré.

Gracias por leerme.

«Con tres palabras»

«Con tres palabras»
Hay gestos o palabras que pueden cambiarlo todo.

Él pensaba que no había momento más especial que aquel. Tres gestos, tres palabras, lo cambiaron todo. 

La tenía a su lado, mirándola profundamente, deseando besarla con pasión. Ella no se lo permitía. 

La conversación era fluida, privada y cómplice siendo estos los factores que hacían que aquellos momentos fueran únicos. 

Ella dio un paso. Estiró su mano derecha para acariciar suavemente la cabeza de él. Mientras lo hacía continuó hablando. El ronroneó como un gato.

De nuevo ella tomó la iniciativa. Lo atrajo hacia su lado hasta lograr situar su boca junto a la oreja.  Sus labios susurraron anhelos, mientras la lengua húmeda le erizaba todo el vello al deslizarse por los pliegues. Él se dejó hacer. 

La mano derecha de la chica continuó empeñada en la caricia perpetua del pelo, mientras, la otra, comenzó un suave recorrido hacia la entrepierna. Ahora sí que el viaje, a lo más profundo del deseo, estaba iniciado. 

Los jadeos de ambos se entremezclaron. La excitación fue en aumento. Las manos del chico, que hasta el momento temblaban al no esperar aquella reacción, comenzaron su propia búsqueda. 

El cuerpo de ella comenzó a dejarse tocar. Las manos de él, ahora algo más firmes, encontraron el suave tacto de la seda que conformaba la ropa interior.

Ella seguía jugando con su lengua y él correspondía de igual manera. Ahora los dos cuerpos palpitaban al unísono, con espasmos que buscaban el placer.

Las manos continuaron su trabajo, soltaron botones, corchetes, eliminaron sedas y camisas… Al fin las dos bocas se encontraron y, por fin, sus lenguas pudieron explorar los cuerpos que hasta ese momento habían quedados vetados por la amenaza de la llegada del amanecer que siempre les devolvía a sus distintas realidades.

La historia estaba ahí, escrita para ella, leída para él, con el claro compromiso del respeto mutuo y de repetirla.

Cuando pudieran, y este ya es otro sueño, sería en un hotel, con cama grande y sábanas blancas y, quien sabe, quizás con algo de champán extra con el que poder engañar momentáneamente las vidas paralelas y la salida del sol.

Gracias por leerme.

«Una maravillosa caja de lápices de colores»

«Una maravillosa caja de lápices de colores»

«Una maravillosa caja de lápices de colores»

Una de las mayores ilusiones que recuerdo de cuando era niño, a la hora de empezar el colegio, era el olor a nuevo que tenían los libros de texto. Otra era la posibilidad de estrenar la caja de lápices de colores. Francamente me fascinaba ver todas aquellas puntas perfectamente ordenadas por tonalidades y tan bien afiladas que habían dejado un puntito de su color grabado en el interior de la solapa de la caja.

Los claustros de los colegios, son como esas cajas de lápices de colores. Dentro de ellos hay personas que representan toda la gama de colores y, según sean, aportan. Siempre aportan. Ahí estriba, y se esconde, la gran fuerza de un centro y su verdadero potencial.

Visto así hay que descubrir qué color es cada uno y, en su medida, darles momentos para pintar y completar a todos los demás.

Las personas que representan el rojo, son intensas, captan fácilmente la atención, provocan fuertes sinergias, por lo que también hay que moderarlas.

Aquellas que se asemejan al naranja son las que marcan, en gran medida, la creatividad y el éxito, fijando un punto de equilibrio.

Las que se identifican con el amarillo provocan positivismo y sentimientos de felicidad. Combinan muy fácilmente con los anteriores y, al ser uno de los colores primarios, sirven de puente y conexión entre unas personas y otras.

El verde es generosidad y naturaleza, frescor y armonía. Sin duda darán aliento y energías positivas al grupo.

Los que se acercan al azul son aquellas que dan estabilidad, seguridad y armonía, aspectos todos ellos importantes cuando hay tantas personas en un mismo espacio, con necesidades e inquietudes que pueden ser diferentes, aunque busquen un mismo fin.

Todas las personas que se identifican con el violeta están marcadas por un aura de sabiduría, de espiritualidad, que les ayuda a ser escuchados por los demás dando sentido y estabilidad al grupo.

Necesitamos tener personas en el color blanco, pues con ellas marcaremos el fondo de todo lo que programemos, con bondad y limpieza; al igual que las que señalan el negro como preferido, que darán elegancia y seriedad, complementando así los trabajos.

¿Qué te parece? ¿Puedes identificar a tus compañeros y compañeras de Claustro? ¿Qué color eres tú? Recuerda siempre aportas. Hazlo en positivo.

Gracias por leerme. 

«Tras la fina niebla»

«Tras la fina niebla»
Despejar su niebla es tarea de cada cual-

Los días de verano, al menos en este valle del norte, se levantan con la fina presencia de la niebla que, a modo de sábana, cubre los sueños de todos los lugareños.

El calor que desprende el suelo, la suave brisa de las montañas y el mar, hace que todo el amanecer se vea cubierto de esta delicada capa. Tras ella, a lo lejos, hay una primera luz. 

Los vecinos comienzan a desperezarse. Abren sus ventanas y dan los buenos días a estas funestas mañanas, sabedores que, en apenas un par de cortas horas, el sol calentará el aire. En ese momento el velo que cubre la visión se despejará y las luces comenzarán a desaparecer con la sensación de haber cumplido su trabajo.

Los humanos intentaran superar un día más, algunos con remordimientos, otros buscando esa luz que no llega.

Ahora toca que cada cual supere sus propias nieblas.

Gracias por leerme.

«Volver con la frente marchita»

Una esquina a la que volver
Una esquina a la que volver

No es la primera vez que recurro a una canción para anunciar mi regreso a esta esquina (aquí puedes encontrar otra de ellas). Espero volver a contar con tu compañía y, sobre todo, tus comentarios aquí o en las redes sociales que habitualmente utilizo para hacerte llegar mis escritos.

Para acompasar este regreso he elegido el que me parece el tango más bonito que he escuchado nunca y, por supuesto, de la voz del mas grande en esos cantares, Carlos Gardel (te dejo el enlace por si te apetece hacer como yo y ponerlo de fondo).

«Yo adivino el parpadeo

de las luces que a lo lejos

van marcando mi retorno.

Son las mismas que alumbraron

con sus pálidos reflejos

hondas horas de dolor»

Este regreso viene marcado por, como no, la desinfección de esta esquina. Limpiar cosas de mi cabeza y preparar otras para intentar cumplir con mi compromiso, para conmigo mismo, de publicar unas lineas cada jueves. Y en esas estamos.

«Volver con la frente marchita

las nieves del tiempo platearon mi sien

sentir que es un soplo la vida

que veinte años no es nada.

Que febril la mirada, errante en las sombras

te busca y te nombra

vivir con el alma aferrada.

A un dulce recuerdo

Que lloro otra vez»

Los días de descanso ya quedaron atrás y ahora toca recuperar la rutina, en la medida que podamos. Hacerlo a ritmo de melancólico tango me parece una buena opción y esperar, como dice la canción:

«Pero el viajero que huye

tarde o temprano detiene su andar.

Y aunque el olvido, que todo destruye

haya matado mi vieja ilusión

guardo escondida una esperanza humilde

que es toda la fortuna de mi corazón»

Esperar a contar contigo, a que me leas, a que me digas ven, a sacar del corazón esa esperanza guardada de recuperarte tras leer estas lineas.

Gracias por leerme.

«In memoriam. Carlos Ruiz Zafón»

«In memoriam. Carlos Ruiz Zafón»
En memoria de un gran escritor.

Unas pequeñas gotas caían sobre su rostro. Contempló su cara en el espejo y puedo comprobar que ya no era «El príncipe de la niebla» que en otros tiempos había sido. 

Hacía algún tiempo que se había mudado del que llamaba «El palacio de la medianoche», aquel que había sido su hogar durante tanto tiempo. Su reflejo le devolvió el misterio que las pesadas sombras le atacaban por las noches, pero también, como un pequeño reflejo en la memoria le indicó «Las luces de septiembre», las que siempre le devolvían a los brazos de su «Marina».

En aquel juego, el vaho dejó entrever «La sombra del viento», la que, sin duda, le había brindado la posibilidad de participar en «El juego del ángel», como si de «El prisionero del cielo» se tratara.

Cuando el vestigio de la humedad de la ducha empezó a desaparecer, ausente, comenzó a dibujar con su dedo, sobre la superficie del espejo, el «El laberinto de los espíritus», donde, con el ritual de la «Rosa de fuego», sin duda, podría encontrar a «El Príncipe de Parnaso», que le devolvería el poder necesario para volver a ser quién era.

Una vez terminada la ducha y desaparecidas las alucinaciones, «La mujer de vapor», como le gustaba llamarse, dejó atrás aquellas ensoñaciones, respiró profundamente y se enfundó en su traje de madre, esposa y…, para volar a ser la que se esperaba que fuera.

Gracias por leerme.

PD. Tal y como hice cuando falleció Delibes, o Eduardo Punset, o Juan Goytisolo, hoy he jugado con los títulos de las obras de CARLOS RUIZ ZAFÓN, con el que tantas horas pasé leyendo. Ahora te toca a ti leer su obra. Espero que la disfrutes como yo lo he hecho. DEP.

«Soledad a días alternos»

Un sillón puede marcar una historia.

Sin saber muy bien el motivo se quedó parado en el centro del pequeño apartamento. Su mirada apuntó al destartalado asiento. 

Desde la pequeña distancia observó y recorrió el contorno de la única silueta que lucía el sillón, la suya propia.

Aquella estaba dibujada por el desgaste de la tela, al sentarse siempre en el mismo lugar. Contemplarla así, acompañado solo del sonido sordo de las cuatro paredes, le indicaba el día en el que estaba.

Tras la separación su hijo le visitaba a días alternos. Era cuando el pequeño llenaba de risas y fiesta la casa, y su alterna vida. Hoy no era uno de esos.

El eco del tic-tac del reloj le percutía la cabeza. El silencio le martilleaba el alma. Estaba solo. Se sentía solo.

Necesitaba encontrar una persona que le cambiara la vida, con la que compartir aquel sofá. Aunque solo fuera a días alternos.

Gracias por leerme.

«Raimundo y sus zuecos mágicos»

«Raimundo y sus zuecos mágicos»
Raimundo es así, original como sus zuecos.

Hay días distintos a otros. Desde que consiguió aquellos zuecos rojos, tan mágicos —todo sea dicho de paso— Raimundo es el hombre más feliz del mundo —válgame la redundancia o la rima— y para él hay jornadas que son irrepetibles. Hoy es una de ellas, si no fuera por un pequeño detalle.

Tras el ritual del desayuno, en el que nunca falta la avena, el zumo de limón, una rama de espinacas y una cucharadita de espirulina —por aquello de darle al cuerpo un poco de alegría Macarena—, Raimundo decidió que, para tener suerte, nada mejor que cambiar su ropa interior.

Aún siendo jueves —y aviso que no le tocaba hacer muda—, consideró que era un buen momento para dejar de lado su calzoncillo blanco «Boxer clásico», con suspensorio, que tan cómodo le parece y tan bien le sienta, para cambiarlo por el otro que tiene en el cajón, ¡el tanga!, ¡el de los sábados sabadetes! Al fin y al cabo, hoy, ya pasado el cuarenta de mayo, puede pasar cualquier cosa y cuando el cuerpo pide marcha, hay que estar bien pertrechado por si…

Fue a trabajar, como era habitual, en moto. Sabía que la gente lo miraba un poco raro por aquellos zuecos rojos mágicos —Frank Cuesta ira un ejemplo a seguir y si a Cenicienta le valió un zapato de cristal…, a él bien le servían aquellos—, pero ya estaba en un momento de su vida —y de bajada— que todo le daba un poco igual. 

«¡Que se mueran los feos, que aquí estoy yo!» decía al que le miraba con extrañeza y envidia.

El destino hizo que, mientras esperaba a que cambiara el semáforo, una rubia imponente —de esas que portan dos balones de silicona en el pecho— cruzará su mirada y realizara lo que a él le pareció una insinuadora mordida de labio inferior —sabía que aquellos zuecos mágicos con el apoyo de su tanga de leopardo funcionaban—. Los nervios hicieron el resto.

Su moto se cayó al suelo derramando gasolina. Al agacharse para asir el manillar, las judías de la cena anterior, hicieron su efecto químico, justo en el preciso instante en que un señor situado demasiado cerca encendía su mechero. 

El metano, en cantidad tan importante como aquella, es considerada arma bacteriológica por lo que saltaron todas las alarmas y una fuerte llamarada prendió fuego a la mota y a «las domingas siliconadas» de la susodicha. 

Raimundo, caballero como el que más, se abalanzó sobre ella para intentar apagar el incendió, con tan mala suerte que su ropa —comprada en una tienda de segunda mano e impregnada en aromas de barbacoas y restaurantes sin ventilación— prendió de inmediato.

El estropicio continuó en la gasolinera de la esquina, a la que llegó el efecto de la combustión. 

Todo el mundo gritaba. La gente corría, pero Raimundo siempre había escuchado que, en situación de emergencia, mantener la calma es una de las mejores acciones que se pueden hacer ante tal situación de crisis. 

Salió caminando, como un caballero —tal y como lo vemos—, admirando su templanza y lamentando que, el pequeño detalle de que suponía el color de las rayas de sus blancos calcetines no pegaran con el color de sus ojos.

«En el fondo, pocos somos tan perfectos.» 

Gracias por leerme. 

«No al cierre del CIDEMAT»

CIDEMAT. Un día cualquiera. Foto hecha con mi móvil.

Hay días en los que parece que mi manera de pensar va a contracorriente, proa al viento, y, por lo tanto frenado, expectante, abarloado, con mis velas flameando y sin posibilidad de trazar un nuevo rumbo. 

Me quedo parado, sentado en mi borda, observando los catavientos y dando toques de arribada a mi timón, para ampliar el ángulo de la proa y lograr salir de esta situación. Pero hay maniobras que el viento no te deja hacer y si ese viento lo manejan otros…, peor.

Después de muchos años sin vivir la sensación alucinante que es sacar mi cuerpo por la borda, para compensar la escora del barco, por efecto del viento contra mis velas cazadas, hace algo menos de un año, volví a esa vieja afición que mamé de pequeño, quizás por tener un padre marino, y que continúe fresca en la Universidad, de salir a navegar en barco de vela ligera —si no lo recuerdas, en este enlace, te contaba uno de esos días—. Ahora parece que, de repente, y resguardados tras los despachos, se aprovecha el momento para decretar el cierre de la instalación. 

No me cabe la menor duda de que los momentos son difíciles, pero también tengo la completa seguridad de que vivimos en una isla que vive de espaldas al mar. ¿Cómo es esto posible?

Tras 30 años el CIDEMAT (Centro de Insular de Deportes Marinos de Tenerife).  cierra sus puertas según dicen por deterioro de sus instalaciones. Una vez más como ocurre con las carreteras, los montes, las piscinas o las playas de nuestra isla nuestro Cabildo nos muestra su incapacidad para gestionar, mantener y aprovechar los recursos.

Es cierto que las instalaciones están mal conservadas, pero lo están por falta de planificación. Los que asistimos vemos como, día a día, las barandillas se oxidan —efecto lógico al estar en contacto con el mar—, o que la rampa que da acceso al mar se estropea con su uso. También será muy cierto que las bases del edificio están muy deterioradas por el efecto de las olas contra ellas…. Pero para eso está la planificación. Estos fallos no es ayer para hoy. Lleva tiempo así. Son treinta años de edificación.

La instalación cuenta con casi 500m cuadrados, donde lo más importante es la rampa que posibilita el descenso de los barcos al mar, la grúa y la solana que permite envergar los barcos, así como su posterior lavado…

¿De verdad que esto hay que hacerlo así? Otra vez falta de previsión. Hablan de un nuevo proyecto, pero ya me imagino que será como el de la Piscina Municipal de Puerto de la Cruz, ¿se acuerdan? Pues sigue igual de abandonada. 

Abogo por racionalizar el cierre, por reunirse con todos los clubes y usuarios que ahora  dejan en la estacada, sin otra opción. Abogo por permitir el uso de una parte, mientras se soluciona la otra o se ofrecen alternativas. Abogo por que los responsables asuman sus responsabilidades y ofrezca an soluciones, ya que esto es por culpa de ustedes, Equipo de Gobierno del Cabildo, que son los que llevan el encargo de gestionar los recursos de la isla. 

En mi modo de pensar no cabe una isla que vive de espaldas al mar. Debería de existir un CIDEMAT en cada municipio, o, al menos, la posibilidad de usarlos; deberíamos vivir en una idea dónde los deportes náuticos, y de contacto con la naturaleza, estuvieran mimados, potenciados, pues son ellos los que dan valor a nuestra isla, a nuestro paisaje, a nuestra naturaleza ofertando no solo puestos de trabajo y posibilidades de negocio sino salud y bienestar a nuestros ciudadanos.

Pero quizás esta es solo mi forma de pensar, señal de que la sal y el viento están haciendo mella en mi cabeza. Conseguir una buena ceñida, trazar un rumbo que pueda mantener y dejar atrás las malas aguas es lo que persigue todo marino, aunque sea uno de agua dulce como yo.

Gracias por leerme.

PD. En www.change.org tienes una propuesta que puedes firmar en contra de este cierre. Compartir esta publicación, si estás de acuerdo, quizás también ayude.